Historia y presente de una fábrica que cultiva la cultura del trabajo
La organización y la dinámica de trabajo en Ejemplar gira en torno a decisiones de mujeres en roles jerárquicos. Cómo funciona la Pyme en crisis intermitentes

Domingo 30 de Abril de 2023

Los grandes proyectos, dicen los que saben, se forjan a partir de una fuerte vocación por el trabajo y el deseo de alcanzar los sueños. Si bien no tenía la conciencia necesaria para entenderlo, aquella vez que plantó su primera semilla de algodón –a los 4 años– en su Villa Ocampo natal (Santa Fe), José Santiago Sellares, se abrazó a un estilo de vida y de producción que luego heredaron sus hijos y nietos. Esa primera experiencia en la infancia lo marcó para siempre y más allá que primero se dedicó a la ganadería, la fuerte influencia de la industria algodonera chaqueña lo terminó de convencer que ése era el camino. Entre semillas de algodón y una voluntad inquebrantable, Don Sellares fue cultivando una cultura del trabajo y de la producción, que con el paso del tiempo se fue perfeccionando, tanto que se convirtió en un legado familiar que es replicado en una empresa modelo de la Región Centro.

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“‘A fulano le creció el algodón, le está saliendo el algodón’”. La que se mete en el túnel del tiempo es Carolina Ribetti, nieta de Don Sellares, para dar testimonio del interés que demostraba su abuelo por el cultivo del algodón. Primero fueron sus padres y ahora ella junto a sus dos hermanos (Analía y José Augusto) mantienen vigente aquel proyecto productivo que tiene su dinámica propia: la siembra, la cosecha y el desmonte del producto. Como proveedores de la materia primera conocían la historia de la fábrica de Ejemplar, enclavada en el corazón del Parque Industrial de Paraná. Casi como la historia del país, la fábrica atravesó varios períodos de crisis e incluso sufrió el incendio de sus instalaciones, pero pese a las adversidades siempre pudo salir adelante. La familia Ribetti decidió asumir en 2011 la dirección de la empresa y desde entonces tuvieron varios desafíos acordes a la realidad económica y productiva de la planta.

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“La fábrica estuvo parada casi un año y medio y ya venía de los achaques de una gestión con problemas, y al no tener un mantenimiento adecuado, las máquinas se oxidan y se dañan. Realmente fue un trabajo duro pero gracias a Dios se sumó mi viejo que es nuestro pilar y sabe muchísimo de máquinas, mi hermano que es ingeniero textil y le encantan los fierros pone su impronta y trabaja muchísimo para que se pueda mantener. Eso hace que podamos seguir trabajando y creciendo”, dijo para contextualizar el antes y el después del cambio de autoridades.

La empresaria también se refirió a cómo se lleva adelante una Pyme en un país acostumbrado a las crisis económicas. “Es un poco la historia que nos toca y ha sido siempre así, no es algo que es nuevo. Es como que uno piensa ‘uy, la crisis’, pero mi viejo me cuenta que ya los abuelos tenían problemas para trabajar porque es la realidad que nos toca y vivimos el día a día. Pero como decía el abuelo ‘hay que levantarse y seguir, hay que trabajar todos los días para que la cosa funcione y la ruedita gire. Sino no se puede”, recalcó Ribetti en una entrevista con UNO.

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Desde el campo a la ciudad

Ejemplar cuenta con una planta de personal cercana a los 100 trabajadores, distribuidas en sus tres plantas de Santiago del Estero, Santa Fe y Paraná. Desde la primera desmontadora que tenía el abuelo materno, hasta la incorporación de maquinaria de última generación, la empresa se adaptó a las demandas del mercado actual. Son 45 los empleados de la planta de Paraná, divididos en tres turnos rotativos, que se dedican a la producción y al envasado del algodón hidrófilo. “Los turnos del envasado están a cargo de 4 a 6 chicas, durante las 24 horas del día, y después están los varones en la parte donde se inicia el proceso un poco más pesado, o que requiere un poco más de fuerza. Ahí es donde se humedece el algodón, se lo pasa por el proceso de autoclave que hace que el algodón adquiera la capacidad de absorber el agua y el secado del material. Así puede ser acondicionado y envasado para la venta”, explicó la entrevistada.

En efecto, el trabajo de las operarias es más liviano, y en el caso del envasado del algodón se requiere mucha atención y ser meticuloso. Para Ribetti la mujer suele ser “mucho más dedicada, más detallista y más puntillosa a la hora de los detalles. Además las chicas le ponen un empuje bárbaro; realmente somos mayoría en Ejemplar desde el área producción, pasando por la administración y hasta la dirección”.

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El rol de la mujer

La organización y la dinámica de trabajo de Ejemplar gira en torno a decisiones de mujeres, quienes ocupan distintos roles jerárquicos dentro de la empresa. Desde su presidenta, Analía Ribetti, en todas las áreas las mujeres han sabido ganar su espacio, siendo un aspecto para destacar desde una mirada con perspectiva de género.

Roxana es una de las operarias con mayor antigüedad en Ejemplar. Con 20 años en el rubro rescató un poco su historia entre algodones y el sonar constante de máquinas. “Empezamos trabajando en otro galpón mucho más chico, después se trasladó a su actual ubicación en 2002, dentro del Parque Industrial. Antes funcionaba enfrente de Longvie y como nos dábamos abasto nos trasladamos hasta este lugar. Este predio tiene 70 metros de ancho por 140 metros de largo. Antes hacíamos nada más que algodón, y ahora se hace algodón y rollos para pañales. Ellos dentro esperan hacer pompones de algodón”, repasó.

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La empleada cuenta que la fábrica cambió tres veces de dueños y que en todo ese tiempo las mujeres fueron mayoría en el proceso productivo: “No es por discriminar ni por desmerecer, pero las mujeres tenemos la capacidad de estar en varios sectores a la vez. O ver varias cosas a la vez, mientras que los chicos se abocan a una sola tarea. Nosotras podemos hacer múltiples tareas, desde vigilar una máquina, observar la carga del algodón y luego pesarlo”.

Sobre como es un día de trabajo en la planta señaló que “es sacrificado porque estamos trabajando con pelusa y también con máquinas, y siempre hay un riesgo cuando una trabaja con máquina por el tema de las manos. Pero es un trabajo lindo e ideal para nosotras porque no debemos hacer una fuerza excesiva. Trabajamos siete horas y media, en horarios rotativos”.

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A diferencia de algunas de sus compañeras, Roxana contó que es soltera y que esta situación en el caso de las que tienen una familia conlleva un sacrificio adicional. “Siguen trabajando en su casa, porque tenés muchas horas encima, aunque peor es no tener trabajo”, enfatizó.

Consultada por la connotación que rodea al Día del Trabajador y las conquistas que han logrado las mujeres en materia de derechos sostuvo: “Es un fundamental tener un trabajo, porque es lo que te educa para poder seguir adelante. A mí me dignifica totalmente, nadie me regala nada, sino que me lo procuro, lo produzco y me pagan por ello. Acá hay mujeres y hay hombres, lo que pasa que las mujeres estamos en el sector de producción. Pero todos somos iguales, eso es lo bueno”.