Miradas
Domingo 06 de Mayo de 2018

Quiero vivir en el país de Triaca

Ante una realidad angustiante por los puesto de trabajo que se pierden a diario, la caída del poder adquisitivo con una devaluación cercana al 30% del peso de diciembre a hoy. Sin haber cerrado las paritarias, con los servicios por las nubes tras el incremento bestial e indiscriminado de las tarifas (una familia con importantes recursos en Buenos Aires llega a pagar dos veces menos que un vecino de la provincia de Entre Ríos). En un país donde está liberado el precio de los combustibles que cada tanto suben, y las Cadenas de Supermercados piden auxilio. En un país donde las metas inflacionarias se derrumban en el primer semestre, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, visitó el viernes la ciudad de Paraná y señaló que "el país está cambiando". Frase cuya introducción apuntó a los "enemigos" que encuentran permanentemente para tratar de justificar la inoperancia.

"Todavía hay muchos en Argentina que se dejan llevar por la frustración", expresó el funcionario en la Feria del Futuro. Vaya paradoja, en un país donde crece la inflación, los despidos y escasean las oportunidades, el Gobierno (PRO y RADICALES), fiel a su estilo, monta una escena repleta de cotillón y maquillaje para enseñarle a los jóvenes cómo deben confeccionar un currículum. Así se presentó el stand en la Sala Mayo del Puerto Nuevo donde jóvenes de 18 a 30 años tienen la oportunidad de "acercarse al mercado laboral". De no ser porque del mismo también participan instituciones y algún que otro dirigente entusiasta u optimista, creería que se trata de una provocación. Y sí, la única verdad está en la calle. Esa voz de queja que se percibe a diario y con más fuerza entre los arrepentidos, los desilusionados, los adversarios y los incrédulos de siempre. Y vamos a los hechos. En abril cerró una panadería en calle Don Bosco porque no podía pagar más la luz y en el mismo mes cerraron ocho comercios en la zona. Vaya si es elocuente.

Tal vez no lo sepa, señor ministro, porque escapa a la realidad Macroeconómica que su gobierno plantea con la tan ansiada "lluvia de inversiones". Por el momento la única lluvia que percibimos es la de mayo, que superó tres veces el promedio del mes según los especialistas. Mientras tanto una vecina de barrio Anacleto Medina cuenta que hace malabares para alimentar a su familia. Con un kilo de harina amasa un kilo y medio de pan y lo fracciona para que les dure toda la semana. Esa realidad se multiplica. En las despensas del barrio, donde aún se fía, los vecinos acumulan deuda y de no ser por algún alma bondadosa no podrían seguir comiendo. Dos empresas importantes de Paraná amagan con ofrecer retiros voluntarios como "solución" a la crisis.

Es cierto también que la pobreza no es patrimonio de este Gobierno, pero lejos está de aquel discurso "Pobreza Cero". En los tiempos que corren y como señaló la ensayista Beatriz Sarlo, pobreza cero "no es una consigna polí- tica, sino imaginaria", Y a propósito de discursos, el presidente Mauricio Macri, fue muy claro durante la campaña: "No vamos a ajustar, no va a haber tarifazos". Y no podemos olvidar además, la célebre definición que se ha viralizado en las redes sociales en estos días con una imagen sobreactuada de campaña que señalaba por entonces: "En mi Gobierno la inflación no será un problema, cuando sea presidente la inflación no va a ser un tema", remarcó exultante.

En el país de Triaca, donde te enseñan a prepararte para las "nuevas oportunidades", se festeja con bombos y platillos la "revolucionaria" reforma laboral. Un proyecto a medida de los sectores concentrados que en mayor o menor escala tienen como objetivo la pérdida de derechos para el trabajador. Si a esta realidad le sumamos que del otro lado hay una oposición complaciente que intenta sobrevivir y le levanta la mano a las medidas antipopulares como bajarle el suelo a los jubilados; y además emergen los sectores que celebran el fracaso sin ningún tipo de autocrítica cuando millones de argentinos la pasan mal y algunos dirigentes del peronismo se debaten entre los egos del poder por encima de cualquier proyecto de país, el panorama es desolador.

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