La feria de Salta y Nogoyá: un espacio para la cultura popular de Paraná

La feria de Salta y Nogoyá es uno de los mercados populares más tradicionales de Paraná, un espacio para el comercio local, cultural y diversos oficios

07:03 hs - Miércoles 11 de Marzo de 2026

La histórica feria de Salta y Nogoyá mantiene un pulso que atraviesa generaciones en Paraná. En ese rincón de la ciudad, donde cada jornada se cruzan vecinos, productores y artesanos, la actividad comercial convive con una tradición cultural que forma parte de la identidad paranaense.

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La feria que forma parte de la identidad de Paraná

UNO recorrió el mercado y conversó con quienes sostienen el espacio día a día. La feria funciona desde 1940 y fue la tercera de la ciudad en aquel tiempo, junto con el Mercado Sud. Desde entonces, se convirtió en un punto de referencia para el comercio local, la economía familiar y el encuentro.

En sus primeros años, el paisaje era muy distinto al actual. Los puestos eran precarios y el piso de tierra. La memoria de aquellos tiempos todavía circula entre los feriantes. Con el paso de las décadas, el mercado fue creciendo y adaptándose a los cambios de la ciudad. El 20 de agosto de 1982 se llamó a licitación para la construcción de un nuevo edificio en un predio adquirido al Independiente Bochas Club, en calle El Plumerillo 722. La obra estuvo a cargo de Luis E. Stilman y Blas Pascual Stopello.

El nuevo espacio se inauguró el 9 de enero de 1987 y la construcción permitió instalar 46 locales fijos y 31 puestos movibles para la venta de distintos productos.

Oficios

Hoy la feria reúne una diversidad de propuestas que reflejan distintos oficios: costurería, bordado, cerámica, panificación, viveros, frutas y verduras, además de puestos gastronómicos y espacios de recreación. Muchos de esos trabajos nacen en talleres familiares o en pequeñas producciones caseras.

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La feria es un espacio histórico e importante para la ciudad. Representa el sustento de muchas familias que cada mañana abren sus puestos con el objetivo de salir adelante. Como toda actividad comercial, requiere dedicación, constancia y un gran esfuerzo cotidiano. Por eso, también es necesario reconocer el trabajo de los feriantes, que con su labor diaria sostienen la feria y le dan vida a este tradicional punto de encuentro de Paraná.

“Cada uno trata de traer lo mejor que tiene para ofrecer. Hay productos que hacemos nosotros mismos y eso a la gente le gusta”, contaron. La feria también es un lugar donde la gente busca precios accesibles y productos frescos.

“Muchos vecinos vienen porque saben que acá encuentran precios cuidados. Eso ayuda mucho en estos tiempos”, señalaron.

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Como tantos mercados populares del país, la feria atraviesa los cambios económicos y sociales. Sin embargo, los feriantes coinciden en que el espacio sigue siendo una referencia para muchos vecinos. Cada puesto refleja una historia de trabajo. Algunos llevan décadas en el lugar; otros llegaron hace pocos años buscando una oportunidad para vender sus productos. “Hay que ponerle ganas todos los días. Uno acomoda el puesto, charla con la gente y trata de seguir”, comentaron.

En los pasillos se repiten escenas conocidas: vecinos que recorren los puestos con tiempo, familias que se detienen a comer algo al paso y clientes habituales que conversan con los vendedores.

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Además de la actividad comercial, la feria también funciona como un espacio donde circulan historias y vínculos construidos con el tiempo. Muchos clientes llegan cada semana, conocen a quienes atienden los puestos y mantienen conversaciones que forman parte de una rutina. En ese intercambio cotidiano se reconocen gestos de confianza y cercanía que caracterizan a los mercados populares. “Vengo casi todas las semanas. Me gusta recorrer, mirar los puestos y conversar un rato con la gente que vende. Siempre encuentro algo para llevar y además se mantiene ese trato que en otros lugares ya no se ve”, contó Carlos, vecino de la zona.

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“Para nosotras es un paseo. A veces venimos a comprar verduras o pan, pero también a caminar y ver lo que hacen los artesanos. Es lindo que exista un lugar así en la ciudad”, expresó Sofía, vecina que visitaba la feria junto a su hija.

Con el paso de los años, la feria de Salta y Nogoyá se consolidó como un pequeño universo donde conviven tradiciones, oficios y formas de producción que siguen vigentes en la ciudad. Entre frutas frescas, pan casero y piezas artesanales, el mercado mantiene una dinámica de trabajo, identidad barrial y cultura, una postal que todavía hoy forma parte del paisaje cultural de Paraná.

El espacio funciona de lunes a sábados de 8 a 13 y de 17 a 21, y los domingos de 8 a 13.30.

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