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"Veníamos del corralito y robar un banco era poético"

Guillermo Francella interpreta a Luis Vitette en el filme que está próximo a estrenarse. El jueves se cumplen 14 años del asalto al banco.

Domingo 12 de Enero de 2020

El jueves se cumplen 14 años de uno de los asaltos más espectaculares de la historia policial argentina: el robo a la sucursal de Acassuso del Banco Río. Las circunstancias, la logística, los involucrados y los detalles fueron desarrollados como un proyecto cinematográfico por Fernando Araujo, un joven de clase media alta de San Isidro. Un supuesto robo exprés sería la fachada y la distracción para vaciar las cajas de seguridad.

Mientras negociaban con la Policía, pedían pizzas, tenían bajo control a los rehenes con armas de juguete y hasta le festejaban el cumpleaños a uno de ellos, en el subsuelo se preparaba la huida de la banda con unos 25 millones de dólares y 80 kilos de joyas. “En barrio de ricachones, sin armas ni rencores, es sólo plata y no amores”, decía un cartelito que colgaron los ladrones a modo de despedida.

Con esa trama, y basándose en el libro Sin armas ni rencores de Rodolfo Palacios, el director Ariel Winograd, rodó El robo del siglo, que se estrena el jueves en distintas salas del país con Guillermo Francella y Diego Peretti en los roles protagónicos. Francella, a punto de regresar al teatro con la versión de la exitosa tira Casados con hijos (Ver aparte), interpreta a Luis Vitette, uno de los personajes clave de esta historia que calificó como “uno de los hechos delictivos más emblemáticos de Argentina y uno de los más importantes del mundo”. El elenco se completa con Luis Luque, Pablo Rago, Rafael Ferro y Mariano Argento, además de Peretti, en el rol de Araujo, que fue coguionista del filme.

—¿Qué te interesó del personaje y de la historia?

—La historia me atrajo siempre, es uno de los hechos delictivos más emblemáticos de Argentina y uno de los más importantes del mundo. Me sedujo la idea, la propuesta, la producción que está absolutamente decidida a generar el evento de lo que fue el hecho delictivo en sí y convertirlo en una película que esté a la altura, que no haya ausencia de nada. Es una megaproducción, y además trabajar con Ariel Winograd, con Diego Peretti, un combo que me atrajo, además del universo del robo.

—¿Cómo abordaste tu personaje de Vitette, que fue una de las figuras clave de la historia?

—Tuvieron mucho que ver los ensayos, los cambios de tono. Es una película que tiene mucha tensión y hay momentos de humor. Era una línea muy delgada que teníamos que encontrarle. La idea no era copiar o hacer una imitación de Vitette, sino encontrar rasgos de su conducta, explorarlos y ver muchas entrevistas que dio, encontrar esa impronta para responder muy singular, muy histriónico. Fue un placer transitar ese personaje.

—¿Estuviste en contacto con él?

—Hablé con él dos veces telefónicamente. Él no puede entrar a Buenos Aires, pero sí con Araujo que es el coguionista que nos dio bastante información y logística de cómo se había perpetrado el robo.

—Araujo es coguionista y en la película aparecen cameos de algunos de los integrantes reales de la banda. ¿Cómo fue esa experiencia?

—Fue un cameo de alguno de ellos donde estuvieron en algunas situaciones, tomando un helado, siempre con intervenciones pequeñas como para participar, pero Araujo era el más activo porque fue el cerebro de la historia y también el coguionista. De esa manera teníamos información precisa de lo que pasaba adentro del banco con él y fuera del banco con la gente del grupo Halcón de la Policía. Fue un proceso interesante, se investigó y se trabajó mucho. Estoy muy orgulloso de lo que vamos a mostrar a partir del 16 de enero.

—¿Qué tiene para contarle a la actualidad esta historia? ¿Los bancos siguen siendo los villanos y los ladrones en ocasiones adquieren un perfil épico o de Robin Hood?

—Así se lo tomó, es la empatía que tomó en la gente. Veníamos de la estafa del corralito y obviamente que robarle a un banco, sin heridos, sin muertos, tratando bien a la gente, fue una cosa muy poética, muy romántica en todo sentido, inusual, original, ingeniosa. Era un tablero de ajedrez. Eso obviamente generaba sonrisas en la gente, no para darle la plata a los buenos, eso no porque la plata se la quedaron ellos, pero sí robar al banco. Fue muy interesante.

—¿Hoy se roba más con tecnología?

—Absolutamente, aquello fue algo artesanal, una cosa maravillosa. La picardía, hacerles creer que era un robo exprés y era un robo de bóveda, robar con armas de plástico porque sabían que después de la masacre de Ramallo había un protocolo de toma de rehenes que ellos sabían que nunca iban a entrar a disparar. Ellos estaban muy informados y con muchos datos. El negociador también fue clave y un montón de cosas que se hicieron para dilatar y dilatar.

—¿Qué diferencia a estos delincuentes de ladrones de guante blanco, empresarios, exfuncionarios?

—Estos cometieron un delito de un modo muy particular y original y purgaron su condena. A veces, esa gente capaz que ni purga condena. Diferenciarlos es entrar en otro terreno, pero me parece que por eso estos ladrones resultaron tan empáticos con la gente.

Una aventura con comedia

Ariel Winograd aseguró que El robo del siglo es “una gran aventura” basada en el libro Sin armas ni rencores, de Rodolfo Palacios, y que “tiene una comedia natural a partir de todo lo que sucedió”, fiel al estilo de cine que marcó su carrera. Winograd impactó desde el inicio con su ópera prima Cara de queso (2006) una historia que trataba en tono de comedia el asedio que sufría un grupo de chicos judíos por parte de sus compañeros durante sus vacaciones en un club.

   Luego vendrían Mi primera boda (2011) basada en las propias vivencias de Winograd y su esposa durante su fiesta de casamiento, con las actuaciones de Natalia Oreiro y Daniel Hendler. Le siguieron Vino para robar (2013), con Valeria Bertucelli y Daniel Hendler; Sin hijos (2015), con Diego Peretti y Maribel Verdú; Permitidos (2016), con Lali Espósito y Martín Piroyanski y Mamá se fue de viaje (2017), con Diego Peretti y Carla Peterson. Actualmente está trabajando en Hoy se arregla el mundo, con Leonardo Sbaraglia, Natalia Oreiro, Luis Luque y Charo López, sobre un padre que tiene una relación distante con su hijo hasta que se entera de que no es su hijo y lo ayuda a encontrar a su verdadero padre.

   Según contó el director, su interés por el episodio se dio a partir de las posibilidades que ofrecía por su potencial narrativo. “Me pareció muy interesante la historia para contar desde los aspectos narrativos, contar quiénes eran estos personajes, cómo se les ocurrió, cómo fueron los hechos ahí adentro, tenía elementos para contar dentro de este género como una gran aventura”.

   El robo al Banco Río es considerado, según algunos, como uno de los robos más espectaculares de la historia argentina y uno de los mejores del mundo.

En ese sentido, Winograd aclaró que su interés no implica darle su aprobación como hecho delictivo. “Obviamente que me interesó sin avalarlo, siempre desde el terreno de la ficción, porque desde el lugar narrativo es una historia que planteaba muchos desafíos para encarar. Me atrapó mucho el desafío de contar la historia. Obviamente que algunos nombres fueron modificados y hay tramas ficcionadas en función del guión, pero un 85% es real. No se tocó mucho”, señaló.

   Fernando Araujo, el ideólogo del robo, se transformó en una celebridad vinculada con Andrés Calamaro, Gastón Gaudio, el baterista y bandoneonista Fernando Samalea y el cineasta Luis Ortega, y actualmente prepara el guión de su próxima película, además de haberse desempeñado como coguionista de El robo del siglo. Según Winograd, Araujo “fue una fuente de consulta, narrativamente hablando. Obviamente esta película está basada en el libro de Rodolfo Palacios, Sin armas ni rencores donde cuenta la historia”.

   A pesar de ser un hecho delictivo, el director dijo que algunos detalles permitieron imprimir un tono de comedia al filme. “Tiene una comedia natural a partir de lo que sucedió, nada está puesto de manera forzada para generar comedia o hacer algo forzado. Imaginate la historia de un grupo de cinco personas, uno de ellos tiene que ir a estudiar teatro para hacer todo un guión actuado de que era un supuesto robo exprés a un banco y montar un espectáculo para el afuera mientras que, sin que nadie sepa, habían hecho un boquete llevando la plata por otro lado. O cuando hay un momento en el que le festejan el cumpleaños a una de las rehenes antes de liberarla. Los elementos de comedia están dados por lo absurdo y es lo que sucedió”.

   El cine siempre tuvo fascinación por los robos espectaculares, al punto de revestir el hecho o a sus protagonistas con un espíritu épico o romántico. Aunque el director coincidió en ese punto, señaló las diferencias con su filme: “En este caso no hay una intención de plantearlos como héroes, sino de tratar de contar lo que sucedió. Incluso el personaje de Miguel Sileo, que es el negociador, que lo interpreta Luis Luque, no busca nada de apología ni plantarse en ese lugar. Desde lo romántico sí, creo que fue un robo romántico por algunos elementos como utilizar réplicas de armas, dejar un cartelito para que lo vean todos. Tiene esos elementos que lo hacen particular, pero ellos sabían que por el protocolo y por la masacre de Ramallo no iba a entrar la Policía. Tenían muy estudiado todo lo que iba a pasar. Respetaron un guión. En cada etapa tenían en claro qué querían hacer. Desde ahí sí hay algo romántico, pero no romántico a lo Robin Hood”.

   Se cumplen 14 años del robo y por la fecha en que sucedió, Winograd dijo que se trata del “último robo analógico”.

“A partir de este robo cambiaron todas las medidas de seguridad de los bancos, hubo un cambio de época tecnológico muy fuerte, desde los celulares, la información que llegaba sólo por los canales de aire y cable. No creo que esto se pudiera hacer en este momento porque era otra tecnología”.

“Casados con hijos”, al teatro

“Es Casados con hijos, la esencia de eso no lo podés modificar”. Así definió Guillermo Francella la propuesta con la que regresará al teatro porteño durante la temporada de verano. “Estamos muy entusiasmados y contentos con eso y con mucha expectativa”, agregó sobre la pieza basada en el exitoso programa de 2005 que llegó a medir casi 30 puntos de rating y que fue una adaptación local de la estadounidense Married with Children. Francella, Florencia Peña, Luisana Lopilato y Darío Lopilato volverán a interpretar a los integrantes de los Argento en el teatro Gran Rex a partir del 12 de junio.

“Fue un programa que estuvo vigente durante 15 años ininterrumpidos con una audiencia muy alta”, dijo el actor sobre el ciclo que, luego de las dos temporadas originales, continuó emitiéndose como repetición en la pantalla chica. “Por supuesto que habrá algunos cambios porque los contextos han cambiado. Vamos a ver, están trabajando el libro, la adaptación, tirando ideas”, añadió sobre la obra en la que además se desempeña como director. “Fue un humor que gustó mucho, un humor políticamente incorrecto por donde se lo mire, había una complicidad notable entre todos y atrajo muchísimo a la gente. Nunca imaginamos que iba a generar ese nivel de audiencia”, completó.

Rodolfo Palacios, el autor del libro

El periodista y escritor Rodolfo Palacios es el autor de Sin armas ni rencores, que relata detalladamente el episodio en el que se basa El robo del siglo.

Palacios es conocido por su crónica de sucesos y su labor en diarios y revistas, además de su colaboración en medios televisivos y radiofónicos. Palacios fue también el autor de otros libros basados en famosos hechos policiales. Fueron los casos de El clan Puccio y El ángel negro, sobre el asesino Carlos Robledo Puch. Ese libro dio origen a la película El ángel, ganadora de 20 premios y de la cual fue guionista.

La trascendencia del trabajo está dada porque fue la primera vez en casi 10 años que habló Fernando Araujo, el ideólogo y líder del asalto, descripto como “un artista plástico criado en San Isidro, experto en artes marciales y cultivador de marihuana que planificó el robo más audaz de la historia del crimen en la Argentina”.

El trabajo reúne entrevistas con seis de los integrantes de la banda y documentación desconocida hasta ese momento.

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