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A una semana de ser madre murió Sofía Sarkany

Sofía Sarkany era diseñadora al igual que su padre Ricky Sarkany. Tenía 31 años y tenía cáncer de útero

Lunes 29 de Marzo de 2021

La artista y diseñadora Sofía Sarkany de 31 años, falleció hoy en una clínica de la Florida, Estados Unidos, donde estaba internada por un cáncer de útero. El lunes 22 había sido madre de Félix junto a su pareja, Tomás Allende, por el método de subrogación de vientre.

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Sofía había congelado óvulos y, junto a su pareja por más de tres años, Tomás, decidieron ser padres por subrogación de vientre cuando se enteraron de su enfermedad. No esperaban entonces este desenlace: buscaban preservar sus posibilidades de maternidad ante los duros tratamientos que iba a enfrentar la diseñadora. Pero el cáncer no dio tregua: mientras avanzaba, impiadoso, Félix crecía sano en el útero de una madre sustituta y Sofía se ilusionaba con su llegada.

El nacimiento de Félix estaba programado para el 28, pero se adelantó y llegó al mundo seis días antes. Nació en Orlando a las 12.41 del lunes pasado, pesó 3.245 kg y su mamá pudo presenciar el parto vía FaceTime. Así Sofia pudo conocer a su bebé, tenerlo en sus brazos, abrazarlo como había soñado. Antes de entrar a terapia intensiva, les dijo a sus padres Ricky y Graciela, “Fui muy feliz”.

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La artista

Sofía había logrado forjarse un nombre propio en el mundo de la moda, con una línea personal y distintiva dentro de la marca de su padre en la que comenzó a trabajar a los 18 años. Artista plástica, fotógrafa amateur y con estudios en la prestigiosa Central Saint Martins de Londres, irrumpió con fuerza en 2012 con una muestra en el Centro Cultural Recoleta en la que presentó una colección de zapatos multicolor, con plataformas altísimas y de colores, estampadas con manchas que ella misma pintaba.

Ella misma contó hace unos años en una cumbre de la Fundación Jóvenes Líderes, en la que se desempeñó en el área de Cultura, la historia ejemplar de cómo sus abuelos paternos llegaron a la Argentina “con un juego de cubiertos de plata que vendieron por 60 dólares, escapándose del comunismo ruso que había entrado Hungría”.

Habían pasado por campos de concentración y trabajos forzados, y aunque su familia se dedicaba al negocio del calzado, el abuelo de Sofía era, como ella, un artista. En Hungría había trabajado como actor y escultor, pero acá tuvo que “arrancar una nueva vida”. Lo hizo gracias al oficio que conocía desde chico.

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