Como una experiencia de exploración artística terminó convirtiéndose en una serie que llamó la atención de los integrantes de No Te Va Gustar.
11:59 hs - Domingo 11 de Octubre de 2026
La artista visual fue nominada a los premios Latin Grammy por el diseño de la tapa de Florece en el Caos, el álbum de No Te Va Gustar. En diálogo con UNO, contó cómo una serie de obras que creó hace alrededor de 20 años, inspirada en los discos de su infancia, llegó a convertirse en parte de un proyecto musical que trascendió fronteras.
Una serie de obras nacidas de la experimentación artística y de los recuerdos de su infancia terminó encontrando un destino inesperado: convertirse en la identidad visual de un disco de No Te Va Gustar y llegar a los premios Grammy. La artista visual Mariana Villafañe fue nominada por el diseño de la tapa de Florece en el Caos, un trabajo que sintetiza años de búsqueda creativa, exploración de materiales y una manera particular de interpretar el mundo.
En diálogo con UNO, Villafañe repasó el recorrido que la llevó a trabajar con la banda uruguaya, explicó el origen de las obras elegidas para el álbum y reflexionó sobre la responsabilidad de los artistas, la evolución permanente y la necesidad de mantenerse fieles a la propia identidad.
Recuerdos de su infancia
La historia detrás de la tapa tiene un componente personal que la artista no imaginó que terminaría conectado con una producción musical de semejante alcance. Las obras que eligió No Te Va Gustar pertenecen a una serie que Villafañe había desarrollado aproximadamente dos décadas atrás, a partir de una técnica que combinaba papeles calados, distintas capas y la búsqueda de volumen.
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Para crear aquellas piezas, la artista utilizaba los calados de papel sobre el tocadiscos que había pertenecido a su papá. Con un marcador colocado en la punta, el movimiento del aparato generaba los trazados que después se convertían en parte de sus composiciones visuales.
Ese procedimiento estaba ligado a un recuerdo de su infancia: un disco de Wish You Were Here, de Pink Floyd, que formaba parte de la colección de su padre. Lo que comenzó como una experiencia de exploración artística terminó convirtiéndose en una serie que, muchos años después, llamó la atención de los integrantes de No Te Va Gustar. Según explicó, los músicos desconocían ese origen cuando se interesaron por las obras.
La artista destacó precisamente esa conexión inesperada entre el pasado y el presente. Las piezas que nacieron de una experiencia íntima terminaron formando parte de un proyecto colectivo que alcanzó a un público mucho más amplio. “Es como una especie de energía que se va transmutando casi sola. Porque nunca imaginé que iba a terminar así”, expresó.
Colaborar con No Te Va Gustar
El vínculo con la banda se construyó a partir de una identificación con sus búsquedas artísticas. Villafañe contó que había quedado especialmente impresionada con la presentación de No Te Va Gustar junto a la Filarmónica de Medellín, una experiencia en la que reconoció la voluntad del grupo de explorar nuevos caminos y trabajar con otros artistas. “Me voló la cabeza porque noté que la banda tiene eso: esas ganas de cambiar, colaborar y de trabajar con otros”, recordó.
A partir de ese acercamiento, se produjo el intercambio entre la artista y los músicos. Villafañe relató que recibió una respuesta positiva sobre su trabajo y que luego la contactaron porque la banda estaba preparando un nuevo disco.
La colaboración demandó alrededor de un año y medio de trabajo. Durante ese proceso, los integrantes de No Te Va Gustar visitaron su estudio y avanzaron en una propuesta que adaptó las obras originales al formato de la tapa del álbum.
La experiencia también implicó que aquellos trazados y formas excedieran el diseño de la cubierta. Según relató la artista a UNO, las líneas de sus obras fueron utilizadas para desarrollar otros elementos vinculados con la propuesta visual del grupo, entre ellos diseños aplicados a prendas y recursos audiovisuales para el escenario, que se pueden ver en las presentaciones de la gira de la banda en la presentación del disco.
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Uno de los momentos más significativos llegó cuando asistió a la presentación del grupo en Ferro. Allí pudo observar cómo las imágenes que había creado se integraban a la experiencia del público.
“Yo lloraba”, recordó sobre aquella presentación. La emocionó ver a personas que llevaban remeras con los trazados inspirados en su obra y a familias que compartían esa experiencia musical.
Su carrera
Aunque el arte estuvo presente desde su infancia, el camino profesional de Villafañe no fue lineal. En su casa había una relación cercana con la pintura y ella también exploraba esa práctica de manera espontánea. Sin embargo, durante una etapa de su vida tuvo que priorizar el trabajo y otras responsabilidades.
Antes de profundizar su formación en artes visuales, le interesaba la arquitectura, pero no pudo terminar esa carrera por cuestiones económicas. También fue madre joven (25) y continuó trabajando mientras sostenía su vínculo con la producción artística.
Las obras que realizaba circulaban inicialmente entre amigos y familiares, hasta que una amiga la impulsó a profesionalizar esa actividad. A partir de allí retomó sus estudios y se formó en artes visuales, una elección que valoró por la amplitud de posibilidades que ofrece la disciplina: "Da mucha libertad".
Su formación incluyó estudios en el IUNA y la participación en un programa para artistas de la Universidad Torcuato Di Tella, donde también tuvo acceso a clases abiertas, seminarios y otras instancias de intercambio. Desde hace alrededor de 20 años expone profesionalmente en galerías de arte.
En la actualidad, continúa trabajando en distintos proyectos y profundizando su formación. Durante la entrevista mencionó su participación en una residencia artística vinculada con Ad House, en Buenos Aires, con el apoyo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero.
La artista también contó que se encuentra preparando obras para una muestra en el Palacio Libertad (Ex CCK), que incluiría una pintura de cinco metros y piezas con movimiento. Además, recordó una experiencia expositiva en Brasil, donde sus trabajos tuvieron una importante presencia.
Su recorrido está atravesado por la experimentación con diversos materiales, la incorporación de tecnología y el desarrollo de obras que no se limitan a la producción de objetos estáticos.
El arte como una forma de interpretar el mundo
Para Villafañe, el trabajo de un artista visual no consiste solamente en producir una pieza estéticamente atractiva. Detrás de cada serie hay ideas, preguntas y reflexiones que buscan construir una mirada sobre determinados aspectos de la realidad.
En ese sentido, consideró que la posibilidad de exhibir una obra en museos, instituciones y espacios a los que accede una gran cantidad de personas también implica una responsabilidad. “Tenés la posibilidad de darle tu mirada al mundo. Y eso es una gran responsabilidad”, sostuvo.
Sus producciones suelen estar vinculadas con escritos, ensayos filosóficos y literatura. Esa relación forma parte de la dimensión poética que busca incorporar a sus obras y de la conexión que intenta establecer con quienes las observan.
La artista explicó que una pieza puede despertar afinidad, rechazo, preguntas o sensaciones difíciles de expresar. En todos los casos, considera que esa reacción tiene un valor y merece ser explorada.
También trabaja sobre la percepción del espectador y su participación frente a las obras. Algunas de sus producciones incorporan movimiento y tecnología para modificar la manera en que se experimentan los objetos y el espacio.
Una obra que todavía no llegó
La experimentación permanente también tiene una consecuencia: la sensación de que siempre es posible mejorar lo realizado. Villafañe reconoció que incluso cuando una obra lleva muchos años terminada puede imaginar nuevas formas de intervenirla, incorporar tecnología o modificar alguno de sus elementos. “Para mí, para mi mejor obra falta muchísimo todavía”, afirmó.
Esa inquietud está relacionada con su interés por los avances tecnológicos y las posibilidades que ofrecen nuevos materiales y recursos. La artista trabaja con motores y otros dispositivos, y se mantiene atenta a las herramientas que pueden ampliar su lenguaje visual.
Esos reencuentros también le permiten reconocer las ideas que tenía en distintas etapas de su vida y las posibilidades que fue incorporando a medida que adquirió nuevos conocimientos.
En un ámbito que definió como altamente competitivo, especialmente para quienes buscan trabajar internacionalmente desde Argentina, consideró fundamental sostener la formación y cuidar tanto la calidad material como el concepto de cada producción. Pero hay otro aspecto que considera central: mantenerse fiel a la propia identidad. “Conocerse bien, trabajar y conocerse a uno mismo y ser fiel a quien uno es”, resumió.
Hacer que el arte dialogue con el público
La búsqueda de Villafañe también incluye una preocupación por la relación entre las obras y quienes las observan. Si bien reconoce que el arte contemporáneo puede plantear preguntas complejas, considera que esa profundidad no debería convertirse en una barrera para el espectador.
Durante la entrevista, advirtió que en ocasiones una producción necesita demasiadas explicaciones para que el público pueda comprender qué propone. Para ella, ese es un desafío que requiere trabajo y revisión durante el proceso creativo.
“Tenés unas ideas maravillosas, pero después el espectador entra en la sala del museo y dice: ‘No tengo idea qué es esto, qué me está hablando’”, reflexionó.
Por eso, busca que sus obras sean capaces de generar una experiencia y una conexión, sin que necesariamente sea preciso conocer toda la explicación conceptual que existe detrás de ellas.
Aquello que comenzó con papeles, movimientos circulares y un disco que perteneció a su padre terminó formando parte de la identidad visual de No Te Va Gustar y llevó su nombre a una nominación internacional. Un recorrido inesperado que reúne memoria, experimentación y la capacidad del arte de encontrar nuevos destinos.