Hoy por hoy
Martes 17 de Octubre de 2017

Solos en la multitud

La soledad es un sello de la época: la sufren los que no encuentran con quién hablar las cosas importantes, que a veces son las que parecen las más mínimas y banales.

Tan rodeados de gente y tan solos. Tanta hiperconexión y tanto aislamiento. Tanto ruido y tanto silencio. La soledad es un sello de la época: la sufren los que no encuentran con quién hablar las cosas importantes, que a veces son las que parecen las más mínimas y banales. La adolescencia y la juventud son etapas de la vida donde lo social es un aspecto esencial.

Los grupos y las relaciones interpersonales condicionan las subjetividades y funcionan como tablas de salvación en el naufragio que puede resultar del viaje por ese océano de dudas, inseguridades, amarguras eufóricas, festejos depresivos y contradicciones emotivas por el estilo.

Pero las noticias cada vez más frecuentemente hablan de adolescentes y jóvenes que deciden poner fin a sus vidas. No funcionan para ellos y ellas los vínculos sociales: ni la escuela ni el barrio ni el club ni el grupo de amigos. Sino todo lo contrario: esos entornos son más de una vez los que los empujan al abismo.
Las estadísticas demuestran que el suicidio adolescente es una problemática en aumento a nivel global. Según la Organización Mundial de la Salud, cerca de 800.000 personas se suicidan cada año.

En 2015 esta fue la segunda causa principal de muerte en el grupo etario de 15 a 29 años en todo el mundo. Hay múltiples razones que pueden llevar a tomar esta trágica determinación. Además de los trastornos mentales y las adicciones, la OMS cita que muchos suicidios se producen impulsivamente en momentos de crisis que menoscaban la capacidad para afrontar las tensiones de la vida, tales como los problemas financieros, las rupturas de relaciones y las enfermedades.

Violencias, abusos, hostigamientos son otros desencadenantes. Asimismo, las tasas de suicidio son elevadas entre los grupos vulnerables objeto de discriminación, como los migrantes, los reclusos y las personas lesbianas, homosexuales, bisexuales, transexuales e intersexuales.

La OMS también dice que mantener el tema bajo un manto de silencio no hace más que estigmatizar a quienes atraviesan momentos delicados y los disuade de buscar ayuda. Con esa premisa, el director de Salud Mental de Entre Ríos, Carlos Berbara, habló recientemente sobre el tema en una entrevista para el canal web UNO TV y recomendó a los padres compartir tiempo con sus hijos, en cantidad y en calidad, y estar atentos a sus preocupaciones cotidianas. Para quien se ve al borde del precipicio, es reconfortante saber que otras personas pasaron por momentos similares y pudieron sobrellevarlos y hasta ser felices.

En un mundo de hipercomunicación estamos cada vez más solos. El oído atento es casi una rareza en medio de tanto ruido.

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