Gilda, la voz que el tiempo no pudo apagar a 30 años de su muerte

A tres décadas de su muerte en la Ruta Nacional 12, las canciones de Gilda siguen sonando en todo el mundo

08:45 hs - Lunes 07 de Septiembre de 2026

Hoy se cumplen tres décadas de la muerte de Míriam Alejandra Bianchi, la cantante que bajo el nombre de Gilda transformó la música tropical y se convirtió en un ícono de la cultura popular argentina. Su historia quedó para siempre ligada a Entre Ríos.

Gilda, 30 años después: una voz que todavía hace cantar al país

Hay canciones que no envejecen. Cambian las generaciones, pasan los años y, sin embargo, apenas comienzan a sonar los primeros acordes, alguien las reconoce y empieza a cantar. En la Argentina, muchas de esas canciones tienen la voz de Gilda.

Hoy 7 de septiembre se cumplen 30 años de la muerte de Míriam Alejandra Bianchi, conocida artísticamente como Gilda. Tenía 34 años y atravesaba el momento de mayor crecimiento de una carrera que había comenzado apenas unos años antes.

Su recorrido

Gilda había nacido en Villa Devoto, Buenos Aires, el 11 de octubre de 1961. Antes de dedicarse profesionalmente a la música había sido maestra jardinera. Un aviso publicado en un diario, en el que se buscaba una cantante para una agrupación tropical, cambió el rumbo de su vida. A partir de allí comenzó un camino que la llevó de las bailantas a convertirse en una de las figuras más reconocidas de la música popular argentina.

Con discos como Pasito a pasito y Corazón valiente, y canciones que se volvieron clásicos como Fuiste, No me arrepiento de este amor y Corazón valiente, Gilda logró construir una identidad propia dentro de una escena musical que por entonces estaba fuertemente dominada por figuras masculinas. Su voz, sus letras y una particular manera de interpretar canciones sobre el amor, el desamor y las emociones cotidianas hicieron que muchas mujeres encontraran en ella una artista cercana.

También fue una figura que desafió ciertos lugares establecidos dentro de la música tropical. No respondía al estereotipo de la cantante de cumbia de aquellos años: escribía algunas de sus canciones, intervenía en sus decisiones artísticas y construía una imagen alejada de los personajes más habituales de la escena. Esa autenticidad fue parte de la conexión que logró establecer con su público.

Pero su historia terminó de quedar marcada en Entre Ríos. El 7 de septiembre de 1996, mientras viajaba hacia un show en el norte de la provincia, el micro en el que se trasladaba por la Ruta Nacional 12 sufrió un choque a la altura del kilómetro 129. Gilda murió junto a su madre, su hija, tres integrantes de su banda y el chofer del ómnibus.

La tragedia dio paso al mito. Con el tiempo, el lugar del accidente se transformó en un santuario visitado por seguidores que llegan para recordar a la cantante y dejar flores, cartas y ofrendas. Allí conviven la memoria de una artista y la devoción de quienes comenzaron a atribuirle milagros y a pedirle ayuda en momentos difíciles.

Su historia también llegó al cine. En 2016, a veinte años de su muerte, se estrenó Gilda, no me arrepiento de este amor, película protagonizada por Natalia Oreiro que reconstruyó su vida, su llegada a la música y el camino que la convirtió en una de las voces más populares del país. El filme acercó su figura a una nueva generación y volvió a poner sus canciones en el centro de la escena.

A tres décadas de aquella madrugada de septiembre, Gilda sigue formando parte de la banda sonora argentina. Sus canciones atraviesan fiestas familiares, bailes, festivales y reuniones entre amigos. Algunas se escuchan para recordar, otras para bailar y muchas simplemente porque forman parte de una memoria compartida.

Gilda murió aquella noche en Entre Ríos, pero su voz encontró otra forma de permanecer. Treinta años después, sigue sonando cada vez que alguien pone una canción, reconoce los primeros acordes y, casi sin pensarlo, empieza a cantar.

Su legado también está en quienes descubrieron sus canciones muchos años después de su muerte. Nuevas generaciones las hicieron propias y mantuvieron vigente una obra que habla de amores, pérdidas, deseos y esperanzas. Quizás allí esté una de las claves de su permanencia: Gilda todavía logra que una historia de hace 30 años se sienta cercana.

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