Sábado 18 de Enero de 2020
Al margen de la polémica que generan las domas y jineteadas en torno a si se maltrata o no a los animales en estas instancias, la muerte en Jesús María del jinete Norberto Eric Cossutta –de 40 años e integrante de la delegación de Catamarca– abrió nuevamente el debate sobre este tipo de espectáculos, con la mira ahora en las medidas de seguridad que podrían incorporarse para resguardar a los montadores de sufrir alguna lesión grave e incluso fatal.
Y en las últimas horas se suma un nuevo caso, el de un jinete entrerriano oriundo de Maciá; Leonardo Trevissán, de 38 años. Está internado con fractura de cráneo y piden rezar por él.
En este marco, el uso de casco y chaleco protector es una de las propuestas que se esgrimieron desde la organización del evento. No obstante, la posible medida despierta voces a favor y en contra entre los adeptos a este tipo de disciplina, que provoca una adrenalina inigualable y en la que se ovaciona la valentía de quien lucha por mantenerse en el lomo del caballo durante el tiempo que exige la categoría en la que compite –entre 8 y 12 segundos–, mientras el animal corcovea para liberarse.
Fernando Báez es oriundo de Feliciano, tiene 27 años, y en 2018 sufrió un espectacular accidente al participar en el festival de Doma y Folclore de Jesús María, al que sueñan llegar la mayoría de los jinetes: el caballo lo aplastó al caerle encima, y si bien entonces debió ser trasladado al sanatorio local en una ambulancia, el joven minimizó el incidente, del que afortunadamente no le quedaron secuelas. Consultado por UNO, opinó que la medida del casco y chaleco puede ser útil, no obstante aclaró que en su caso prefiere no utilizarlos: “Nuestra tradición es llevar lo que usamos habitualmente”, dijo, en referencia al sombrero o la boina, y la vestimenta gaucha típica que identifica a la gente campo adentro.
“Uno hace esto porque le gusta. Me quebré arriba de la muñeca montando, pero quienes tenemos algún accidente cuando montamos, no nos desalentamos, nos sanamos y seguimos”, afirmó Báez, quien lleva una década en esta disciplina, y sostuvo: “Nos gusta esto, no tenemos miedo ni nada. Llegar a Jesús María es un sueño nuestro”.
David Benítez, otro consagrado domador oriundo de San Jaime de la Frontera, estuvo al borde de la muerte hace casi dos años, cuando un caballo cayó pesadamente sobre su cuerpo en una doma en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, se recuperó y siete meses después clasificó para ir a Jesús María, representando a Entre Ríos en crina limpia. “Estuve al límite, se me cayó un caballo y pegué la cabeza en el suelo. Estuve al límite, cerca de la muerte, pero gracias a Dios acá estoy. He tenido muchos accidentes en jineteadas, me quebré la cadera una vez, me abrió la pelvis un caballo en el 2010, y siempre he salido adelante. Uno ya sabe el riesgo que corre al montar un animal y al elegir esta actividad”, aseguró a UNO.
Consultado sobre la posibilidad de llevar casco, opinó: “Sería bueno usarlo, es una protección y nos resguardaría bastante. El tema es cómo hacemos para comprarlo, porque no debe ser barato, tiene que estar unos 5.000 o 6.000 pesos y no todo montador va a tener esa plata. Aparte tiene que tener las medidas justas para que proteja también el rostro”.
No obstante, si bien se mostró a favor de incrementar la protección, observó: “Es lindo llevar casco, porque no te golpeás, pero tampoco creamos que montar es algo muy peligroso. Con tantos accidentes he estado estropeado, pero gracias a Dios sigo vivo. El peligro está en todos lados y el que hace algo está expuesto a un accidente, como ocurre también con el que corre carreras de moto o de auto”.
Gustavo Jacobo es otro de los jinetes entrerrianos que se destacan a nivel país. Si bien este año fue a Jesús María como espectador, en 2019 se consagró subcampeón en este festival en la categoría basto. Oriundo del paraje San Víctor, en el Departamento Feliciano, opinó sobre el accidente que se cobró la vida de Cossutta hace pocos días, y evaluó: “Calculo que a este muchacho no lo hubiese salvado ni un casco ni un chaleco, porque lo que se jodió fue la pelvis y de ahí perforó para adentro, y un chaleco o un casco no lo iban a salvar. Siempre digo que cuando van a pasar las cosas, pasan; por más que tengas casco, te quebrás el cogote (sic) y chau”.
Además, advirtió: “Nuestra tradición es subirse arriba de un caballo, y sería medio incómodo para un montador llevar un casco en la cabeza”.
“Tengo 35 años y a los 17 empecé con esta actividad. Ya he tenido muchas quebraduras, pero no golpes que me hayan hecho perder el conocimiento. Para nosotros es un deporte común, como al que le justa jugar al fútbol o participar en una carrera de autos. Coordino algunas jineteadas, hay riesgo de quebrarse, pero es raro ver accidentes tan graves”, aseveró.
Por su parte, su hermano Cristian sí está compitiendo este año en el festival de la localidad cordobesa, donde ya se consagró campeón en 2016 en la categoría crina limpia. Representa a la provincia junto con Leonardo Cepillo Trevisán, que busca alcanzar el podio en basto –ayer se mantenía en segundo lugar–, y Diego Migueles, en gurupa. Sobre la posibilidad de utilizar casco y chaleco, opinó: “Va a depender de cada uno usarlo, Algunos se lo van a poner, otros no. Uno no deja de ser montador por tener que usar un casco y un chaleco. Yo si tengo que ponérmelo, me lo pongo, no tengo drama”.
“Hago esto desde chico y a montar caballos grandes empecé a los 15 años. He tenido caídas y he estado quebrado y todo, pero la jineteada es algo que a uno le apasiona. Nadie nos obliga a montar un caballo, lo hacemos por gusto. Casi toda la vida he montado y miedo no tengo, es como todo deporte que tiene algún riesgo”, dijo a modo de conclusión.