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Quieren que el semáforo fluvial se rescate como monumento

La torre de 40 metros de altura erigida en 1916 fue un ícono del crecimiento de Paraná. Vías Navegables y el municipio planean restaurarla para que recobre su valor histórico y cultural

Viernes 23 de Noviembre de 2012

A simple vista es una más de las torres que están ubicadas en el Puerto Nuevo de Paraná y de la que la mayoría de la gente desconoce sus funciones.


Habitualmente pasa desapercibido al tránsito de los automóviles o de los transeúntes que circulan por el lugar. Sin embargo, el primer semáforo fluvial que se instaló en el río Paraná encierra una gran riqueza histórica.
A principios del siglo XX la capital provincial era una ciudad con actividad fluvial. El trajín de los barcos fue creciendo considerablemente y fue necesario adecuar las condiciones que posibilitaran seguridad.


Desde la Dirección de Vías Navegables, José Romero contó a UNO: “En 1916 la cantidad de buques que llegaban al puerto era cada vez mayor y se necesitaba un sistema de señalización acorde, por lo que en un principio se instaló un semáforo de 18 metros, que se divisaba bien durante el día, pero al caer la tarde se complicaba su visibilidad porque era muy bajo y se confundía con el paisaje”.


Frente a este panorama, las embarcaciones solo podían circular de manera limitada, hasta cierta hora del día. “En esa época, a principios de 1900, no se contaba con los sistemas de comunicación que tenemos en la actualidad, ni Internet, ni sistemas de radio. Se definió entonces encomendar a la Dirección de Hidráulica -que así se llamaba por entonces la dependencia- que generara una forma de señalización más moderna”, afirmó Romero.


Lo que se hizo fue replicar un semáforo inglés ubicado sobre el Río de la Plata, copiando su disposición y sus medidas exactas. La característica particular que tenía este semáforo era su altura: 40 metros. En su parte superior se colocaron unas esferas para indicar a los navegantes la ubicación y la profundidad del río. “Cada esfera que estaba de la torre hacia el río representaba cinco pies de profundidad. Del eje de la cruz hacia el continente representaba la unidad. Si se plegaba entero el semáforo y tenía cuatro esferas del otro lado, es porque había 24 pies de profundidad total”, describió Romero, quien en la actualidad es el encargado de Ceremonial y Protocolo de la Dirección de Vías Navegables y fue uno de los impulsores del rescate cultural y la reconstrucción histórica de los principales aspectos que transformaron a Paraná en ciudad portuaria. “El semáforo posibilitó su crecimiento como ciudad, la aceleración de su intercambio cultural y comercial, y también su integración con el mundo, ya que era un puerto de ultramar”, aseveró.


Tras reunirse con referentes de Alumbrado Público de la comuna para determinar de qué forma se van a restituir las luces, se aguarda a la brevedad un encuentro con otras áreas del municipio para su concreción.

Recuperar la historia
Hace un año se concretó una serie de muestras fotográficas dando cuenta de la actividad portuaria y del organismo que hoy se llama Dirección de Vías Navegables. En este marco, se planificó la creación de un museo temático.
“Este proyecto, que es un área cultural y didáctica, servirá para recuperar no solo la identidad portuaria, sino también preservar el patrimonio histórico que hay en la División”, comentó José Romero.


En este espacio, que aguarda la aprobación oficial, se concentran fotografías, negativos y diversos elementos que formaron parte de las tareas que se desarrollaron allí desde principios del siglo pasado.

Un símbolo que estuvo a punto de transformarse en chatarra
Con la incorporación del semáforo fluvial muchos cambios llegaron a Paraná.
La gran torre funcionó hasta la década del 70, aunque con la aparición de otros métodos para trazar los datos que se requieren para la navegación fue perdiendo vigencia y se convirtió en un símbolo. José Romero expresó que fue el primer semáforo con estas características en el río Paraná.


En este marcó, indicó cómo funcionó durante décadas: “En la parte superior se le pudieron colocar luces, que estaban en concordancia con cada esfera, que se izaba o se arriaba según se requiriera. Entonces la lectura pudo hacerse de noche y esto posibilitó que el puerto pudiese trabajar a pleno las 24 horas”.


Los años pasaron y la gran mole de hierro entró en desuso. Sin ninguna utilidad aparente, se instruyó su desmantelamiento. “Eso fue en la década del 90, pero junto a los compañeros de la repartición nos opusimos a un decreto que autorizaba la venta de este semáforo como chatarra. Gracias a la protesta que hicimos en el Puerto, la medida se dejó sin efecto y logramos salvar parte del patrimonio que nos pertenece a los paranaenses”, manifestó.


Ahora resta adecuarlo, conservando sus características originales. “No es tanto el dinero. Alumbrado ya tiene un estimativo de lo que corresponde a iluminación y se necesitan además cabos de acero para reforzar la estructura. Y está pendiente restaurar las esferas para que se tenga un trabajo acabado. Si trabajamos en conjunto es factible recuperarlo”.


“Siempre se quiso rescatar como patrimonio de la ciudad, pero nunca había presupuesto; no es mucho lo que se requiere”, aseguró por último Romero, quien se mostró esperanzado de ver muy pronto plasmado este emprendimiento, que formará parte de los atractivos turísticos de la capital provincial.


 

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