El shock al pueblo
Las medidas económicas y el mega DNU del presidente Javier Milei son parte de la terapia de shock, marco teórico del capitalismo del desastre.

Sábado 23 de Diciembre de 2023

El voluminoso Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) del presidente Javier Milei es un atentado contra la democracia argentina, ya que se lleva puesto al Congreso y no cumple con mínimos requisitos que estipula la Constitución nacional para su utilización. Así lo sostienen reconocidos constitucionalistas, como Daniel Sabsay, Antonio María Hernández, Pedro Caminos, Andrés Gil Domínguez o el entrerriano Jorge D'Agostino (exlegislador nacional por la UCR), por nombrar algunos.

El DNU lleva el pomposo título de “Bases para la Reconstrucción de la Economía Argentina” y será recordado por muchos años como una de las decisiones políticas más regresivas para los sectores desprotegidos. El DNU borra de una pluma la Ley de Alquileres, de Góndolas, de Abastecimiento, de Compre Nacional, de Promoción Industrial y Comercial y hasta la de Manejo del Fuego; y avanza con reformas que permitan la flexibilización laboral, la privatización de empresas públicas o cambios en la medicina prepaga y de obras sociales, entre otros puntos.

Algunas poderosas entidades tienen mucho que celebrar. Tal es el caso de la Cámara Inmobiliaria de Argentina (CIA), que se opuso a la Ley de Alquileres; la Asociación de Bancos Argentinos (ADEBA) que rechaza proyectos de ley para aliviar las cuotas de los hipotecados por los créditos UVA.

También tiene motivos de festejo la Cámara de Inmobiliarias Rurales, que hace años pedía la derogación de la Ley de Tierras (promulgada en 2011), que limita la posibilidad de vender a extranjeros tierras que tienen fuentes de agua importantes o que están en zonas de seguridad de fronteras.

LEER MÁS: ¿El ajuste no iba a pagarlo "la política"?

La Unión Industrial Argentina (UIA) puede contentarse con la derogación de la Ley de Abastecimiento, que venía exigiendo en los pasillos de la Rosada. Entre otras cosas, la normativa determina que el Estado puede sancionar -con multas o clausuras- a las empresas que aumenten precios de manera artificial o injustificada, que acaparen mercadería o materia prima, o que destruyan mercadería que puedan generar escasez o restrinjan o nieguen de manera injustificada la venta.

El shock con escuela

Ni bien asumió, el presidente apretó el acelerador y anunció medidas económicas de rápido impacto en la vida diaria. Devaluó el peso un 118,3%, subió el dólar a $820 y anunció un megadecreto con la derogación de cientos de leyes. La celeridad del mandatario nacional tiene sus fuentes en la escuela del economista Milton Friedman (ganador del Premio Nobel en 1976 y fallecido en 2006), quien sostenía que “una nueva administración disfruta de seis a nueve meses para poner en marcha cambios legislativos importantes; si no aprovecha la oportunidad de actuar durante ese período concreto, no volverá a disfrutar de ocasión igual”.

Las medidas económicas y el mega DNU del presidente son parte de la terapia de shock, marco teórico del capitalismo del desastre. En su libro “Doctrina de Shock. El auge del capitalismo del desastre”, la periodista y escritora canadiense Naomi Klein sostuvo la tesis de que en momentos de crisis -ya sea por un desastre climático, conflicto bélico o desbarajustes económicos como el de nuestro país- las elites o castas aprovechan para aplicar cambios impopulares. Señaló que Friedman “predijo que la velocidad, la inmediatez y el alcance de los cambios económicos provocarían una serie de reacciones psicológicas en la gente que ‘facilitarían el proceso de ajuste’.

Y recordó que el economista admirado por Milei acuñó la fórmula para esta táctica: el “tratamiento de choque” económico para implementar políticas de libre mercado sin ninguna regulación del Estado. “Desde hace varias décadas, siempre que los gobiernos han impuesto programas de libre mercado de amplio alcance han optado por el tratamiento de choque que incluía todas las medidas de golpe, también conocido como ‘terapia de shock’”, explicó la autora.

En contra de esta teoría, la escritora propone un shock del pueblo: una etapa en que la sociedad se organiza para discutir democráticamente una resistencia. No es más ni menos que el resurgir de debates en los lugares de trabajo, de reconstruir el entramado solidario entre los vulnerables y de repensar una salida que incline la cancha a favor de los débiles.