Viernes 15 de Diciembre de 2023
Eugenio Olivera alcanzó un nuevo objetivo en su corta carrera. El delantero, de 23 años, se coronó campeón del campeonato de Segunda División Profesional de Uruguay con Sportivo Miramar Misiones, un equipo humilde de Montevideo. De esta manera, el Mil Rayitas retornó al círculo superior del fútbol del vecino país después de 15 temporadas.
El atacante nacido en Concordia cruzó el charco en el segundo semestre del año. La falta de oportunidades en Atlanta, club propietario de su pase, lo llevó a buscar nuevos desafíos. El 8 de agosto la cuenta oficial del conjunto montevidiano anunció el arribo del delantero que se formó en el semillero de Independiente.
Oli dejó las comodidades de su hogar en plena adolescencia. La ilusión por edificar una carrera deportiva lo llevó a trasladarse a Avellaneda para incorporarse a las formativas del Rojo. Tras quedar en libertad de acción en el Rey de Copas inició su derrotero que incluye pasos por Juventud Unida de Gualeguaychú, Atlanta, Sacachispas y General Lamadrid.
Su currículum remarca tres ascensos. Salto de la B Metropolitana a la Primera Nacional con la camiseta del Bohemio del barrio porteño de Villa Crespo, con el Lila de Villa Soldati. A estos logros se sumó el reciente premio que celebró en el fútbol charrúa. Claro que este tiene un condimento extra que lo marcó a flor de piel.
Eugenio Olivera trasladó su sueño de gloria a Uruguay
“Con Miramar Misiones salimos campeón”, chapeó. “Se puede ascender de categorías de diferentes manera. Podes subir de nivel a través de un reducido o un repechaje, pero este quedó más marcado porque salimos campeones. En Uruguay ascienden tres equipos a Primera División, pero uno solo sale campeón”, añadió el delantero, en diálogo con Ovación.
El desenlace de la película fue el que proyectó cuando se sumó al Mil Rayitas. Eugenio fue captado por los flashes en la celebración del plantel. En ese momento todo fue alegría y emición. Asimismo pasó por diferentes escenarios durante los cinco meses que defendió el escudo del conjunto charrúa.
“Al principio costó. Uno tal vez no se da cuenta, pero el hecho de estar alejado de mi familia en Buenos Aires me llevó a edificar muchas amistades. Volver a estar solo lo sentí. Me costó la adaptación desde ese lado. Después estuve más tranquilo. Acepté ese periodo. Pero todo se vio reflejado en la cancha”, describió.
“Me sumé para competir en la segunda etapa de la temporada. Llegué y a los pocos días arranqué a jugar de titular. Después fui intercambiando con otros compañeros porque no estaba en mi mejor nivel y lo sentí. Al final del campeonato levanté el nivel. La adaptación debía ser rápido, pero me costó”, profundizó.
Toda experiencia deja enseñanzas. Ayuda a crecer y madurar para asumir próximos desafíos y buscar nuevos objetivos.
“Regresé de Uruguay con una mente más abierta en cuanto a lo que es el fútbol. Siempre había jugado en Argentina y en los últimos meses estuve en otro fútbol donde hay más roce y donde la mayoría de las canchas son de sintético. A su vez las pelotas muchas veces estaban desinfladas. Asimismo me adapté a las adversidades”, aclaró.
“Esas situaciones que fui viviendo me permitió sumar. Tal vez el día de mañana se presenta una oportunidad similar y al vivirla ya sabría manejarlo. Además estar en otro país te lleva adaptarse a los ciudadanos de ese lugar y al ser argentino por momentos me sentí sólo, pero me hizo más fuerte para el día de mañana”, aseveró.
La sensación de soledad aparecieron en algunos pasajes. Asimismo recibió el calor y el afectos de los charrúas. “Me sorprendió el buen trato que tienen con las personas”, remarcó. “A los 14, 15 años me tuve que manejar solo en una ciudad como Buenos Aires. Si bien preguntaba para llegar a determinado lugar, era más por mis condiciones que por la predisposición de los habitantes de Buenos Aires, donde muchas veces los ciudadanos anda en su mundo. En cambio en Uruguay me encontré con gente que me ayudó mucho. Cuando consultaba en la calle la gente se detenía y respondía inmediatamente. Lo mismo los dirigentes de Miramar, a quienes enviaba mensajes a cualquier hora, y nunca me faltó nada. En Uruguay se toman su tiempo y te ayudan en lo que necesites”, valoró.
La camaradería de los uruguayo la recibió desde el primer contacto que tuvo con sus compañeros de trabajo: “Cuando me incorporé me recibieron con un abrazo muy grande. Me incorporaron rápido al grupo porqué no había demasiado tiempo dado que el plantel llevaba seis meses de trabajo. Noté que había un buen grupo humano. Eso fue lo principal para salir campeón”.
“Ante todas las adversidades que pasamos el grupo siguió para adelante. Nos superamos a nosotros mismos, pensamos que éramos los mejores y lo demostramos dentro de la cancha. Cuando uno estuvo mal, nos levantábamos entre nosotros para cumplir el objetivo que todos queríamos”, redondeó.
Luego de la coronación Eugenio gozó de días libres para conocer en profundidad Uruguay. “Hice un poco de turismo con mi familia”, acotó el delantero que disfruta del periodo de licencias en su Concordia natal. Recarga energías para reincorporarse en enero a Atlanta. Lo hará con la chapa de campeón.