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Carmelitas Descalzas

La carta de la ex monja que denunció a Esther Toledo

La superiora del convento de Carmelitas Descalzas de Nogoyá está siendo juzgada por privación ilegitima de la libertad.

Martes 02 de Julio de 2019

Silvia Albrenque, la ex religiosa de clausura que denunció a la entonces superiora del convento de Carmelitas Descalzas de Nogoyá, por privación ilegítima de la libertad, escribió una carta en la que agradeció al Ministerio Público Fiscal y a la prensa por visibilizar el tema.

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El texto de la carta

Faltando pocos días para conocer la sentencia del juicio por privación ilegítima de la libertad –agravada- en el cual la imputada es Luisa Toledo, quien fuera superiora del Convento de Carmelitas de Nogoyá, nos permitimos por este medio decir gracias:

A la prensa en general por el trato serio y respetuoso a un asunto complejo y delicado.

Al Ministerio Publico Fiscal, por ser el motor de corrección y cambio de situaciones gravísimas e injustas. En particular a los fiscales Uriburu, Molina y Taleb por su calidad técnica, pero más por su calidad humana.

A muchas personas –dentro y fuera de la Iglesia- que nos acompañaron en el dolor y la reconstrucción de nuestros proyectos de vida.

Luego de intentar -durante años- por canales eclesiásticos, optamos por informar a la prensa lo sucedido, con el único objeto de evitar que otras chicas sufrieran vejaciones similares a las nuestras: no podíamos estar tranquilos sabiendo que puertas adentro seguía todo igual.

Llegamos al juicio oral y público –sin constituirnos como querellantes- para permitir que sea la justicia la que determine si las conductas endilgadas a la imputada se subsumen o no en el delito de privación ilegítima de la libertad.

El Tribunal de Juicios y Apelaciones de Gualeguay, tan solo con escucharnos, nos liberó de un enorme peso y reparó parte del daño soportado.

Más allá de una sentencia condenatoria o absolutoria, sabemos –y la inmensa mayoría de la opinión publica sabe- que lo que relatamos es veraz y bien intencionado.

Nuevamente –y finalmente- gracias.

Silvia Albarenque, como denunciante y familia

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