Lunes 28 de Agosto de 2023
La irrupción del nuevo fenómeno social argentino “Votantes de Milei” es uno de los acontecimientos políticos más importantes por lo menos de este siglo en la Argentina. Es comparable en su impacto en el sistema político, quizás, con la formación del kirchnerismo hace casi 20 años. Claro que, entre muchos aspectos, está lejos de dicho movimiento, precisamente porque no lo es: al menos hasta ahora los votantes y simpatizantes de Javier Milei no están organizados o lo están muy poco.
El estado de shock de la opinión pública que sobrevino con el 30% de Javier Milei el 13 de agosto da cuenta de la magnitud del fenómeno. Sus más de siete millones de votantes, los 11 millones que no fueron a votar y el poco más de un millón que votaron en blanco reúnen el 56% del padrón. Queda un 44% que se repartió entre todas las demás opciones del “menú”.
Después del 30% de las PASO inició una ofensiva del propio Milei consistente en detallar y “explicar” (entre muchas comillas) sus propuestas de gobierno. Así surgieron algunas de las discusiones más fuertes de las últimas semanas, a partir de sus provocaciones como eliminar el Ministerio de Ambiente y cerrar el Conicet, entre otras.
Esas provocaciones despertaron, por supuesto, la reacción y el repudio de los sujetos sociales directamente “amenazados” por Milei y de muchas personas que, muy simple y superficialmente, podríamos identificar en el pensamiento progresista y el declamado “campo nacional y popular”.
El desafío para el pensamiento crítico que presenta este escenario es que gran parte del caudal electoral de Milei surgió de sectores populares, a los que estas capas intelectuales, profesionales, trabajadoras y militantes suelen rendir sus respetos y hasta cierta devoción. Algunas reacciones ante el respaldo popular a Milei exhiben enojo o, como mínimo, confusión. “¿Cómo pueden votar al que les va a quitar todos sus derechos?”, preguntan algunos. “¿Y cómo voy a votar al que me dejó como estoy ahora?”, responderán no pocos. Si no directamente: “¿Qué derechos?”.
Creo que ese (y únicamente ese) voto a Milei debe ser, obviamente, respetado. Un poco más interesante es, además, comprenderlo. Pero especialmente me inquietan algunas preguntas que abre este fenómeno.
Hay distintas capas de análisis. La primera y más visible no me entusiasma tanto en esta columna. Es el presunto programa de gobierno de Milei: dolarización, echar a millones de empleados públicos, arancelar la universidad, privatizar la salud, suprimir derechos laborales y demás. Un desastre. El país se prende fuego, sí, lo sabemos.
No le resto importancia a la tragedia social que puede provocar un ser humano así en el poder. Me impacta más la tragedia social en la que estamos como para que sea el candidato más votado.
¿Qué bienestar le acerca el Estado a los que votan para que se lo achique? ¿Qué diferencia le garantiza al futuro de sus hijos la educación pública tal como es? ¿Qué necesidades le satisface que no se haga una reforma laboral? ¿Qué le importa si tenemos un sistema científico público? ¿Para qué quiere sostener la moneda nacional? ¿Cuánta vulneración, desesperación y carencias llegó a acumular para desear a Milei de presidente contra todos los otros?
Es increíble y horrible escuchar que alguien le dice “se te acaba el curro” a un científico o “ahora vas a tener que laburar” a una docente. Es indefendible ese pensamiento. Pero el sistema social, político y económico en el que vivimos está podrido desde hace mucho tiempo y el grito de la miseria rebalsó desde las urnas en las boletas de La Libertad Avanza. Este fenómeno rompió los termos en los que muchos vivían (vivíamos). Así como los que nos espantamos con Milei no queremos para nada vivir en el país que él propone, hay que entender que tantos prefieran eso antes que seguir sobreviviendo en el que tenemos hoy.
Si no vamos a sumarnos a ese voto autodestructivo tampoco podemos defender el estado de cosas como está. Cada uno desde su trabajo puede ayudar a arreglar esto. Aunque, ¿qué tan roto está ya? Y sobre todo, ¿qué respuesta van a dar las cúpulas políticas y empresarias que nos dejaron acá?