La Provincia
Domingo 11 de Febrero de 2018

Una antena mata y moviliza a los vecinos de Lomas del Sur de Paraná

Un dolor que moviliza. En el barrio Lomas del Sur de Paraná la preocupación va en aumento. La torre de telefonía se levanta soberbia desde 1993. Entre todos contaron sus historias, las de sus propias familias, las de amigos y allegados.

Cuando alguien les pregunta a los vecinos de Lomas del Sur cómo saben que hay por lo menos 40 casos de cáncer en el barrio, sacan un mapa donde los tienen marcados casa por casa: hay cuadras con cuatro. Enseguida se ponen a actualizar y a sumar los hechos recientes y aparecen jóvenes que fallecieron a causa de una enfermedad grave, niños, maestras, otros que están en plena pelea. En 1993 se instaló la antena de telefonía en Vera Peñaloza y Crausaz, y les sobran argumentos para afirman que esa es la torre de todos sus males.
La historia no es nueva, llevan años en la lucha por erradicar esta estructura que se puede ver desde varias cuadras antes. Pero hubo casos de fallecidos recientes y volvieron a tomar el problema en sus manos, lo volvieron a poner sobre la mesa con más fuerza. De hecho, a principios de mes organizaron una charla con especialistas al que asistieron familias de barrios cercanos. Ayer eran 20, y contaron a UNO las diversas situaciones por las que atraviesan. Es que en Paraná, en enero de 2017, la comuna levantó la prohibición para la instalación de antenas de telefonía celular. Desde 2004, ante la demanda vecinal por los posibles efectos que podían causar las irradiaciones, estuvo vigente la legislación que sirvió como sostén legal de damnificados para resistir y frenar cualquier radicación de estas torres.
Los vecinos sostienen que la comuna no sabe –o no les quiere decir– cuántas antenas hay instaladas en la ciudad, pero afirmaron que ahora hay más de 30 que se quieren instalar. Raúl Milocco, Hugo Bertozzi, Rubén Palacio y Ricardo Fernández son los que están al frente del reclamo, los que llaman y organizan, los que reúnen a los vecinos e impulsan las iniciativas junto a otros. Milocco dijo a UNO que ningún gobierno municipal dio soluciones, al contrario: la gestión anterior le pidió tiempo para sacar la antena y no lo hizo, la actual dio marcha atrás con esa ordenanza que las prohibía.
Bertozzi sostuvo que además piden que un organismo de Salud, de la Provincia o del municipio, realice un relevamiento propio. "Que intervengan", dijo, mientras otros vecinos se acercaban a la ronda. En concreto: quieren sacar esa antena que desde 1993 creció en su potencia e irradiación, eso lo saben por la cantidad de equipos que le fueron sumando, y ni siquiera hay un cartel que diga cuál es la razón social, no se sabe ni siquiera qué empresa es la dueña, aunque los vecinos saben que pertenece a una de las telefónicas.
Pero entre las historias difíciles y recientes, fue Fernández el que contó la de su hijo, que falleció de cáncer hace unos 18 años. Dijo que comenzó a conocer otros casos entre 2001 y 2002 y entre los vecinos empezaron a notar la gravedad de la situación. "Era un chico sano, deportista, era guardavida, no fumaba. Tuvo cáncer testicular, un año y dos meses tuvo la enfermedad. Se llamaba Diego y tenía 25 años", contó que los casos empezaron a aparecer, se sucedieron cada vez más y ya no pararon.

Fernández, con su mujer y sus dos hijas, viven en calle Estado de Israel, cerca de la antena. Contó también que muchas de estas torres están instaladas en clubes, porque las empresas buscaron aquellos que tenían deudas o problemas económicos y pagaron para poder levantar los equipos.

Habló de un niño de 4 años con cáncer que está en plena batalla, de otro joven de 19 años que vivía al lado de su casa y que fue el último en fallecer hace poco por la enfermedad. "Es toda gente joven, de aquellos que están en el barrio hace 10 o 15 años", agregó. Él llegó con su familia en 1987. Fernández es jubilado bancario y con la vecinal de Lomas del Sur encabeza junto a sus vecinos este reclamo que lleva casi dos décadas. Argumentos Esteban Rossi es bioingeniero y acompaña a los vecinos en el reclamo. Habla de "electropolución" como una manera de dar cuenta de la contaminación por irradiación electromagnética que provocan las antenas.

Explicó que hay estudios que comprobaron que desde 1920 a 2010 estas irradiaciones se multiplicaron en billones de veces y que desde 1995 la cantidad de torres instaladas creció de manera considerable. "Los estudios sostienen que el 80% usa celulares y se requiere una infraestructura para sostener eso. El problema es la exposición a la irradiación de la antena durante mucho tiempo porque el efecto biológico es acumulativo", dijo el especialista, y explicó que interfieren en las relaciones entre las células.

En palabras simples explicó que cuando se agrede el ADN –y que está corroborado que las irradiaciones de estas antenas lo perjudican– el organismo lo repara. Pero cuando estos son sostenidos en el tiempo pueden tener o generar errores y ese es uno de los caminos del cáncer. Pero también sostuvo que las antenas que se instalan en países de Europa tienen potencias de hasta 1.000 veces menos que las que se usan en Paraná porque saben que genera daños.

Y entre los vecinos mostraron la cantidad de aparatos de irradiación que se le sumaron a esa torre desde que se instaló. Rossi se quedó un tiempo más hablando con quienes se acercaron ayer por la tarde. Entre los presentes dijeron que si en algún barrio de Paraná se enteran de que van a instalar una antena, les avisen; con gusto irán hasta donde sea a dar argumentos y pelea. "La decisión de tener un celular está en cada uno, pero a esta antena la pusieron acá y nadie la eligió", remató Milocco.

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