Miradas
Sábado 29 de Septiembre de 2018

Paren de pelotudearnos

La habilidad para ejercer la baja política sirve para ganar (o perder) elecciones. Aquí y en varios rincones del mundo. Vaya un puñado de ejemplos, aleccionadores todos. En Estados Unidos nadie pregunta mucho acerca de la fortuna de los dirigentes políticos pero son capaces de mandar al cadalso al postulante si un amorío ve la luz pública. En España, una investigación sobre manejo corrupto de dinero en el partido de gobierno tumbó al presidente de la derecha; mismo sector que se horroriza por el pago de coimas, pero ni mosquea al rendir tributo desde hace 43 años por la muerte de Franco, el mayor dictador moderno de aquel continente; después de Hitler y Mussolini. Mujeres y dinero sería el nuevo eje aleccionador del poder en el mundo occidental, machista y cristiano a la hora de elegir gobernantes y siempre y cuando se sepa; porque si de los cuernos o el robo ningún diario se entera, nada grave parece que pueda sucederle a las aspiraciones del candidato. Y en la región la regla también aplica; sino basta recordar que al expresidente Lugo lo derrocaron de la presidencia de Paraguay tras perseguirlo por sus infidelidades y a Lula por un departamento que parece haber recibido por compensación de favores. Fue el manejo de la baja política lo que instaló a nuevos ganadores. Eso y un fenomenal manejo del discurso en los medios de comunicación de mayor penetración. En resumen, para ganar alcanza con poner a hablar todo el día a las personalidades más influyentes sobre la mujer como objeto y la corrupción. En cualquier comunidad decente la vida privada debería ser sólo eso y nada más que eso, mientras no moleste al resto. Y el choreo debería ser materia de investigación judicial con pena de prisión efectiva para los culpables y con consecuencias electorales.
La Argentina no es ni por asomo la excepción a la regla. Aquí los discursos de mayor penetración apuntan a señalar ladrones mucho antes que lo haga el juez y, justo es decirlo, poco importa la cantidad de parejas que tenga quien está al mando (siempre y cuando no se sepa).
De lo importante, lo esencial para una sociedad soberana, justa y equitativa casi nadie se ocupa o, mejor dicho, se hace de manera espasmódicas. De educación se habla cuando hay paritarias; de seguridad, cuando algún delito motiva a pedir mano dura; de salud, cuando paran los médicos, y de economía, cuando sube el dólar. Hoy en día, atender tópicos como soberanía política, independencia económica y justicia social no da prestigio ni gana elecciones. Y curiosamente, tales asuntos sintetizan lo que bien puede definirse como alta política. Cuéntenla como quieran, pero es así. Sin vueltas ni medias tintas.
Los K desfilan por los tribunales más rápido que despacio en tiempos que la plata no alcanza ni para llegar al día 15 de mes. Que vayan presos, cinco, 10, 20 o 30 años, los que sean que les quepan; pero ya dejen de dar vueltas sobre lo mismo porque, mientras, los precios del gas, la luz y la nafta no paran de subir; los discapacitados se quedan sin asistencia estatal; en los hospitales hay cada vez menos calidad de atención y el país se sumerge en la marginalidad. Al robo del poder adquisitivo de la población nadie lo está investigando y menos resolviendo. Es más, lo perfeccionan cada día.
Ya basta de echarle la culpa al mercado por el padecimiento de trabajadores, emprendedores y empresarios nacionales; porque el mercado no es una entelequia; tiene nombre y apellido. Sucede que nadie se atreve a identificarlos por miedo a desatar la ira de los grandes ladrones de la Argentina; porque, sépanlo, los chorros que desfilan por tribunales son ladrones de gallinas al lado de los que manejan el sube y baja del dólar. Va siendo hora de que paren de pelotudear a la gente, o como decía mi viejo para describir genéricamente un exceso mayúsculo: "Habría que ir aflojando con los postres".
¿O será que el plan del Gobierno marcha según lo planeado? Porque el actual es un modelo perfecto para dar pingües ganancias a la especulación y someter al pueblo. Y Macri en campaña, hace ya tres años, envuelto en globos amarillos, entre baile y baile, dijo otra cosa.

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