Carlos Saboldelli / Especial para UNO
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José Podestá, gran actor argentino
La familia Podestá era una de aquellas que se destinaban a ser parte de las historias urbanas y de las tablas. Compuesta por hermanos y familia recorrían el país con la innovación de la actividad teatral denominada “circo criollo”, aunque fundamentalmente liberando las energías expresivas de todos sus componentes.
Habían sido nueve (sí, 9) hermanos, hijos de padres genoveses e inmigrantes que se establecieron en la costa charrúa, cercanos a Montevideo. Entre ellos, la mayoría percibía genes de tablas, ADN de histriones e irrefrenables impulsos por la actuación. En eso estaban, improvisando, aprendiendo, migrando los Hermanos Podestá por las ciudades y pueblos uruguayos y argentinos.
Así eran los caminos y los carromatos en que sus historias arrancaban vítores y conmociones, cuando al final cuatro de ellos decidieron formalizar la empresa: pasaría a ser la Compañía Hermanos Podestá. Eran ellos Gerónimo Podestá, Pablo Podestá, Antonio Podestá y José Pepe Podestá.
Por cierto, sus andares y representaciones han llenado el imaginario, también las anécdotas y por supuesto anaqueles de biografías, autobiografías y comentarios. Lamentablemente nada hay en archivos fílmicos que reproduzcan algo de aquellas gestas teatreras…aunque quizás si uno lo piensa mejor sea así, tratándose eso justamente del propicio alimento de las leyendas.
El circo criollo
La denominación les resulta propia a su actividad. En rigor de verdad quizás fuera apropiada la opinión de especialistas, pero a los efectos de esta historia bien vale tener en claro una elemento distintivo y distinguido a la vez: los Podestá dejaban de imitar o actuar obras y estilos europeos para expresar el arte con certera impronta sudamericana. Más allá de las técnicas (reitero, quizás algo más hábil para especialistas que para escritores) el secreto de la masificación popular de aquellos hermanos actores residía en sustancia de las obras que representaban. Y por citar algunas: Juan Cuello, Martín Fierro, Calandria….todos gauchos melodramatizados y sufrientes, en una época en la cual aquel estrato social perduraba en las pampas.
Pero sin lugar a dudas que el mayor de todos los aciertos se vinculan a la representación y adaptación de una de las mejores obras de Eduardo Gutiérrez: Juan Moreira. Por cierto que hacia el año 1886 aparece representado por primera vez aquel gaucho retobado, rebelde y castigado en un entorno de guitarreros, bailarines y payadores que dotaban de drama y emoción al personaje. Dicen que es el primer drama argentino…será en el teatro, porque muchos otros dramas venían de antes.
De todos estas obras y por cierto algunas otras de menor renombre pero vinculadas a la temática, tal vez Juan Moreira haya sido la de mayor repercusión. Debemos imaginarnos la sociedad de los años 80 pero del siglo XIX, sin radiofonías, cinematógrafos ni mucho menos televisación.
Es así que en esas penumbras voluntarias de los teatros enigmáticos, de pronto un caballo con aparejos plateados, pinturas de resalto y aperos vistosos montado por un gaucho elegante pero adusto aparecía en escena. Era el comienzo de la obra Juan Moreira, era el principio de la magia.
Los Hermanos Podestá llevaron sus artes por sitios inimaginables y a veces hasta difícil de pronunciar. Allí anduvieron, pero como todas las cosas, el final de los ciclos parece una predestinación inevitable. Porque también en este caso y hacia principios del 900 la compañía se disolvió; cada uno de ellos tomando nuevos rumbos artísticos, en compañía de más y más familiares que nutrían sin descanso aquella estirpe de actores.
Juan Moreira en Paraná
Pero de entre esos hermanos y la multiplicidad de historias, uno de ellos hemos de tomar ahora. Se trata nada menos que de José Pepe Podestá, justamente el creador mismo del personaje teatral Juan Moreira. Quizás haya sido el más nombrado o al menos el que tuve el encanto de plasmar su vida en un libro autobiográfico con narraciones y fotos realmente conmovedoras e imperdibles.
Don José Pepe había nacido en Montevideo un 6 de octubre del año 1858. Entre los hermanos del medio era el que más ansiaba la profesión y por eso es que hizo todas: fue trapecista, cantor, improvisador, etc. Hasta que en 1877 una creación espontánea lo llevaría al pináculo: El Payaso Pepino el 88. Un personaje que (entre la hilaridad y el humor) tenía una postura crítica hacia los compadritos y los cajetillas.
Pero claro, el estigma estaba echado. Su representación de Juan Moreira sería para siempre el delirio de sus espectadores y seguidores, más allá del paso de los años, la edad y algunos achaques.
Digo esto porque hacia el año 1926 la ciudad de Paraná anunciaba entre sus marquesinas la llegada de la compañía de los Podestá, en esta ocasión la versión encabezada por el propio José Pepe. Tenía ya casi 70 años, rodados por los caminos y los escenarios sin detenerse nunca. Tal vez por eso sus ansias confrontaban con su cuerpo, con resultados parciales donde a veces vencía uno y en ocasiones otro.
Pero lo cierto es que en pleno teatro, una sala repleta lo ovacionaba ante cada salida, ante cada participación. El estado de asombro espontáneo de los espectadores lograba que el viejo actor estableciera esa comunión tan especial que solo los elegidos pueden lograr.
Las crónicas de los periódicos de la época son claras y definitivas. Dicen ellas: “Anoche te aplaudimos con delirio, aunque en este momento en que a la carrera escribimos estas líneas, una lágrima de tristeza asoma a los ojos al pensar que cuando te vayas, habrá muerto para siempre todo recuerdo gaucho amortajado con la propia bandera de la patria en cuyos colores se fundió su corazón como la estrella en la inmensidad del cielo. ¡Bravo, viejo! Con todo el corazón te abrazamos y te saludamos con el aplauso delirante de siempre. Pocas veces el teatro de Paraná se ha encontrado tan lleno, de bote a bote, como en la función de anoche. Cada parte de la obra puesta en escena provocaba en el público asistente un entusiasmo indescriptible, aplaudiéndose insistentemente a los principales intérpretes: los hermanos Podestá. El pueblo de Paraná ha rendido anoche el mejor homenaje de cariñoso afecto a los fundadores de nuestro teatro autóctono”.
Al finalizar la función, ante los calurosos aplausos y demostraciones de aprecio, don Pepe Podestá se vio obligado a pronunciar breves y sentidas palabras de reconocimiento y gratitud.
El viejo José Pepe Podestá salió varias veces a agradecer los aplausos y emocionantes vivas. Un par de días después esos itinerantes de la sonrisa y del drama se fueron en la Balsa buscando rumbos santafesinos. Quién diría que aquel antiguo gaucho malevo empilchado de plata y aperos cascabeleantes hubiera pisado esta ciudad, un Juan Moreira por un rato y sin malicia.
José Pepe Podestá falleció en el año 1937 y su séquito fue la totalidad de su familia: actores, guitarreros, clowns, tramoyistas, parientes y hasta algún recitado olvidado. Su impronta creativa inspiró nada menos que a sujetos de la talla de Florencio Parravicini, Pepe Marrone o Luis Sandrini pero ese es otro tema. El hombre quizás se había marchado pero José Pepe Podestá el actor y Juan Moreira “el gaucho”, tenían garantizado el paso inconfundible a la inmortalidad del reconocimiento popular.
SERIE: Teatros, actores y otros desacatados melancólicos: Serie realizada en exclusiva para Diario UNO a partir de la documentación obrante en diferentes reservorios (Archivo General de la Nación, Biblioteca Nacional de la República Argentina, Archivo General de la Provincia de Entre Ríos, Archivo Histórico Patrimonial de Valparaíso y otros).












