Viernes 28 de Agosto de 2020
Virginia Franco tiene 104 años y es del barrio Anacleto Medina, en Paraná. Cumpliendo los protocolos y extremando los cuidados, recibe a diario la visita de sus nietas, ya que vive sola y necesita estar acompañada.
Hasta hace poco se valía por su cuenta, pero por una fractura que sufrió en la cadera dejó de caminar. Más allá de eso, Virginia Venera Franco está lúcida y saludable para reconocer y compartir las mañanas y las tardes con alguno de los tantos integrantes de su numerosa familia: tuvo dos hijas, pero solo una vive, y además tiene 10 nietos, alrededor de 20 bisnietos y tres tataranietos, de 5, 4 y 2 años.
Antes de que el Covid-19 modificara la rutina de todos y se podían hacer reuniones, llegaron a encontrarse las cinco generaciones para compartir anécdotas, vivencias, y el gran amor que los une.
Virginia es muy querida no solo por su familia, sino también por los vecinos, que recuerdan su gran dedicación por el trabajo y su modo de vida independiente hasta que se quebró la cadera. Georgina Sánchez es una de sus nietas. Vive en La Floresta, a solo cinco cuadras de lo de su abuela, y contó a UNO: “Ella trabajaba como empleada doméstica. Enviudó muy joven y salió adelante con sus dos hijas, de las cuales solo está viva mi mamá, porque mi tía falleció hace bastante. Mantuvo su hogar y si bien hoy está en cama, nosotros vamos todos los días, de mañana y de tarde, para ayudarla en sus quehaceres y acompañarla. Ella siempre fue muy amorosa y estaba pendiente de todos nosotros, así que cuidarla es una forma de devolverle con poco o mucho todo lo que nos brindó cuando éramos chicos y a medida que fuimos creciendo”.
A su vez, señaló: “Ella nació en Paraná el 5 de agosto de 1916 y a principios de este mes cumplió 104 años. La verdad es que está bien de salud, no tiene enfermedades típicas de la edad, salvo lo de la cadera. Y está lúcida, nos recuerda bien a todos, y eso que somos muchos en la familia: nosotros somos 10 hermanos y cada uno formó su propia familia”.
Que la longevidad de su abuela les permita poder hilvanar la historia entre cinco generaciones es un privilegio para ellos, y a menudo le preguntan cómo era la vida antes, en las primeras décadas del siglo pasado. Virginia se acuerda muy bien de su niñez y les ofrece algún relato de aquellos tiempos: “Ella siempre recuerda que todos los días se levantaba muy temprano con su papá, y nos comenta que iban al río en canoa y que le gustaba buscar la leña para cocinar. Cuando éramos chicos aún lo hacía. No sé si es algo común de la edad, pero tiene presentes muchas cosas de cuando era joven”, dijo Georgina.
Además, rememoró con entusiasmo: “Mi abuela sigue siendo igual que siempre. Recuerdo y como anécdota le cuento a mis hijos que ella venía de trabajar, pasaba por la casa donde vivíamos con mis padres y nos traía en cada visita una bolsa con caramelos surtidos que compraba en un negocio de calle Perú. Era una bolsa de cartón mitad naranja y mitad amarilla. Y si traía manzanas o lo que sea, repartía todo en partes iguales entre nosotros 10 y mis padres. Estaba muy pendiente de nosotros, y la relación siempre fue muy amena”, rememoró.
“Ella nació en Paraná el 5 de agosto de 1916 y a principios de este mes cumplió 104 años. La verdad es que está bien de salud, no tiene enfermedades típicas de la edad, salvo lo de la cadera. Y está lúcida, nos recuerda bien a todos, y eso que somos muchos en la familia: nosotros somos 10 hermanos y cada uno formó su propia familia”.
La generosidad y la amabilidad de la abuela de 104 años es una característica que rescatan todos los que la conocen, y su nieta refirió: “Es muy gratificante para nosotros recibir constantemente mensajes muy lindos y que nos llegan al corazón de la gente que nos conoce y la conoce a ella, ya sean familiares o vecinos del barrio. Mi abuela hace años que vive en la zona y la conoce todo el mundo porque antes hacía sus mandados y se cocinaba sola. Fue muy independiente hasta que se quebró la cadera y empezó a necesitar más ayuda de nosotros”.
“Esos mensajes son una caricia al alma. Y yo valoro muchísimo todo lo que ella nos trasmite, la dedicación y la responsabilidad que ha tenido en su trabajo y en otros aspectos de su vida. Mi abuela es muy agradecida con la vida y con las cosas buenas que le pasan, y nos dice que tenemos que dar gracias también por lo que tenemos, por la salud, por estar bien principalmente”, dijo, y recalcó: “Aunque sabe que está esto del coronavirus, igualmente preferimos no darle mucha información sobre lo que está pasando, para no preocuparla tanto con ese tema. Y en nuestro caso, tomamos todas las precauciones necesarias para cuidarla y seguimos los protocolos cuando vamos a su casa”.
Durante el día la sientan en un sillón para que esté cómoda y pueda mirar televisión, escuchar la radio o conversar con quienes llegan a verla, y cuando le preguntan el secreto para llegar a esa edad, cuenta que la vida antes era muy distinta, que la gente se alimentaba diferente, que se dedicaban a trabajar simplemente. “El celular obvio que ni existía, y ella hoy no lo usa tampoco. Nosotros damos gracias a Dios por tenerla y bien, a su edad”, remarcó su nieta, quien confió que cuando Virginia cumplió 100 años hicieron una gran fiesta en el club Patronato para celebrar la vida.
“Es muy importante y es lindo ver que siempre está bien. Uno no sabe cuándo se va a ir de esta vida, mi hermana mayor tiene 54 años, la más chica 38, todas tenemos chicos y tratamos de transmitirles a ellos todo lo que mi abuela nos cuenta, para que les vayan quedando sus vivencias y el día de mañana, cuando ya no estemos, se acuerden de las cosas buenas de la familia”, reflexionó, y concluyó: “Con todo esto que está pasando hoy en día, todo se ve distinto, porque el no poder encontrarnos entre todos los seres queridos, no poder abrazarse o conversar compartiendo una comida, nos ponemos más sensibles y esto hace que se valoren más los afectos y los lazos familiares”.