Cinco errores de propiedad intelectual que pueden costarle caro a un emprendimiento entrerriano

Miércoles 21 de Octubre de 2020

Entre Ríos tiene un ecosistema emprendedor cada vez más visible. Cervecerías artesanales en Paraná, marcas de indumentaria en Concordia, desarrolladores de software en el eje Paraná-Santa Fe y productores de alimentos que ya venden fuera de la provincia. La reciente participación de 60 marcas entrerrianas en la Feria del Centro de Rosario mostró que hay producto, diseño y ganas de crecer.

Pero en ese crecimiento suele quedar una tarea pendiente: proteger lo que se creó. El nombre, el logo, el envase, la receta, el diseño de una prenda o el código de una aplicación son activos que valen dinero, y que se pueden perder por descuidos evitables. Estos son los cinco errores más frecuentes y cómo prevenirlos.

1. Creer que tener el dominio y las redes es "tener la marca"

Es el error más común. Un emprendedor elige un nombre, compra el dominio .com.ar, abre la cuenta de Instagram, imprime etiquetas y empieza a vender. Meses después, cuando el negocio funciona, descubre que otra persona ya tenía ese nombre registrado o lo registró antes que él.

En Argentina, el derecho exclusivo sobre una marca no surge de usarla ni de figurar primero en redes sociales: surge del registro ante el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI). Un dominio web o un usuario de Instagram no otorgan ningún derecho frente a quien tenga la marca inscripta. En el peor de los casos, el emprendimiento puede verse obligado a cambiar de nombre, retirar mercadería y perder la clientela construida.

La recomendación es simple: antes de invertir en cartelería, packaging o publicidad, hacer una búsqueda de antecedentes y avanzar con el registro de marca en Argentina. Cuanto antes se presente la solicitud, mejor, porque en caso de conflicto la regla general favorece a quien llegó primero al registro.

2. Postergar la protección "hasta que el negocio despegue"

Muchos emprendedores ven la propiedad intelectual como un gasto que se puede dejar para más adelante. El problema es que la protección no se puede comprar de forma retroactiva: si alguien registra el nombre antes, recuperarlo implica una oposición o un juicio, con costos y plazos mucho mayores que los del trámite original.

Conviene incluir este ítem en el presupuesto inicial, igual que la habilitación municipal o la inscripción en ATER. Para planificarlo con números reales, es útil revisar cuánto cuesta registrar una marca en Argentina según la cantidad de clases (rubros) que necesite cubrir el negocio. En general, el costo de proteger una marca es bajo comparado con lo que se invierte en diseño, imprenta y publicidad.

Para orientarse sobre trámites y herramientas disponibles, las mipymes de la provincia también pueden recurrir al Centro de Ayuda Pyme, que habilitó un canal de comunicación con emprendedores entrerrianos.

3. Mostrar un invento antes de protegerlo

Un productor agropecuario que diseña una pieza para mejorar su sembradora. Un taller metalúrgico que resuelve un problema técnico de forma novedosa. Una startup que desarrolla un dispositivo. Ante la emoción del logro, es habitual mostrarlo en una feria, publicarlo en redes o presentarlo en un concurso.

Para obtener una patente, la invención debe ser nueva: no puede haber sido divulgada públicamente antes de presentar la solicitud. La ley argentina contempla un período de gracia de un año para las divulgaciones hechas por el propio inventor, pero muchos otros países no lo reconocen. Si el plan es exportar o licenciar la tecnología, una publicación prematura puede cerrar esa puerta para siempre.

Lo prudente es consultar con un especialista antes de cualquier exhibición pública y evaluar el registro de patente en Argentina. Mientras tanto, si hay que compartir detalles con socios, inversores o proveedores, hacerlo bajo un acuerdo de confidencialidad firmado.

4. Asumir que el logo, las fotos o el software ya son propios

Un emprendedor le encarga el logo a un diseñador amigo, las fotos del catálogo a una fotógrafa y la tienda online a un programador independiente. Paga los trabajos y da por hecho que todo le pertenece. No siempre es así.

En materia de derecho de autor, la regla general es que la obra pertenece a quien la crea. Si no existe un contrato que establezca la cesión de derechos al emprendimiento, el autor podría reclamar sobre un logo que ya está en todos los envases o sobre un código que sostiene el negocio. Este punto es especialmente sensible en el sector del software, uno de los que más crece en la provincia, tal como se analizó en el encuentro donde Entre Ríos impulsó la economía del conocimiento como motor de desarrollo regional.

Dos medidas resuelven la mayor parte del riesgo: firmar contratos de cesión con cada creador externo y, en el caso de obras clave (software, textos, ilustraciones, contenidos de cursos), considerar el registro de derechos de autor en Argentina ante la Dirección Nacional del Derecho de Autor. El derecho nace con la creación, pero el registro aporta una prueba de fecha y titularidad muy valiosa ante un conflicto.

5. Registrar la marca y olvidarse

Registrar la marca no es el final del camino. En Argentina, la marca concedida tiene una vigencia de diez años, y la normativa vigente exige además presentar una declaración jurada de uso a mitad de ese período. Si se pasan los plazos, la marca puede caducar y quedar libre para que otro la registre.

Este error es típico de emprendimientos que ya tienen años: la persona que hizo el trámite se fue, nadie anotó las fechas y el vencimiento pasa inadvertido. Lo aconsejable es registrar los vencimientos en una agenda compartida, con aviso anticipado, y gestionar a tiempo la renovación de marca registrada en Argentina. Al renovar, también conviene revisar si el negocio se amplió a nuevos rubros que la marca original no cubre.

La marca colectiva no reemplaza a la propia

Los emprendedores que forman parte de Manos Entrerrianas, la marca colectiva con la que el Gobierno provincial acompaña a la economía social, cuentan con un sello que identifica el origen y los valores de sus productos. Es una herramienta muy útil para comercializar, pero no protege el nombre individual de cada emprendimiento. Quien quiera crecer con su propia marca, abrir una tienda online o vender a cadenas necesita protegerla por separado.

Proteger es parte de crecer

La propiedad intelectual suele pensarse como un tema de grandes empresas, pero son los emprendimientos chicos los que más tienen para perder: un cambio forzado de nombre o la pérdida de un desarrollo puede significar empezar de cero. Como se planteó en la Jornada de la Industria que reunió en Paraná al sector para debatir los desafíos del futuro, la competitividad de la industria entrerriana depende cada vez más del conocimiento y la innovación. Y lo que no se protege, no se puede defender.

Un repaso a tiempo de estos cinco puntos (marca, presupuesto, invenciones, autoría y vencimientos) le ahorra a cualquier emprendedor problemas que, una vez instalados, son mucho más caros de resolver.