Día de la Juventud: adaptación a nuevas rutinas, la exigencia académica y el alejamiento familiar pueden generar malestar emocional y afectar la vida cotidiana.
07:47 hs - Miércoles 12 de Agosto de 2026
Cada 12 de agosto se conmemora el Día de la Juventud, una fecha que invita a reflexionar sobre los desafíos que atraviesan los jóvenes en una etapa marcada por cambios y nuevas responsabilidades. Para muchos, este período coincide con el ingreso y el tránsito por la universidad, donde las exigencias académicas se combinan con decisiones sobre el futuro, la construcción de nuevos vínculos y, en algunos casos, el alejamiento de la familia.
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“Asumen mayores niveles de autonomía y responsabilidad, construyen nuevos grupos de pertenencia y, en muchos casos, se alejan de sus familias y de sus redes habituales de apoyo”, explicó la licenciada Cristina Lovari, psicóloga y directora del Departamento de Alumnos de la Fundación Barceló.
La especialista señaló que adaptarse a una nueva ciudad, reorganizar las rutinas y separarse de los vínculos afectivos más cercanos puede representar un desafío emocional significativo. A esto pueden sumarse las preocupaciones económicas, el temor a equivocarse y la presión por sostener el ritmo de una carrera.
Problema de salud mental
En este contexto, sentir ansiedad no implica necesariamente atravesar un problema de salud mental. Se trata de una respuesta humana ante situaciones nuevas, inciertas o exigentes. La diferencia radica en la intensidad y persistencia de los síntomas y en el grado en que interfieren en las actividades cotidianas. “No todo malestar constituye una enfermedad”, remarcó Lovari.
Una revisión global publicada por Paiva et al. en 2025 encontró síntomas de ansiedad, al menos leves, en aproximadamente cuatro de cada diez estudiantes universitarios. El resultado no representa una estimación de diagnósticos, pero permite dimensionar la presencia de este tipo de malestar entre los estudiantes.
Cuando la ansiedad no se reconoce
La ansiedad no siempre es identificada como tal por quienes la atraviesan. En los espacios de orientación, las consultas pueden comenzar con expresiones como “no puedo concentrarme”, “no logro organizarme” o “tengo miedo de volver a rendir”.
Detrás de estas situaciones pueden encontrarse la presión académica, el temor a desaprobar, las dificultades de adaptación, conflictos personales, la necesidad de combinar estudio y trabajo o las preocupaciones económicas.
La vida universitaria también puede poner en primer plano otro factor: la soledad. Un estudio internacional realizado en ocho países por Abdalla et al. y publicado en 2026 en Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, sobre casi 8.000 adultos, encontró que cerca de cuatro de cada diez participantes manifestaban sentirse solos. Entre los jóvenes de 18 a 24 años, la proporción se aproximaba a uno de cada dos.
Un estudiante puede estar rodeado de compañeros y, aun así, sentirse solo. “No se trata solamente de estar rodeado de personas, sino de sentir que existen vínculos disponibles, confiables y respetuosos a los cuales recurrir”, sostuvo Lovari.
Señales para prestar atención
Entre los indicadores de que la ansiedad puede estar afectando la vida cotidiana se encuentran la preocupación intensa o difícil de controlar, irritabilidad, inquietud, dificultades para concentrarse, alteraciones del sueño, palpitaciones, mareos, tensión muscular, aislamiento y abandono de actividades habituales.
Los ataques de pánico, en tanto, se caracterizan por la aparición repentina de un malestar intenso que puede incluir falta de aire, palpitaciones, temblores, sudoración, mareos, dolor en el pecho o sensación de pérdida de control.
La aparición de un episodio aislado no implica necesariamente un trastorno de pánico. Sin embargo, cuando los síntomas se repiten, se prolongan o interfieren con las actividades habituales, resulta importante recurrir a una evaluación profesional.
El rol de la universidad
En este escenario, las instituciones educativas pueden desempeñar un papel importante en la detección temprana y la orientación. Docentes, tutores, autoridades, equipos institucionales y los propios estudiantes pueden convertirse en referentes para quienes atraviesan una situación de malestar.
“Docentes, tutores, autoridades, equipos institucionales y estudiantes podemos constituirnos en referentes para quienes nos rodean”, planteó la especialista.
Los cambios de conducta
Escuchar sin juzgar, prestar atención a los cambios de conducta y conocer los espacios de asistencia disponibles son acciones que pueden contribuir al cuidado de la salud emocional.
En ocasiones, el acompañamiento puede comenzar con una pregunta sencilla, pero significativa: “¿Cómo estás?” o “¿Necesitás ayuda?”.