Crisis institucional en Venezuela
Domingo 24 de Febrero de 2019

Carta abierta al Presidente Macri para que recule en Venezuela

Este lunes está previsto que se produzca una reunión de emergencia del Grupo de Lima que solicitó Guaidó y participará el vicepresidente de Estados Unidos.

Señor Presidente Mauricio Macri: por la presente le solicitamos, como argentinos, que dé un paso atrás en la arremetida internacional contra el gobierno de Nicolás Maduro Moros en Venezuela, y lo haga en la seguridad de que lo cortés no quita lo valiente. No pensemos en los bronces de mañana, pensemos en la sangre de hoy, que lo demás es cuento.

Los seguidores de Maduro Moros podrían exponer días enteros con razones, y los opositores que están con Juan Guaidó Márquez también: días enteros. Pero esa vía ha sido explorada ya sin resultados, esta no es hora de pretendidas razones que choquen sino de actitudes que preserven la vida, hora de arraigar, de ir por las raíces que no se rinden así nomás y, en lo profundo, son las mismas.


Los cancilleres del grupo de Lima escucharán razones este lunes, razones de una de las partes. No es por la vía de la razón y las leyes que honraremos la vida de nuestras hermanas y nuestros hermanos venezolanos. No es sólo por esa vía que cuidaremos la soberanía del pueblo ni esa hermandad histórica. No: las dos partes en lucha allí tienen de qué agarrarse, y sabemos que cuando se avecina la violencia extrema, los bandos en pugna ya han apilado argumentos para repartir, en sus góndolas de argumentos.



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No, no es la razón, no son las leyes que todos han infringido de algún modo: si nos obstinamos en ese camino vamos enfilados a la muerte. Aquí tenemos milenarias tradiciones de hermandad para poner en práctica, y condiciones extras para la mirada larga que cultivamos en 500 años de resistencia y más de un atropello en que nuestro Estado fue victimario.


Presidente Macri: no ignore la virtud de recular. Las cosas están planteadas hoy para darnos mártires, y esos mártires serán inocentes, serán niños, serán madres. Serán nuestros hijos, Presidente, porque venezolanos y argentinos somos hermanos hasta el tuétano. Vamos derecho a una masacre, todas las luces rojas fueron encendidas ya, no hay margen, y si hay razones de peso en un lado, también las hay del otro. No pocos venezolanos, hartos de tropelías, se muestran permeables a una "ayuda" externa como una madre iría aquí por la pena capital si tocaran a su hijo. Hoy se impone recular. Ya tendrán tiempo, de cada lado, para analizar fortalezas y debilidades, aciertos y errores.


Si nos aferramos a criterios occidentales, si medimos quién tiene el arma más larga, sea ganando como perdiendo sólo mostraremos la envergadura de nuestra imbecilidad. Hay otros caminos, Presidente Macri. Y no se lo estamos diciendo porque lo consideremos a usted en el centro; aquí el gobierno argentino juega desde la periferia con otro centenar de gobiernos de todo el mundo, está claro. Pero la Argentina puede dar un plus, y por eso nos dirigimos a usted, para que considere ese adicional que nos da nuestra tristísima experiencia.


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Vea que por seguir caminos equivocados, el poder porteño en su momento fogoneó la Triple Alianza que aniquiló a los hermanos del Paraguay. Primero nos metimos contra Uruguay, luego contra Paraguay, y perdimos todos. En este 2019 conmemoramos 150 años de la batalla de Acosta Ñu, en la que los grandotes degollaban mujeres y niños, ya en el colmo de las atrocidades de la guerra. Un "prócer" argentino diría entonces: "era preciso purgar la tierra de toda esa excrecencia humana: raza perdida de cuyo contagio hay que librarse". Pero es hora ya de curarnos de ese y otros racismos.


Nosotros fuimos empujados allí por intereses ajenos. Los entrerrianos, como otros provincianos, nos resistimos en los desbandes de Basualdo y Toledo, y nuestros pensadores fueron llamados entonces, en forma peyorativa, "yerbócratas" y "paraguayistas", por defender la hermandad con el Paraguay. Cuánta razón teníamos los yerbócratas, cuánta sangre de inocentes se hubiera ahorrado, con algún general corajudo para dar un paso atrás.


Hoy le escribimos desde esa vergüenza de la Triple Alianza al servicio del imperio inglés. Y le escribimos desde la experiencia reciente de poderosos como el mismo expresidente de los Estados Unidos, Barack Obama, que hoy mismo lamenta la invasión a Libia. Ni hablar de las mentiras del imperio, expresadas bien en las "armas de destrucción masiva" que le adjudicaron a los iraquíes. Así podríamos seguir, con similares alertas contra la violencia estéril, interesada.


Recule, señor Presidente, y será un gesto valiente que sus actuales adversarios en el gobierno de Maduro Moros sabrán comprender. Hay caminos de paz, los hay, y no están muy a la vista porque la paz no les conviene a los poderosos que le venden armas al mundo.


En el litoral le llamamos rueda de mate al diálogo sincero, en presencia del espíritu de nuestros antepasados que nos llama a lo auténtico, a la palabra. Los hermanos mapuche dicen coyang al parlamento con sus rituales para asegurar el cumplimiento de la palabra. Con nuestros pueblos antiguos y vigentes sabemos que, para superar un conflicto de esta magnitud, todos tenemos que ganar: si uno gana y el otro pierde, todos perdemos.


Vayamos al consenso, señor Presidente. Consenso, consenso. Está ahí, sólo hay que limpiar las cáscaras. No compremos las cuentitas de colores y espejitos de aquellos que le abren la puerta a la guerra y sus negocios. Ya los conocimos cuando nos plantamos para masacrarnos, hace poco, con los hermanos chilenos.



Demoremos un rato las soluciones, dejemos que las energías se expresen, olvidemos por un instante nuestros orgullos sectoriales, nuestras razones que parecen indestructibles y no lo son. Veamos la virtud de retroceder un paso para no ahogar al otro. La estrategia de ahogar al otro puede dar resultado en lo inmediato, quién sabe, pero tan al borde de un baño de sangre que conviene tomar aliento, contar hasta diez, hasta mil. Recular tiene sus riesgos, pero el atropello los multiplica.



No estamos subestimando la complejidad del asunto, nada de eso, cuando más de un general ya traza su poemita en el mapa, más de un petrolero huele en el aire y manda cargar barrenas, y más de un macho desenvaina. Los hermanos del sur andamos hoy como la vaca Mariposa, que presiente la suerte del becerrito y no sabe qué hacer. Qué daríamos por salir del entuerto y volver a cantar con Simón Díaz; por ser los arroyitos que lleven flores por el amanecer, flores de vida; por recuperar esa malla que tejieron por siglos las comunidades, no el Estado, y menos el capital. Sin embargo, un aviso de sismo nos sacude desde Venezuela y nos agarra sin respuestas. De ahí esta carta por la virtud de recular; que distender no es huir, es aflojar nomás para que entre aire. La primera victoria del colonialismo es el derramamiento de sangre entre hermanos.


Si usted encabezara una movida por la rueda de mate, por el coyang, entraría en otros riesgos, es cierto: cualquiera que se juegue recibirá más recriminaciones que aplausos. Pero calibre la dignidad que ganaríamos. Si la encabezara, podría hacerlo considerando un diálogo de otra dimensión, en presencia de nuestros saberes milenarios, nuestra historia de hermandad, nuestras luchas, nuestras mujeres y hombres que por tantos años, en todo el continente, bregaron por la independencia, la autonomía de los pueblos, la libertad, y en presencia de la biodiversidad que nos contiene.


Camine usted un día, dos días, camine con su adversario de ocasión y advertirá la suma de intereses ajenos que nos está empujando al desastre, a la vez que advertirá el espacio de intersección, de confluencia, que estamos malgastando.


Claro que hace unos años hubiéramos hablado en otros términos. Tanto del lado de Nicolás Maduro como del lado de Juan Guaidó, pero esta carta es para hoy, es para las energías concentradas al borde del abismo.


El conflicto venezolano está salpimentado desde otros puntos del planeta. No queremos abundar en esto porque así volveremos a razonamientos y reproches que resultan inconducentes en esta hora. Pero en caso de que fuera en verdad un conflicto interno y hubiera errores graves sólo del lado del gobierno de Maduro, ¿el mundo debe sancionar esos errores con un baño de sangre?


Señor Presidente Macri: nuestro enemigo nos tiene ocupados 5 millones de kilómetros cuadrados en el Atlántico Sur. Los enemigos nuestros son corresponsables (con usted y sus antecesores) de un endeudamiento fraudulento por más de 300 mil millones de dólares, que nos convierte en siervos. Los bolivarianos, en cambio, son todos ellos nuestros hermanos en la resistencia al colonialismo. Tenemos una historia común y un destino común por la emancipación, no derrochemos en orgullos el pequeñísimo espacio que nos queda para avivar la paz y la hermandad. Jamás se considerará el gesto de un paso atrás como una cobardía, y si alguien lo creyera así, allá él con su violencia.


Vea, Presidente, que parece escaso o nulo el margen en tiempo y en espacio, pero si se detiene en nuestros corazones advertirá que están abiertos a la rueda de mate, al coyang, a la armonía, a la paz. Tómese un rato más; en todas partes hay argumentos atendibles. Los sectores de poder que atropellan jamás serán aliados suyos como persona, ni de nadie, porque responden a criterios de otra dimensión, sinónimos de usura internacional, misiles, despotismo. Y vea que, si para el pensamiento occidental una serena rueda de mate es una puerilidad, desde otra cosmovisión la puerilidad está en los gobiernos que se suceden y no pueden erradicar la matanza en ruta a razón de 8.000 argentinos por año, mayoría jóvenes. En verdad, lo que mata es el apuro.


Señor Presidente: el que recula un tranco le puede estar dando la razón a la vida. Es insospechado el mundo que se abre, el mundo de paz y entendimiento, si cada una de las partes baja el copete, pero hay que empezar por casa, hay que ponerle el cuero al recule. No le estamos pidiendo sólo una gestión política, de esas que pueden provocar reacciones adversas, sino un acto de contrición, de íntima conciencia, desde esos desgarros que marcan los momentos más críticos de una vida humana y una comunidad, en los que uno consulta con su alma, le pregunta al paisaje, al viento que nos llega a todos, de cuyas respuestas derivarán sin dudas medidas criteriosas. Lo que los religiosos y los militares calientes no han sabido, podría lograrlo un civil más austral, y esa luz, ese resplandor, no sabemos dónde alumbrará pero debemos estar atentos: puede aflorar en nosotros, cómo no.



En este tipo de conflictos vemos una exacerbación del pedido de justicia, de una justicia hermana de la venganza, cuando aquí deben primar la paz y la armonía. Un solo niño vivo vale mil veces más que todos los orgullos y escarmientos juntos. Poco ganaremos hurgando en las llagas, señalando con el índice como si en verdad nos creyéramos con alguna autoridad.


No ignoramos los padecimientos de muchos. No ignoramos los riesgos. Precisamente por eso estamos convencidos de que un paso atrás será una invitación a la serenidad, para una salida por consenso.


Por la independencia, por la armonía del ser humano en la naturaleza, por el vivir bien y buen convivir, por un tiempo sin acechanzas para la vaca Mariposa.


No vemos la hora, señor Presidente, de cantar y danzar juntos, argentinos y venezolanos, para celebrar la paz, y para ofrecernos esa antigua y muy vigente tradición guaraní de tender las manos abiertas mutuamente. Animémonos a dar, y veamos qué sale.


Ahora, ¿por qué los que en su momento apreciamos determinaciones de Hugo Chávez le escribimos a usted, un presidente dócil al sistema? Para escucharnos, para hacer de eso una gimnasia, y porque respetamos su derecho a conocer qué estamos pensando.

Gracias.


Daniel Tirso Fiorotto

Miembro de la Junta Abya yala por los Pueblos Libres

Paraná, 24 de febrero de 2019.

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