Daniel Caraffini/De la redacción de UNO
Perón, Paraná y la potencialidad de la historia
En el día de hoy se conmemora una fecha que marca un antes y un después en la historia del país: la participación y el compromiso social como factores movilizadores de cambios, y el nacimiento de un movimiento político singular y sin parangón en el mundo, bajo la figura de Juan Domingo Perón.
Ese hombre que cosechó amores y odios, y que desde la inmortalidad sigue protagonizando la vida diaria argentina, caminó, obró y disfrutó de Paraná.
Aquella ciudad que fue alguna vez capital de la Confederación Argentina, tuvo el privilegio de contarlo entre sus habitantes, durante unos tres años, según distintos testimonios. Fue uno más de las ilustres personalidades que fueron cobijadas por la ciudad del río, del verde y de las altas barrancas.
En pocos días más se cumplirán 100 años de su llegada. En 1913, cuando Paraná celebraba su centenario de ser reconocida como pueblo independiente del Cabildo de Santa Fe, en el mes de diciembre desembarcó como primer destino de subteniente.
Durante su estadía, habitó el denominado entonces Hotel de los Inmigrantes, a escasos 200 metros del Hospital Militar, donde existía el primer casino de suboficiales de la provincia. Más tarde, entre otros lugares que ocupó, también figura una casa cercana al ya existente cementerio municipal de la Santísima Trinidad.
Pese a su presencia y protagonismo en la vida social, cultural y deportiva local, poco se ha divulgado. Parece que Paraná se encapricha por olvidar su historia, una rica tradición que podría ser un sano orgullo para sus pobladores, y también un motivo de atracción y reconocimiento de sus visitantes.
El turismo histórico es una modalidad que concentra la potencialidad cultural del lugar. Y en ello, la capital provincial no tiene nada que envidiar a otras ciudades.
Porque además de la larga estadía de Perón, aquí pasaron científicos trascendentes del siglo XIX como Charles Darwin, o estuvieron reconocidas personalidades del país y del mundo, como Manuel Belgrano, Gardel, Jorge Luis Borges, Evita, Juan Manuel Fangio y hasta el papa Juan Pablo II.
Sin embargo, el espacio público omite esas referencias, y muchos hechos significativos en la evolución histórica de la ciudad se van perdiendo, lenta y progresivamente, con el paso de los años. La transmisión oral va adaptando y modificando los relatos, que poco llegan a las nuevas generaciones.
En una ciudad que apuesta a subirse al tren del turismo que tracciona a la provincia, revalorizar su patrimonio histórico-cultural es una fructífera tarea por hacer, que amalgama a las fuerzas vivas de la ciudad y sorprende a los visitantes.
Hay una demanda real por una mayor oferta cultural y educativa, que quedó en evidencia con la realización días atrás de la Feria del Libro, que entusiasmó a locales y foráneos.
Recordar a través de señales o carteles donde vivió Perón, qué calles recorrió Evita, donde se hospedó o cantó Gardel, donde vivió y trabajó José Hernández, visitar la zona del exhipódromo Almafuerte para revivir los gloriosos Premios San Miguel que contaron con la presencia del gran Irineo Leguizamo, o el suelo pisado por Juan Pablo II, son otra buena jugada a la conquista del turista y a mantener la llama viva de la historia de la ciudad, en el año del Bicentenario.















