El 72% de los menores de 40 años se queda sin ingresos antes del fin de mes

Quienes se endeudaron, el 55,1% lo hizo para cubrir gastos básicos (alimentos y salud) y el 21,3% para pagar tarifas y servicios.

15:09 hs - Domingo 18 de Octubre de 2026

Los ingresos de los argentinos duran menos que el mes: dos de cada tres se quedan sin dinero a más tardar el día 20, con picos del 72% entre los menores de 40 años y del 83,3% en la clase baja.

El Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora de septiembre muestra que el ingreso de los argentinos dura menos que el mes: dos de cada tres se quedan sin dinero a más tardar el día 20, con picos del 72% entre los menores de 40 años y del 83,3% en la clase baja. Así, el crédito aparece como el puente. El 56,2% tomó deuda en los últimos seis meses, el 81,8% siente que su salario no le gana a la inflación y la opinión pública pide, frente a la morosidad, que el Estado intervenga con reglas y no con rescates.

Morosidad

El mes se acorta para buena parte de los hogares. Casi cuatro de cada diez no pasan de la primera quincena con sus ingresos, y solo el 34% llega a fin de mes, con apenas un 9,8% que logra ahorrar. En ese contexto, el crédito funciona menos como una decisión de consumo que como una extensión del ingreso: entre quienes se endeudaron, el 55,1% lo hizo para cubrir gastos básicos (alimentos y salud) y el 21,3% para pagar tarifas y servicios, mientras que solo el 11,8% compró bienes durables.

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Sobre la morosidad, la opinión pública es más definida de lo que suele suponerse. El 67% espera algún tipo de intervención estatal: el 36,1% cree que es un problema de toda la sociedad y que el Estado debería hacerse cargo, y el 30,9% sostiene que, aun siendo un problema entre privados, el Estado debería intervenir. Solo el 29,1% opina que no debería hacerlo. La discusión ya no parece ser si el Estado debe intervenir, sino cómo, y ahí la respuesta es nítida: entre quienes esperan intervención, el 61,3% prefiere que se regulen el otorgamiento y las condiciones de los créditos, el 23,6% que se refinancien las deudas vía Banco Central y apenas el 7,5% que se condonen por ley. La demanda es de reglas más que de rescate.

Para entender por qué, hay que mirar quién se endeuda y para qué. En la clase baja, el 59,6% no pasa del día 15 y el 83,3% no supera el 20; solo el 0,9% ahorra. En la clase alta, apenas el 20% se queda sin ingresos antes de fin de mes y el 61,9% ahorra. El crédito acompaña esa distancia con funciones opuestas: se endeudó el 68,1% de la clase baja contra el 36,5% de la alta, y mientras el 65,5% de los primeros lo hizo para gastos básicos, el 63,4% de los segundos compró bienes durables. Son, en rigor, dos deudas distintas: en los hogares de mayores ingresos es una decisión de consumo; en los de menores ingresos, una necesidad de subsistencia.

Gastos

La clase media muestra el punto de inflexión. El 51,4% se queda sin ingresos antes de fin de mes, el 47,1% tomó deuda y el 45,6% lo hizo para gastos básicos, pero hay un dato que la distingue: el 29% se endeudó para pagar tarifas y servicios, la proporción más alta de los tres estratos (18,2% en la baja, 4,7% en la alta). Una posible lectura es que las tarifas pesan más en el presupuesto de quienes no califican como clase baja, y por eso empujan el crédito incluso en hogares que no se perciben en el último escalón.

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Esa estructura permite una lectura que va más allá del dato del mes. Un crédito que financia las últimas semanas se paga con el ingreso del mes siguiente, que a su vez se agota antes. El ciclo se retroalimenta y la morosidad deja de ser un episodio para convertirse en un riesgo estructural de los hogares que usan la deuda como puente. La percepción salarial refuerza esa lectura: desde marzo último, la proporción que dice que su sueldo no le gana a la inflación no baja del 81% y llegó al 87,4% en julio. No es un shock de un mes, sino una sensación cristalizada, y una deuda que cubre un déficit estable no es una deuda transitoria.

La evaluación económica muestra otra brecha: los argentinos son más críticos con el país que con su propia situación. El 39,3% califica mal su situación personal y el 61,5% califica mal la situación del país, una brecha de 22 puntos. Por clase social, la evaluación negativa del país es de 42,9% en la clase alta, 56,5% en la media y 70,7% en la baja. La proporción de hogares que se queda sin ingresos antes de fin de mes es bastante mayor que la que califica mal su situación personal. Es un patrón compatible con que el crédito y el recorte del consumo estén absorbiendo parte del ajuste, aunque el MOP no mide ese mecanismo, y con que la fragilidad real sea mayor que la declarada.

¿Ahorro?

Entre los menores de 40 años, el 72% se queda sin ingresos a más tardar el día 20 del mes, apenas el 3% logra ahorrar y el 60,9% tomó deuda en los últimos seis meses. Sin colchón de ahorro, cualquier imprevisto va directo al crédito. Es además el tramo que peor ve al país: el 69,1% evalúa negativamente la economía. En la clase baja, el 83,3% no supera el día 20, solo el 0,9% ahorra y el 68,1% se endeudó, el 65,5% de ellos para cubrir gastos básicos. Es un sector que usa la deuda para sostener el mes y que casi no tiene margen para absorber una cuota.

El MOP permite leer a los jóvenes y a la clase baja por separado, y los dos segmentos comparten un mismo perfil: ingreso que se agota antes, ahorro prácticamente inexistente (3% y 0,9%, respectivamente) y mayor exposición al crédito (60,9% y 68,1%, respectivamente). Son los que más necesitan la deuda y los que menos margen tienen para sostenerla, y allí es donde un deterioro en las condiciones de pago se traduce con más rapidez en morosidad.

Si el diagnóstico es de plazo y no solo de nivel, la agenda posible también lo es. La preferencia mayoritaria por regular el otorgamiento y las condiciones de los créditos (61,3%) apunta a ese problema: reglas que alineen las cuotas con la capacidad de pago, mayor transparencia en tasas, y condiciones y vencimientos que no choquen con el calendario real de ingresos. La refinanciación (23,6%) aparece como un segundo instrumento, más útil focalizada en la deuda de subsistencia que como regla general. La condonación (7,5%) queda como una opción marginal. Las reglas atienden la causa; la refinanciación, el stock de deuda ya tomado; la condonación, ninguna de las dos de manera sostenible.

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En conjunto, septiembre muestra que el problema de fondo de los hogares ya no es solo cuánto se gana, sino cuánto dura lo que se gana. Para los menores de 40 años y para la clase baja, el ingreso sigue agotándose antes de fin de mes, casi no hay ahorro y el crédito pasa a ser la forma de llegar. Esa deuda no financia consumo, sino subsistencia, y por eso tiene una dinámica propia: se paga con el ingreso del mes siguiente, que rinde menos y obliga a endeudarse otra vez. Si las condiciones no cambian, lo esperable es que ese esquema siga ampliando la morosidad, y que el problema de la economía cotidiana de los hogares siga filtrándose al sistema financiero argentino. Por eso la demanda de la opinión pública no es un perdón, sino reglas para que la deuda sea sostenible.