Desde la Organización Mundial de la Salud (ONU) calificaron en su último informe que e fenómeno de El Niño será uno de los episodios más potentes registrados.
19:10 hs - Martes 04 de Agosto de 2026
El planeta atraviesa una coyuntura sin precedentes en materia climática. El fenómeno de El Niño, tradicionalmente observado como uno de los motores principales de la variabilidad global, ingresó en una fase de intensidad tal que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la ONU lo calificaron en su último informe como uno de los episodios más potentes registrados.
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Qué se espera de El Niño
El arribo de este “Súper Niño”, como ya lo denominan algunos especialistas, ocurre sobre un telón de fondo donde el calentamiento global y las temperaturas oceánicas alcanzan máximos históricos, amplificando los riesgos y forzando a la comunidad internacional a tomar medidas urgentes.
Las advertencias no provienen solo de modelos estadísticos: los boletines de la OMM y los comunicados de la ONU reiteran que el fenómeno ya no es una amenaza futura, sino una realidad instalada que condicionará la vida de millones en el planeta durante los meses venideros.
Una de las claves que explican la urgencia
1- Intensidad y contexto inédito: cuando el planeta ya está al límite
La primera clave reside en la intensidad inusual del fenómeno y el contexto global en el que se produce. El Niño consiste en el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico central y oriental, lo que altera la atmósfera y desencadena cambios en lluvias y temperaturas a escala planetaria. Sin embargo, en 2026, el evento se presenta en un escenario de temperaturas históricamente elevadas tanto en los océanos como en la atmósfera.
El boletín de la OMM advierte que este episodio ya cumple con los criterios técnicos para ser clasificado como de gran magnitud.
“Las proyecciones de la NOAA y Copernicus sugieren que 2026 podría ubicarse entre los cinco años más cálidos registrados. Si el fenómeno mantiene su intensidad, 2027 podría llegar a convertirse en el año más cálido hasta la fecha”, señala el informe. Los modelos globales anticipan anomalías de temperatura de la superficie del mar superiores a 2,9° en las regiones clave del Pacífico, un valor inédito en el registro reciente.
Guterres insistió en que este episodio “echa más leña al fuego de un planeta en llamas, abrasado por sofocantes cúpulas de calor, incendios forestales apocalípticos y océanos excepcionalmente cálidos”.
La advertencia pone de relieve que el fenómeno llega en un año donde el cambio climático ya llevó al planeta a un punto crítico, y el impacto de El Niño puede amplificar, aún más, los extremos.
A este refuerzo de El Niño se suma la posibilidad de que el dipolo del océano Índico entre en fase positiva, lo que agrava los efectos en regiones como el Cuerno de África y el sudeste asiático.
También las temperaturas superficiales del Atlántico tropical permanecen por encima de lo habitual, lo que suma presión a los sistemas climáticos regionales. Nunca antes la humanidad enfrentó un episodio de El Niño con el planeta tan recalentado y con tantos factores regionales actuando en simultáneo.
Otro detalle para tener en cuenta
2- Impacto global y regional severo: riesgos de lluvias, calor extremo e inundaciones
La segunda clave que resalta la urgencia es la severidad del impacto esperado a nivel global y regional. La OMM prevé que El Niño, junto a otros patrones oceánicos, condicione el clima del planeta durante el trimestre agosto-octubre de 2026 y posiblemente más allá.
“La Actualización Climática Estacional Global prevé para este año una probabilidad muy alta de temperaturas superiores al promedio en la mayor parte de las áreas continentales”, indica el boletín.
¿Dónde se sentirán con más fuerza los efectos? África, el sur de Europa, la península Arábiga, el subcontinente indio, el este de Asia, América Central, el Caribe, el sur de África, gran parte de Sudamérica y Nueva Zelanda aparecen como las regiones más expuestas a temperaturas anómalamente altas.
En paralelo, se esperan condiciones más húmedas de lo normal en el Gran Cuerno de África, el sur de Europa, el oeste de América del Norte y el sudeste de Sudamérica, mientras que otras zonas como el subcontinente indio, Australia y buena parte del Caribe podrían experimentar sequías.
Pero los riesgos no se limitan al agua. La OMM identifica a Argentina entre los países que enfrentarán temperaturas superiores a los valores normales, con riesgo de olas de calor, crisis hídricas y presión sobre sistemas de salud y producción agrícola. En toda la región, los sectores agrícola, hídrico y energético deben estar atentos a las actualizaciones oficiales para anticipar posibles escenarios y reducir el impacto de eventos extremos.
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La OMM recuerda que estos pronósticos representan probabilidades y no certezas absolutas, y que los impactos pueden variar significativamente según la interacción entre El Niño y otros patrones climáticos. Pero la combinación de temperaturas oceánicas récord, anomalías en el Atlántico y el Índico y una tendencia sostenida al calentamiento global configuran el escenario más riesgoso desde que se tienen registros.
El restante aspecto
3- Necesidad de acción y preparación: pronóstico sin prevención no salva vidas
La tercera clave de la urgencia que transmite la OMM es que la información y los pronósticos solo resultan útiles si se traducen en acción y prevención. La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, fue contundente: “El Niño es uno de los fenómenos climáticos sujetos a un monitoreo más estrecho. Pero los pronósticos por sí solos no evitan los peligros; eso solo pueden hacerlo las personas”.
La comunidad internacional está reforzando la coordinación, los servicios de información climática y el apoyo en materia de alertas tempranas. El objetivo es ayudar a gobiernos, organismos humanitarios, sectores sensibles al clima —como la agricultura y la salud— y comunidades vulnerables a prepararse para los posibles impactos. Saulo remarcó el valor práctico de la información anticipada: “Las decisiones que tomemos hoy determinarán las consecuencias que experimentaremos mañana”.
La OMM publica cada mes su boletín sobre el clima estacional mundial y actualiza el informe El Niño/La Niña Hoy. El monitoreo constante, la emisión de alertas y la divulgación de pronósticos confiables buscan otorgar tiempo y herramientas para que las autoridades y la sociedad actúen antes de que los impactos se materialicen.
Esto implica ajustar los planes agrícolas, mejorar la gestión del agua, diseñar estrategias para evitar desastres en zonas de riesgo, proteger infraestructuras críticas y fortalecer sistemas de salud y emergencia.
La prevención y la acción temprana pueden marcar la diferencia entre una crisis gestionable y una catástrofe de gran escala.
El Niño como señal de alerta global
En conclusión, el fenómeno de El Niño en 2026 representa una urgencia inédita por tres razones: su intensidad sumada a un contexto global extremo, la severidad y amplitud de los riesgos esperados, y la necesidad de traducir la información científica en acciones concretas de prevención y respuesta.
Los organismos internacionales insisten en que la ventana para actuar se está cerrando, y que el episodio será recordado por la forma en que gobiernos, sectores productivos y comunidades respondan antes, durante y después de los impactos.
El Niño es un fenómeno natural, pero sus consecuencias están determinadas por las decisiones humanas. La advertencia de la OMM y la ONU es clara: el futuro depende de la capacidad de anticipar, coordinar y reducir los daños en un mundo cada vez más interconectado y vulnerable al clima.