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Cazadores de fantasmas en Paraná

Enigmas: Los escépticos de lo paranormal tienen un pobre conocimiento de la historia. Ante eventos paranormales la gente, generalizando, tiene actitudes que ridiculizan y descalifican amparados en una actitud racionalista que los ve como emergentes de las supersticiones

Lunes 17 de Noviembre de 2014

Gustavo Fernández / Especial para UNO
gusfernandez@yahoo.com.ar

 

 

 


Estamos ya bien entrado el siglo XXI y resulta tragicómico observar cómo parte de la opinión pública tiene, ante los fenómenos paranormales, dos actitudes opuestas pero igualmente inconsistentes: por un lado la ridiculización, la descalificación sin más de esta fenomenología, amparados en una actitud pseudoracionalista que la ve como emergentes de las supersticiones o ignorancias arcaicas, y por otro la “demonización”, entendiendo que todo evento parapsicológico tiene que ver con las ominosas maquinaciones del Diablo.
Uno (el autor, por ejemplo) se pregunta, frente a estas dos posturas, qué ocultos mecanismos de programación social –o qué comodidad intelectual- subyacen detrás de estas evidentes “reacciones defensivas”. La primera, porque “no creer” es tan irracional como “creer”. Las opiniones deben construirse sobre argumentos, y los argumentos sobre conocimientos adquiridos y reflexión. Y, ciertamente, los “escépticos de lo paranormal, por definición, tienen un más que pobre “conocimiento” de la historia, casuística e investigaciones sobre fantasmas, vida después de la muerte, facultades extrasensoriales y temas de lo sobrenatural ya que, precisamente porque “no creen” no han dedicado tiempo, esfuerzo (y dinero, que en ocasiones parece para algunos más difícil de entregar que el tiempo y el sudor aunque sea de las neuronas). Invocan infusas citas de “científicos” varios, citas que difícilmente puedan citar de memoria así como el nombre de sus autores (y, en algún que otro caso, ignorantes o, peor aún, indiferentes hacia las razones, quizás muy humanas, que pueden haber llevado a esos “científicos” al descreimiento). Intelectuales de Wikipedia, a la que acuden para darle algún tinte de verosimilitud a sus dichos, reemplazando así la Biblia, el Corán o el Talmud por la Internet. Y convencidos de que un buen manejo del idioma a la hora de expresar su cinismo lo convierte en evidencia por pleno derecho.
Y luego los otros… espíritus crédulos y simples, gente de buena fe que sigue reaccionando de adultos como de pequeños frente a la oscuridad, creyendo que taparse la cara con las sábanas basta para exorcizar sus miedos. Cajas de resonancia de lo que algún sacerdote, algún párroco afirma por cuenta propia, pensando que lícitamente reproduce el pensamiento teológico de su iglesia, olvidando que la palabra “iglesia” precisamente, viene del griego “ekklesía” que significa… reunión de hombres. Falibles. Con intereses particulares. Productos de sus circunstancias.
En medio de todo ello, boya un segmento importante de la población que no solo acepta la realidad de estos fenómenos sino, incluso, ha sido protagonista directo e indirecto en una o varias ocasiones de sucesos que no puede explicar. A las en ocasiones cotidianas anécdotas de telepatía, premonición, clarividencia, a la cuñada que estaba pensando en ese pariente justo en el momento en que su celular sonaba mostrando una llamada del mismo; la abuela  que insiste en ver “presencias” en su casa, el estudiante que sueña con las vicisitudes de su examen (y sus resultados) la noche previa a una evaluación que luego ocurre tal como la soñó, el viajante de comercio que tiene la fuerte aprensión de un accidente por lo que decide no tomar un vehículo que después se entera es infortunado protagonista de un accidente vial… la lista de ejemplos sería inacabable, pero estoy seguro de que varios lectores se habrán reconocido en esos hechos o similares.
En ese amplio espectro (escrito este término sin doble intención) de episodios las “casas embrujadas” (un populismo para lo que técnicamente llamamos en Parapsicología “poltergeists” o “eventos PER” –siglas de Psicokinesis Espontánea Recurrente-) tienen una larga historia. Aquí, en Paraná y alrededores, muchos recordarán los sucesos acaecidos en una casa solariega de Tezanos Pinto, o en un hospital público, o en un destacamento militar, o en una abandonada clínica psiquiátrica de las afueras. Pero el hecho no cesa allí. En muchas viviendas particulares, en inmuebles afectados a actividades comerciales o industriales, numerosos testigos han aportado reportes de hechos que escapan a toda explicación normal.
Hollywood -como es habitual- ha aportado una cuota graciosa, si se quiere, a la cuestión, popularizando el término “Cazafantasmas”. Empero, el mismo (y la actividad) ya existe, incluso de forma colegiada, desde fines del siglo XIX. Precisamente, la creación, en 1890, de la Society for Psychical Research (SPR) de Londres, integrada -y aún en la actualidad- por prestigiosos académicos e intelectuales, comienza como una agrupación dedicada a la investigación de “casas encantadas”, tan comunes -y ricas- en la tradición británica. En cuanto a Estados Unidos, los experimentos de MK Ultra (proyecto secreto de la CIA en los años 50 y 60 para obtener métodos de “control mental” de la población y “visión remota” con fines militares (es decir, desarrollar la capacidad clarividente de poder reunir información psíquica sobre objetivos militares enemigos -en ese entonces de la ex-URSS- mediante “espías psíquicos”) se nutrió de “cazadores de fantasmas” muy conocidos en ese país y en esa época. En nuestro país, la Asociación Argentina de Parapsicología (AAP) de la que el autor es secretario general, nuclea algunos de los más conspicupos investigadores de poltergeists del ámbito nacional.
Cuando se procede a la investigación de una casa presuntamente afectada por este fenómeno, se sostienen primero entrevistas personales con los habitantes. Luego, se concurre a la misma, munidos de los equipos adecuados, para obtener registros directos de estos fenómenos, en ocasiones registrables en video o grabaciones digitales de audio. Y luego el equipo evalúa el material, para concluir si el fenómeno es “endógeno” (producido extrasensorialmente en forma inconsciente o involuntaria por uno de los habitantes de la casa) o “exógeno” (si se debe a la presencia de entidades no físicas, ajenas a la vivienda) recomendándose a los moradores un curso de acción.
En la provincia de Entre Ríos, un solo grupo de investigadores se dedica –y entrena en la formación de investigadores- es el Centro de Armonización Integral, siempre dispuesto a recibir la consulta o pedido de opinión de la ciudadanía que se crea afectado por este fenómeno, cosa que las personas interesadas pueden hacer, escribiendo su caso al e-mail caintegral@yahoo.com.ar para dejar sus datos y esbozar la problemática. Miembros del CAI contactan entonces a los afectados, concertando una primera entrevista cuyos resultados evalúa el grupo y da pie al subsiguiente curso de acción.
Finalmente, y en aras de llevar tranquilidad a la población, señalemos que estos fenómenos (más allá de la lógica intranquilidad y conmoción que pueden producir en el ámbito familiar) no son intrínsecamente peligrosos y, siempre son susceptibles, abordados con rigurosidad y puestos bajo control de transformarse, simplemente, en una anécdota más de la vida nuestra de todos los días.

 

 

 

¿Cómo se manifiesta un poltergeist?

 

 


Si tuviéramos que escribir un “decálogo” (no necesariamente de 10 puntos) de las características de una “casa embrujada”(odio emplear esta expresión; pero quiero resultar suficientemente claro para nuestros lectores) diríamos que se caracteriza por varios (mínimamente, dos) de los siguientes síntomas:

 

-Cambios bruscos y sostenidos de la temperatura de algún ambiente respecto a los demás, diferencia que se sostiene aún con puertas y ventanas abiertas.

 

-Movimiento de objetos físicos sin razones físicas aparentes.

 

-Ruidos (llamados “raps”), golpes sin causa física, estruendo de rotura de mobiliario o vajilla sin que los mismos resulten visiblemente afectados.

 

- “Presencias” que son vistas por uno o varios de los habitantes, episódicamente.

 

-Perturbaciones graves en equipos eléctricos o electrónicos, que revisados por especialistas no muestran ningún desperfecto.

 

-Sueños profundamente perturbados o pesadillescos.

 

-Incendios espontáneos de objetos.

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