Miércoles 14 de Septiembre de 2022
Los últimos días fueron reveladores en la causa que investiga el atentado contra Cristina Fernández de Kirchner que ocurrió hace dos semanas y las próximas jornadas de investigación judicial lo serán también. Las pericias a los 120 gigas de datos que contenía el celular de Brenda Uliarte, la novia de Fernando Sabag Montiel, desataron un tsunami de información al expediente que maneja la jueza Eugenia Capuchetti. Por fortuna, el dispositivo de la joven detenida no fue reseteado ni le borraron todo su contenido, como hizo la Policía Federal con el de su novio, el fallido gatillero, horas después del frustrado magnicidio.
La detención de Agustina Díaz fue una de las primeras medidas que permitió la revisión del celular. La amiga íntima de Uliarte, acusada de encubrimiento, también pdoría haber estado involucrada en el plan. En mensajes le recriminó a Brenda: “¿Por qué falló el tiro? ¿Cómo mandaste a este tarado? ¿Se puso nervioso?”, y le ordenaba que “borre todo” del teléfono. El peritaje de los celulares de ambas bien podría derivar en más detenciones o al menos en más pistas de la trama del atentado.
El Xiaomi de Brenda es una caja de Pandora. Ayer se conoció que con Sabag planeaban alquilar un departamento frente al edificio de Cristina. Pero además hay todo tipo de interacciones de la joven de 23 años que guían el análisis de los peritos: llamadas telefónicas, historial de ubicaciones, chats de Telegram y posteos en redes en los que agitaba “dejar de putear y pasar a las acción” contra el gobierno.
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Cantidad de indicios apuntan a la gran incógnita del caso: la famosa “banda de los copitos”, la minipyme de algodones de azúcar liderada por un tal Gabriel Carrizo y que habrían integrado Sabag Montiel, Uliarte y tres o cuatro jóvenes más. Hay pruebas en la causa de que varios hicieron tareas de inteligencia los días previos al atentado, en las inmediaciones del departamento de Cristina, camuflados con los “copitos”. Además, mensajes entre Fernando y Brenda demostraron que hubo un intento anterior de asesinar a la vicepresidenta, la noche del 27 de agosto, pero que la operación fue abortada. “Ya se me metió adentro. Ella está arriba pero no creo que salga, así que ya fue, dejá, voy para allá, quédate ahí. No traigas nada", decía el hoy imputado a su novia.
El grupo es un misterio: ¿viven de los copos de nieve o es una pantalla? En este segundo caso, ¿cómo se sustentan y quién los financia? ¿Cómo dos humildes vendedores callejeros alquilarían una residencia en uno de los barrios más caros de Buenos Aires? ¿Son cinco o seis jóvenes precarizados con ideas antiperonistas y neonazis que estuvieron a punto de cometer el crimen político más importante de la historia argentina?
En la causa no es un detalle menor la interacción de Uriarte y otros “copitos” con la agrupación antiperonista Revolución Federal y ciertas actividades de este grupo en torno al atentado. Algunos de sus dirigentes habrían hecho inteligencia antes del 1° de septiembre en el departamento de la famosa “vecina de Cristina”, sacándose fotos en el balcón e invitados a “conversar” por la mujer. La señora tiene otro papel de reparto bastante intrigante en el guión de esta historia: le subalquilaba una habitaicón a la abogada de dos líderes de Revolución Federal
Los “revolucionarios federales” salieron rápido a despegarse de los partícipes del atentado. La investigación comprobará si estaban metidos o no.
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Seguramente todos, o muchos, escuchamos apenas ocurrida la tentativa de magnicidio a muchísima gente opinar que el atentado “estaba todo armado”. Con el correr de los días y de la investigación se comprobó que efectivamente fue así: pero en el sentido inverso de esas opiniones. Estuvo armado como un plan para matar a Cristina. Quiénes estuvieron involucrados, qué alcance político o financiero tiene y cómo era realmente el plan son respuestas a esperar de los resultados de la pesquisa judicial. A veces hay que esperar antes de sacar conclusiones apresuradas y/o convenientes.
Sería raro, aunque es muy posible, que alguien todavía crea (no sepa) que todo fue (y que sigue siendo) un ardid del propio kirchnerismo, a pesar de todas las pruebas. Es propio de la era de posverdad que vivimos y de cierto pensamiento conspiranoide, que tiene la ventaja de no argumentar lo que dice, porque siempre puede cobijarse en la sospecha, a pesar de las evidencias. Pero esos debates son para otro artículo. Esta columna solamente tenía el fin de repasar hechos, que bien podrán ser absolutamente ignorados, ya que en estos tiempos de grieta: ¿quién sabe?