Gustavo Fernández/ Especial para UNO
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Los hombres de negro no son una fantasía, están y se mueven
Los antecedentes se remontan al año 1966. En esa oportunidad, un portavoz del Pentágono, perteneciente al perimido Proyecto Libro Azul –el coronel George P. Freeman- hizo esta sorprendente declaración: “Misteriosos hombres vestidos con uniformes de la Fuerza Aérea Norteamericana o llevando credenciales de diferentes organismos oficiales de los Estados Unidos han tratado de silenciar a testigos oculares de avistajes de objetos voladores no identificados. Sin embargo, hemos verificado en algunos de estos casos, que tales personas no pertenecían en modo alguno a la Fuerza Aérea o al gobierno americano”.
Con agentes del FBI y la CIA lanzados en su persecución, los misteriosos, extraños seres decidieron que el uniforme estatal ya se había “quemado”. Fue cuando adoptaron sus atuendos negros. En lugar de llamarse oficiales de la Fuerza Aérea los “hombres de negro” (MIBs, del inglés “men in black”) comenzaron a presentarse de otra forma: operarios telefónicos, inspectores de compañías de seguros, incluso agentes de la mismísima CIA o el FBI.
En todos los casos, una vez introducidos en la residencia de los ocasionales testigos, desviaban lentamente la conversación hacia el tema OVNI. Luego, el aviso. Nada de comentarios sobre el tema... por lo que les pudiese suceder. Cundió la alarma y muchos testigos callaron. Las más disparatadas versiones fueron de boca en boca. Hasta que el mismo gobierno se vio mezclado hasta tal punto en el asunto que tuvo que actuar.
Así, lanzó a sus propios investigadores detrás de los perturbadores señores de negro. Fue inútil, Siguieron apareciendo. ¿Cómo logran escapar y seguir atemorizando? ¿Cuáles testimonios son los más fehacientes? Veamos algunos casos.
El hombre del extraño lenguaje
El ladrido de los perros despertó a Joseph Henslik, en Greensland, Long Island, New York, una mañana de octubre de 1967. Al mirar hacia fuera quedó visiblemente sorprendido: un extraño objeto circular revoloteaba por el edificio de correos, cercano a su casa.
Apresuradamente, tomó su máquina fotográfica y corrió hacia el patio. Descargó un rollo de película contra el disco luminoso, que llevaba una torreta en su parte superior. En ella, se divisaban ventanillas. Como el objeto se hallaba a poca altura, fácil fue suponer que las fotografías resultarían excepcionales. Pero lo que Henslik no tuvo en cuenta apareció luego: dos días después que le fueron devueltos los negativos (que eran realmente nítidos) fue visitado por una pareja de hombres desconocidos. Cuando regresaba a su casa –a una hora tan imprevista como las tres de la mañana- se encontró con que lo estaban esperando. Eran de estatura mediana, cabello negro y tez profundamente morena. Ambos vestían ajustados pantalones negros, “jerseys” del mismo color (hasta el cuello) y una campera que –según el dueño de casa- semejaba la chaqueta de un smoking o pijama. “Queremos hablar con usted –interpeló uno de ellos en un idioma singular con ligero acento escandinavo- pertenecemos al Gobierno”.
Sigue el testigo diciendo que no le mostraron absolutamente nada, pues “pertenecían a un agencia secreta del Estado”. Más tarde, se explayaron en detalles sobre la vida íntima de Joseph que éste quedó francamente impresionado. “Sabemos que usted ha tomado fotografías que pueden ser consideradas como auténticas. Y en nombre de su familia, el gobierno y el mundo, le pedimos que nos las entregue”. Los visitantes recibieron como respuesta una confusa explicación, donde se les decía que no habían vuelto de la casa reveladora. Prometieron regresar al día siguiente. Fue cuando Henslik examinó con una lupa los negativos y descubrió algunas marcas muy claras en el OVNI, pero la copia estaba borrosa para permitir una lectura significativa. “Si hubiera hecho yo las copias, hubiera conseguido más sombra en torno a las ventanillas del artefacto. Pero, lo que más me preocupaba era el retorno de aquellos personajes. Fue exactamente a las tres de la mañana del día posterior a la primera visita, que aparecieron. No dos, sino tres. Todos vestidos de negro. De nuevo me amenazaron vagamente cuando negué las copias. Por último, les di los negativos. Los revisaron tranquilamente con una linterna. Luego, se marcharon, advirtiéndome que no hablase unas palabras ni mencionase las fotos”. Para sorpresa mayor del testigo, no alcanzó a ver vehículo alguno que los transportase, pese a que vivía en las afueras y hubiesen necesitado uno. ¿Cómo salieron de aquél lugar? Nunca se supo. Sin embargo, las misteriosas maniobras de los MIBs siguieron impunes. Las contradictorias explicaciones acerca de su origen van desde adjudicárseles procedencia “gitana” hasta connotaciones que incluyen “posibles supervivientes de una raza extinguida de origen extraterrestre”.
Para echar un grano de arena más a la confusión despertada por las actividades de esta gente, se los hace responsables de unas extrañas anotaciones en el libro El caso de los Ovnis, escrito en 1959 por el fallecido Morris Jessup. Poco después que saliera a la venta, un ejemplar fue enviado al Jefe de Investigación Naval de Ashington –N. Furth-. Al borde de las páginas existían unas anotaciones que revelaban de modo particular un extraordinario conocimiento acerca del origen, historia y técnica empleada por los platillos volantes. Tal fue el revuelo que, años después, una edición mimeografiada de la Oficina de Investigación Naval fue puesta en circulación en un ejemplar del libro de Jessup. En el prólogo se advertía: “Las anotaciones implican un íntimo conocimiento de los Ovnis, sus medios de movimiento, origen, pasado, historia y las costumbres de los seres que los ocupan y constituyen un valiosísimo material para la investigación. Estas notas parecen haber sido escritas por tres personas diferentes. Así lo revelan las investigaciones de tinta, estilo, etc.” Luego se habla de los conocimientos técnicos revelados en estas extrañas acotaciones, para terminar: “Prescindiendo de la identidad de quienes puedan haberlas escrito, éstos parecen creer que ya es demasiado tarde para que el hombre vuele por el Cosmos. Creen que la humanidad no podría soportar las enloquecedoras condiciones que le ofrece el espacio”.
Testigos
Me llama poderosamente la atención de que, en casi todos los casos, los MIBs aparezcan frente a testigos de eventos interesantes pero en pocas ocasiones popularizados por la prensa o, cuando su accionar se dirige a obstaculizar la tarea de ovnílogos, éstos generalmente son novatos o de poca trayectoria –sin desmerecer sus créditos personales. Parecen actuar, en este resbaladizo terreno, sobre el “común de la gente”, sobre el hombre de la calle, como temerosos que sus incursiones, si apuntaran a quienes tienen masivo acceso a los medios de comunicación, pudiera desestabilizar su misión. El lector puede pensar que precisamente ése es el punto, el temor a que se inicien, por presión de la prensa, investigaciones de largo aliento que permitan desenmascararlos o dar con su paradero, pero si se trata de sabotear la investigación Ovni uno tiene la sensación de que no están ejerciendo presión en los puntos idóneos. A menos que su accionar tenga algo de esotérico, que apunte a dejar huellas de su presencia pero no evidencias contundentes, a alimentar la polémica, la duda, el escepticismo por un lado y la credulidad por el otro, también como parte de ese programa de modulación del inconsciente colectivo que es parte sustancial de la hipótesis expuesta en este trabajo. Esa opinión nace, no sólo de los casos sucedidos a terceros que he considerado, sino de mi propia y –hasta ahora- único encuentro con los MIBs. Pero ésa, es otra historia.














