El Parlamento del estado australiano de Nueva Gales del Sur aprobó una ley que permitirá transformar restos humanos en compost mediante un proceso de descomposición controlada, como alternativa a los entierros y las cremaciones tradicionales. La práctica, conocida como terramación o reducción orgánica natural, busca reducir el impacto ambiental de los servicios funerarios y ofrecer nuevas opciones para la disposición de los cuerpos.
Australia aprobó una ley que permite convertir restos humanos en compost
Australia autorizó una alternativa al entierro y la cremación que transforma cuerpos en abono para árboles y jardines mediante un proceso natural.
Australia aprobó una ley que permite convertir restos humanos en compost.
La iniciativa fue presentada por Alex Greenwich, diputado independiente por Sídney, y recibió la aprobación de la Cámara alta después de haber obtenido el respaldo unánime de la Cámara baja. Sin embargo, la nueva modalidad todavía no podrá implementarse, ya que resta completar el proceso de sanción y deberá transcurrir un período mínimo de dos años antes de su entrada en vigor.
La legislación contempla que las familias puedan utilizar el material resultante para nutrir árboles conmemorativos, jardines particulares u otros espacios habilitados. También establece mecanismos para garantizar que el procedimiento respete la voluntad expresada por la persona fallecida.
Cómo funciona el compostaje humano
El procedimiento, denominado terramación, reducción orgánica natural o compostaje humano, consiste en colocar el cuerpo dentro de un recipiente especialmente acondicionado, junto con astillas de madera, paja y otros materiales vegetales que favorecen la actividad de los microorganismos.
Durante el proceso, la descomposición biológica transforma progresivamente los restos en un material orgánico que puede utilizarse para enriquecer el suelo.
La empresa estadounidense Recompose, que ofrece este tipo de servicios funerarios, explica que el procedimiento completo demanda entre ocho y doce semanas, incluido un período destinado a la estabilización del material obtenido.
Los fragmentos óseos que permanecen después de la descomposición son procesados mecánicamente y reincorporados al compost, mientras que los implantes artificiales y otros elementos que no pueden degradarse son retirados.
Una vez finalizado el tratamiento, las familias pueden disponer del material orgánico para plantar árboles, mantener jardines conmemorativos o depositarlo en lugares autorizados.
Una alternativa con menor impacto ambiental
Los impulsores de la iniciativa sostienen que el compostaje humano representa una opción más sostenible frente a los métodos funerarios convencionales, debido a que requiere menos superficie y puede demandar menos energía que determinados procedimientos de entierro y cremación.
La propuesta también responde a la creciente preocupación por la disponibilidad de terrenos destinados a cementerios y los costos que enfrentan las familias al organizar una despedida.
"Nos estamos quedando sin espacio para los entierros y ese espacio puede costar hasta 50.000 dólares australianos", señaló Greenwich durante una entrevista concedida en junio a la cadena australiana ABC.
El legislador consideró que, una vez implementado, el compostaje humano podría resultar más económico que la cremación, aunque todavía no existen tarifas locales definidas para este servicio.
La iniciativa se inscribe en una tendencia internacional que busca incorporar alternativas funerarias con menor impacto ambiental, mediante procedimientos que permitan reducir el consumo de recursos y ofrecer otras formas de recordar a las personas fallecidas.
La voluntad de la persona fallecida será determinante
Uno de los aspectos centrales de la legislación aprobada en Nueva Gales del Sur es la protección de la voluntad individual.
La normativa establece que los operadores funerarios no podrán realizar el procedimiento cuando exista una manifestación escrita de la persona fallecida en contra de esa práctica.
De esta manera, la elección del compostaje humano se incorpora como una posibilidad adicional, sin reemplazar los métodos tradicionales de entierro o cremación.
El material obtenido podrá ser entregado a los familiares para su utilización en espacios conmemorativos o destinado a otros lugares, de acuerdo con las disposiciones que regulen su tratamiento y disposición final.
Cuestionamientos y antecedentes internacionales
La aprobación de la ley también generó posiciones encontradas en Australia. Mientras sus defensores destacan los beneficios ambientales y las nuevas posibilidades de elección, algunos sectores expresaron reparos culturales, éticos y religiosos.
El primer ministro de Nueva Gales del Sur, Chris Minns, había manifestado en junio que la propuesta le parecía "un poco rara".
Por su parte, Michael Cook, columnista de Catholic Weekly, la calificó como "una solución extravagante para salvar el planeta" y planteó que el procedimiento podría entrar en conflicto con determinadas concepciones religiosas sobre el respeto debido al cuerpo humano.
A pesar de estas objeciones, la reducción orgánica natural ya cuenta con antecedentes en otros lugares del mundo. Varios estados de Estados Unidos autorizaron el compostaje humano, mientras que existen experiencias regulatorias en Alemania.
En Inglaterra y Gales también se analizan posibles modificaciones normativas para permitir procedimientos similares.
Con la aprobación parlamentaria en Nueva Gales del Sur, Australia avanza hacia la incorporación de una nueva alternativa funeraria, aunque su aplicación efectiva dependerá de la entrada en vigor de la legislación y de las reglamentaciones necesarias para garantizar condiciones sanitarias, ambientales y de respeto a la voluntad de las personas.


















