La capital entrerriana volvió a latir al ritmo de la esperanza y la gratitud. Tras completar cerca de 90 kilómetros de recorrido, la 44ª Peregrinación de los Pueblos Hasenkamp-Paraná vivió ayer su tramo más emotivo cuando miles de fieles arribaron pasadas las 17.30 al Santuario La Loma
Peregrinación de los Pueblos: fe, sacrificio y multitudinaria devoción en el cierre de la Hasenkamp-Paraná
Paraná volvió a latir al ritmo de la esperanza y la gratitud. Tras completar cerca de 90 kilómetros de recorrido, finalizó la Peregrinación de los Pueblos.
Gentileza Arzobispado de Paraná
Peregrinación de los Pueblos: Fe, sacrificio y multitudinaria devoción en cierre de la Hasenkamp-Paraná.
Gentileza Gastón Vera
La Peregrinación de los Pueblos ya está en marcha hacia Paraná.
Avanzando masivamente por calle Almafuerte bajo el lema “Peregrinos con María, hacia un mundo más humano”, la columna de caminantes selló casi 24 horas continuas de marcha en las que se conjugaron el cansancio físico, las ampollas, la devoción mariana y el calor entrañable de familiares, vecinos y servidores que salieron al encuentro de los peregrinos.
Lo que hoy representa una de las convocatorias religiosas y culturales más multitudinarias del litoral argentino tuvo un origen humilde y audaz. Corría el año 1983 cuando dos jóvenes de Hasenkamp, vinculados al Movimiento de Schoenstatt (Jorge Quiroz y Amelio Rodríguez), idearon la travesía de unir caminando ambas localidades.
Aquel primer intento debió interrumpirse de manera abrupta tras unos 15 kilómetros debido a una intensa tormenta. Sin embargo, lejos de bajar los brazos, redoblaron la apuesta: retomaron la iniciativa el fin de semana inmediato y lograron completar el trayecto hasta el Santuario de La Loma. De aquel par de pioneros originales se pasó, con el correr de las décadas, a una verdadera marea humana que año tras año convoca a fieles de toda la provincia y de diversos puntos del país.
La marcha nocturna
El trayecto, que formalmente se puso en marcha el viernes a las 17 desde la ermita de la Virgen de Schoenstatt en Hasenkamp, exigió templanza desde el primer minuto. Las precipitaciones registradas en los días previos a la caminata habían dejado las banquinas con ciertas complicaciones, por lo que las recomendaciones de seguridad y el cuidado mutuo fueron prioritarios durante las primeras horas de marcha.
Con el correr de las horas, la noche se abrió paso y transformó la ruta en un extenso cordón de linternas, cantos y rezos. Paradas emblemáticas como el campo Podversich o los tramos rumbo a Cerrito, El Palenque y Sauce Montrull se convirtieron en postas de alivio. Allí, sentados sobre el césped, los caminantes improvisaron curaciones de pies, compartieron mates reparadores y renovaron fuerzas.
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El fenómeno trasciende lo estrictamente físico para transformarse en lo que muchos sacerdotes definen como “un retiro espiritual en movimiento”. Jóvenes, adultos mayores, familias completas y personas que cumplían promesas por la salud de sus seres queridos caminaron codo a codo.
Tal como recordaron los organizadores en sintonía con el lema anual, la vivencia de la ruta enseña una verdad inquebrantable: nadie llega solo a la meta, y el esfuerzo compartido es el motor que sostiene al prójimo en los tramos de mayor fatiga.
La llegada a La Loma
El ingreso a Paraná durante la tarde de ayer coronó el sacrificio. Con los rostros marcados por el cansancio pero iluminados por la sonrisa de la meta cumplida, los peregrinos fueron recibidos por una multitud en calle Almafuerte.
Abrazos interminables, lágrimas contenidas y aplausos de vecinos que salieron a saludarlos al paso marcaron el pulso de las últimas cuadras.
Al pie del Santuario La Loma, la imagen cabecera de la Virgen concluyó su recorrido para dar paso a la tradicional misa de cierre. Así, entre cantos de júbilo y la satisfacción del deber cumplido, la Peregrinación de los Pueblos cerró un nuevo capítulo en su historia, ratificando que la fe en los caminos de Entre Ríos sigue más viva y caminada que nunca.














