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El país en un 2 de abril

Lunes 01 de Abril de 2019

Mantener viva la memoria sobre lo sucedido en Malvinas, no solo es ser fiel a un profundo y justo sentimiento colectivo nacional afianzado desde niños, sino también honrar la memoria de miles de compatriotas, jóvenes de 18 años, que dejaron su vida en el "suelo más querido".
Mucho se ha escrito y dicho sobre lo que constituyó esa aventura militar, un escape del gobierno de facto para evadir problemas internos. Una mirada retrospectiva arroja luz también sobre otras características como pueblo, que parecen mantenerse inmutables, desde aquel lejano 1982, a lo largo de todos esos años y hasta la actualidad.
Inmersa en un contexto de falta de libertades y de terrorismo de Estado, Argentina estaba sumida también –una vez más, y como siempre– en una grave crisis económica: la inflación era de 150% anual; como nunca se asistía a una caída del salario real estrepitosa; la distribución del ingreso era cada vez más concentrada; había una constante devaluación de la moneda; la deuda externa seguía aumentando; el crecimiento del Producto Bruto era nulo; la Nación se vaciaba al contraer deudas internacionales para hacer frente a gastos e inversiones improductivas o para subvencionar el dólar en el tipo de cambio; la desocupación era alta; las fábricas cerraban por la importación de productos extranjeros más baratos; la educación, desde la Universidad hasta la escuela primaria estaba sujeta al régimen militar, la libertad individual era un concepto teórico más que una práctica cotidiana; la corrupción cundía.

El gran descontento de la población culminaría el 30 de marzo en la mayor manifestación sindical de los últimos seis años, en protesta contra la política económica gubernamental. El saldo de detenidos ascendería a 2.000 personas.

Durante los primeros días del mes de abril de 1982 se conoció que el costo de vida de marzo subió un 4,7%; mientras que el nivel general de precios registró un incremento del 4,5%. En los últimos doce meses de aquel año se había producido un alza general de precios del 146,4%; mientras que en los dos primeros meses del año la suba alcanzó el 11,9% y 5,3% en febrero.

A partir del momento que se hizo público el desembarco en Malvinas, la dictadura anunció también, con la intención de que "la ansiada unidad nacional diera sus frutos al régimen", la libertad de los detenidos cuatro días antes, en el marco de la movilización de protesta realizada por los trabajadores contra la política económica del gobierno.

En el aspecto económico, la jornada cambiaría del 1º de abril de 1982 vivió los avatares propios por el inminente desembarco argentino en las islas, destacándose el aumento de la demanda de dólares.

La divisa norteamericana llegó a cotizarse ese día en 12.300 pesos, tipo vendedor; pero el cierre se efectuó a 11.500 pesos y 12.000 pesos, producto de la intervención oferente de los bancos oficiales sobre el cierre, por lo que los precios fueron poco menos de 1% superiores a los del día anterior. Los tres bancos oficiales de entonces (Nación Argentina, Nacional de Desarrollo y Ciudad de Buenos Aires) volcaron a la plaza unos 100 millones de dólares. De esta manera, se continuó la tendencia evidenciada a lo largo del mes de marzo, cuando los bancos oficiales concurrieron con su oferta a regular la plaza.

Deseos de una engañosa unidad nacional, alta inflación, falta de empleo, devaluación, endeudamiento externo, destrucción de la industria nacional, situaciones que se han repetido a lo largo de más de tres décadas y están hoy presentes en el escenario social y económico.

La consecuencia más fatal del conflicto bélico ocurrido durante 74 días en las listas Malvinas, es el saldo de casi 700 soldados argentinos muertos. A esto debe sumársele los que fallecieron en todos estos años por las secuelas de la guerra, y la gran cantidad que quedó incapacitada física y mentalmente; muchos de ellos no volverían a tener una vida normal, pues por siempre convivirían con las atrocidades de la guerra.

El reconocimiento a los héroes de Malvinas aún es una cuenta pendiente, más allá de leves progresos. Y está claro que como sociedad, con la sola excepción del avance en los derechos humanos, tampoco se observa que hayamos aprendido de las lecciones de la historia.

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