Fallecimiento
Miércoles 02 de Mayo de 2018

El barrio Gaucho Rivero llora la partida de la hermana Mariana

Elvira Bustos era oriunda de Villaguay. Desde 1987 encontró en el Gaucho Rivero su lugar en el mundo. Su vocación de servicio y su ocupación por la dignidad de los pobres quedaron plasmadas en sus obras.

La partida de la hermana Mariana, a sus 94 años, generó gran tristeza en la comunidad del barrio Gaucho Rivero, en Paraná. Llegó a la populosa barriada del sudoeste de la capital entrerriana en 1987 y nunca más se fue. Su labor incansable quedó plasmada en varias obras, ya que fundó la capilla San Francisco de Asís, el centro de día Virgen de la Esperanza y la escuela Privada de Recuperación e Integración Nº 207 Juana Teresa Crombeen. Su objetivo, lograr un futuro más digno para los niños y adolescentes del barrio y zonas aledañas.

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La hermana Mariana fue entrevistada por UNO en numerosas ocasiones. Su contextura delgada y su voz suave contrastaban con la firmeza de sus convicciones.

A pesar de haberse jubilado continuó su labor en calle Montiel 1695, trabajando siempre por los más necesitados, dándole batalla a la vulnerabilidad social. "Agradezco a Dios el hecho de poder seguir andando. Creo que estar en movimiento hace que uno esté activo", había dicho a UNO en una de sus últimas entrevistas.

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Sus restos son velados desde las 11 en centro de día Virgen de la Esperanza, situada en Montiel 1695.

Elvira Bustos, oriunda de Villaguay

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La hermana Mariana nació como Elvira Bustos en medio de una familia numerosísima, 18 hermanos, en pleno campo, en Villaguay, y a los 21 años se anotó como religiosa en la congregación de las Franciscanas de Gante, una orden religiosa fundada hace más de tres siglos, en Bélgica, por Johanna Theresia Crombeen.

Crombeen imaginó una especie de confraternidad, "hijas espirituales" llamó a las primeras religiosas que se sumaron a su iniciativa, hasta que, debido a sucesivas reformas de sus estatutos, pasan a denominarse, en 1883, como Hermanas Franciscanas de Gante, por el pueblo de Bélgica donde nació la congregación. Ese mismo año desembarcaron las primeras monjas en Latinoamérica, venidas aquí en misión, más precisamente a Argentina, más concretamente en Entre Ríos: en Villa Urquiza, donde dieron nacimiento al hogar La Providencia, siguiendo así el rumbo que les había marcado la fundadora, de apostar por la educación de los más chicos.

Dos años más tarde, se expandieron e instalan su casa general en Paraná (dirigen el Instituto Cristo Redentor), y luego llegan hasta Villaguay, en 1908. Hacia 1930, de las 520 religiosas que tenía la congregación en todo el mundo, 60 estaban en Argentina. En aquel momento Elvira Bustos sintió el ardor de la vocación, el llamado de Dios, y se anotó en el noviciado, y dejó todo, casa, familia, el pueblo, y se marchó con un objetivo: misionar en el sur, junto a los mapuches, como Franciscana de Gante, al lado de la Orden de los Predicadores, fundada por santo Domingo de Guzmán. Los dominicos, a secas.

No pudo, porque la enfermedad de su madre la ató a destinos más próximos y de un momento a otro se dio cuenta que ya no podía abandonar su nuevo lugar en el mundo, Gaucho Rivero. Los dominicos fueron a buscarla, pero ella ya tenía otro proyecto.

La hermana Mariana no pidió nunca nada para sí misma, sino para el prójimo. Su búsqueda fue siempre brindarles los recursos y promover que los chicos no dejen la escuela y puedan superarse.




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