Apafadid: la noble labor de las familias que acompañan al CEMI

Desde hace más de una década, desde Apafadid trabajan para mejorar las condiciones en las que jóvenes y adultos con discapacidad realizan sus actividades.

09:29 hs - Jueves 03 de Septiembre de 2026

aEn el predio de Juan Báez 2200, donde funciona el Centro Educativo Municipal de Integración (CEMI), cada jornada combina aprendizaje, producción y recreación. Allí unos 90 jóvenes y adultos participan de talleres de panadería, dulces y conservas, sublimación, huerta y motricidad, además de propuestas terapéuticas que se desarrollan durante la tarde. Detrás de buena parte de las mejoras que permiten sostener esas actividades está la Asociación de Padres y Familiares de los asistentes a los programas de la Dirección de Integración al Discapacitado (Apafadid), conformada actualmente por 12 padres que, con el tiempo, también sumó a personas de la comunidad interesadas en colaborar.

La historia comenzó en 2012, cuando la Asociación obtuvo su personería jurídica. El punto de partida fue la donación de un amplio terreno que pertenecía al Club La Salle, que había decidido cederlo para que pudiera ser utilizado con fines sociales. A partir de allí, las familias comenzaron a gestionar junto al municipio el proyecto para construir una sede propia. “El CEMI ya tenía 32 o 33 años de existencia y estaba siempre alquilando lugares que no eran aptos para funcionar”, recordó Héctor Moretti, integrante de Apafadid.

En Apafadid realizan acciones para que los talleres del CEMI cuenten con todo lo necesario para su desarrollo

El proyecto avanzó durante distintas gestiones municipales hasta concretar el actual edificio, que cuenta con 10 aulas-taller y un estacionamiento. El nuevo espacio permitió trasladar las actividades y ofrecer condiciones mucho más adecuadas para quienes concurren diariamente.

Moretti destacó también el acompañamiento del Club La Salle y de las autoridades municipales que hicieron posible avanzar con la iniciativa. Sin embargo, aclaró que todavía quedan etapas por completar.

Aprender haciendo

Los talleres constituyen uno de los pilares del CEMI. Durante la mañana, de 8 a 12, concurren jóvenes desde los 16 años, mientras que por la tarde se desarrollan actividades terapéuticas para personas con mayores niveles de dependencia. Próximamente comenzará además un taller de talabartería.

La producción de los jóvenes no queda dentro de las aulas. Parte de lo elaborado se comercializa entre familiares, docentes y allegados. Desde pizzas y productos de panadería hasta remeras sublimadas, los talleres permiten que los participantes puedan desarrollar habilidades y poner en circulación aquello que producen.

Apafadid acompaña este proceso con la compra y reparación de herramientas. En este marco, la asociación adquirió una máquina para sublimar tazas, equipamiento para costura y recientemente una motocultivadora destinada al trabajo de huerta.

Ahora el próximo objetivo es conseguir un horno para el taller de panadería. Para ello, parte de los fondos recaudados en el bingo solidario realizado el 8 de agosto en el Club Echagüe serán destinados a esa compra. La actividad reunió a la comunidad y contó con el acompañamiento del voluntariado del Hospital de Niños y del Instituto de Ciencia del Deporte, encabezado por el doctor Néstor Lódolo.

Obras que todavía esperan

Aunque el edificio significó un cambio fundamental, Apafadid insiste en la necesidad de completar otras obras. Entre ellas se encuentran una piscina cubierta, un playón deportivo y un hogar para personas mayores que concurren al CEMI.

La piscina es uno de los proyectos considerados prioritarios, tanto por sus posibilidades terapéuticas como deportivas. Actualmente, los jóvenes pueden realizar natación gracias a la colaboración del Club Paracao, mientras que el Club Neuquén también ha facilitado sus instalaciones para distintas actividades. “Claro que no es como tenerlo en tu casa, que evita el traslado y es tan necesario”, explicó Moretti, quien señaló además que una piscina propia permitiría organizar actividades y encuentros municipales vinculados con la discapacidad.

El playón deportivo también continúa pendiente. La base ya está realizada y parte del material fue acopiado, pero resta concretar la obra. Su construcción permitiría contar con un espacio adecuado para practicar deportes y realizar actividades al aire libre, especialmente durante los días de frío, humedad o lluvia.

A esto se suma el proyecto de un hogar destinado a personas mayores, una iniciativa que todavía no logró concretarse.

Situación del transporte

Otro de los temas que preocupa a las familias es el traslado. El CEMI cuenta con dos traffics, pero las fallas mecánicas pueden interrumpir la asistencia de los jóvenes.

Para Moretti, el transporte no es un aspecto secundario: forma parte de las condiciones necesarias para garantizar la continuidad de las actividades. “Ellos no pueden quedar un día, dos o incluso meses sin traffic”, advirtió, al señalar el impacto que esas interrupciones tienen tanto sobre los jóvenes como sobre sus familias.

Actualmente la matrícula ronda los 90 asistentes, aunque la institución llegó a contar con unos 150 cuando funcionaba en su antigua sede de calle Salta. El traslado y las dificultades de movilidad son algunos de los factores que, según explicó, han incidido en la concurrencia.

En Apafadid acompañan la tarea del CEMI

Acompañar sin reemplazar

Apafadid no reemplaza la responsabilidad estatal: acompaña al CEMI y busca resolver necesidades concretas mediante gestiones y actividades solidarias.

Moretti remarcó que la atención en el CEMI es gratuita y está solventada por la Municipalidad de Paraná, algo que considera especialmente importante en un contexto en el que muchas familias enfrentan dificultades para acceder a prestaciones vinculadas con la discapacidad.

La asociación, por su parte, procura conseguir herramientas, maquinaria e insumos que permitan fortalecer los talleres. Para quienes quieran colaborar, cuenta con el alias parque.cabeza.fideo, cuyos fondos se destinan a cubrir las necesidades de los jóvenes.

La historia de Apafadid nació de una necesidad concreta: conseguir un lugar adecuado para que las personas con discapacidad pudieran desarrollar sus actividades. Más de una década después, aquel terreno donado por el Club La Salle se transformó en un espacio de aprendizaje, producción y encuentro. Y ahora el desafío es seguir ampliándolo para que cada joven pueda contar con más oportunidades.