Martes 18 de Abril de 2023
Llevo más de diez años como usuaria en las redes sociales. Durante este tiempo, pude ver a la plataforma como consumidora y, en los últimos años, como creadora de contenidos informativos. Esto me permitió ver a distintas plataformas iniciarse y transformarse en grandes herramientas comunicacionales que dan a conocer historias, empresas y también personas.
Sin embargo, es triste y extremadamente preocupante ver la forma en que actúan una gran cantidad de usuarios: de forma violenta, sin escrúpulos y aún más, sin respeto ni conciencia de las consecuencias de sus palabras. Argentina cuenta con más de 34,46 millones de usuarios que transitan las principales redes sociales y se espera que esta cifra supere los 40 millones para 2026, lo que aumenta el riesgo de un incremento exponencial en los discursos de odio si no se interviene a tiempo en la cultura agresiva en las plataformas digitales.
Internet es un espacio que favorece el anonimato y, en este marco, brinda a los usuarios la falsa creencia de impunidad para decir lo que sea a quien está del otro lado. Ejemplos sobran para demostrar esto: las reacciones ante la agresión a Sergio Berni, el ataque de seguidores de Florencia Freijo hacia personas que criticaron respetuosamente su postura o los dimes y diretes pasivo-agresivos entre funcionarios públicos son algunos hechos con los que nos topamos diariamente en distintas plataformas y a nadie parece llamarle la atención el nivel de violencia que los usuarios transmiten.
No terminamos de entender la gravedad de esta problemática ya que estamos inculcando a las nuevas generaciones una cultura donde la agresión deliberada a un tercero es una forma “adecuada” para resolver un conflicto, una discusión o algo tan simple como una diferencia en la línea de pensamiento. Esto no es una presunción sino que es un dato, pues un estudio reciente de UNICEF determinó que al menos un 13% de jóvenes experimentó acoso y discursos de odio en las redes sociales por parte de otros usuarios que no conoce en la vida real y que la cifra va gradualmente en aumento. Además, el organismo internacional remarcó que, en la mayoría de estos casos, se desconocen las herramientas para abordar esta problemática.
Las palabras tienen un peso fundamental y es por Internet que muchas expresiones violentas trascienden y tienen mayor probabilidad de pasar al plano de la realidad.
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Para proteger a los usuarios más vulnerables de situaciones violentas es importante ser conscientes de las políticas de prevención, detección y cuidado frente a casos de violencia digital. Por ejemplo, Instagram ofrece cinco herramientas para limitar estas situaciones, como añadir filtros para evitar ver comentarios ofensivos, sumar capas a la privacidad del perfil o restringir el contacto con determinados usuarios. A los usuarios más vulnerables, como menores de edad y adolescentes, es recomendable aplicar la privacidad en el perfil, bloquear comentarios, limitar menciones, restringir, silenciar y bloquear cuentas.
Es fundamental ser conscientes de lo que escribimos antes de oprimir “enviar”, “twittear” o “publicar comentario” y también que esta violencia tiene una raíz más profunda, pues las redes son un reflejo de lo que vivimos a diario y existe una alta probabilidad de que muchos hechos repudiables se repitan. Debemos ser conscientes que en el mundo existen personas que disentirán del pensamiento, ideología e incluso gustos, pero no son excusa para amenazar, atacar o insultar a otros. A partir del diálogo respetuoso, donde abramos los oídos y las mentes antes de utilizar el teclado, se pueden lograr debates interesantes y, en el mejor de los casos, consensos.
Vivir sin violencia es un derecho que tenemos todos como seres humanos, inclusive las personas con las que no estamos de acuerdo. Es hora que entendamos el peligroso poder que poseen las plataformas digitales y el peso de nuestras palabras independientemente del número de seguidores, pues todos debemos hacernos cargo de aquello que expresamos en las redes sociales.