Un reencuentro con la historia
En 1986 se debatía el Divorcio Vincular, el fútbol argentino se reestructuró, en el Gran Paraná habitaba el 50% de la población actual, y la ciudad tenía súper locales e industrias emblemáticas  

Domingo 13 de Julio de 2014

Daniel Caraffini/ De la Redacción de UNO

dcaraffini@uno.com.ar

 

Mucha agua pasó por encima del túnel subfluvial, desde aquella final en 1986, demasiada. Tanto tiempo transcurrió –28 años–, que uno de cada dos paranaenses vivirá este hecho histórico hoy, por primera vez en esta tierra. Es que por entonces, la ciudad contaba con 159.581 habitantes según el censo de 1980 –hoy tiene más de 260.000–, y era inexistente el cordón suburbano de San Benito, Oro Verde y Colonia Avellaneda, que en las últimas décadas se cuadruplicó. La presencia de personas del interior entrerriano, o de provincias vecinas era significativamente menor a la actualidad.

Aquella final en territorio mexicano, el 29 de junio de 1986, se vivió con condiciones meteorológicas inestables en la ciudad, y pese a la intensidad de la lluvia al término del encuentro, la gente se reunió en la Plaza 1º de Mayo, según testimonian las crónicas de la época. El clima de entonces parece tender puentes con el pronóstico para hoy en la región, como primer punto de coincidencia.

Por entonces, los festejos populares –durante la disputa del torneo y en los tramos finales– en todo el país eran sensiblemente inferiores a como hoy los conocemos. Y son una creación popular desde el Mundial 90, en adelante, cuando comenzó a festejarse en las calles, cada triunfo Albiceleste.

 

Reestructuración nacional

Pocas semanas antes de que Argentina alce el cetro, el Club Atlético Belgrano de Paraná desperdiciaba la chance de llegar al nuevo Nacional B, y comenzó a tejerse un nuevo mito sobre ese destino esquivo del balompié local para alcanzar trascendencia nacional. Luego de ese Mundial, el fútbol argentino vivió una reestructuración inédita: la Segunda División se pobló de equipos del interior del país –indirectamente afiliados a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), que por primera vez pasaron a competir de manera permanente en este tipo de torneos: Belgrano de Córdoba –dejó en el camino al Mondonguero–, Gimnasia de Jujuy, Central Norte de Salta, Chaco For Ever, Cipoletti de Río Negro, Central Córdoba de Santiago del Estero, Atlético Concepción de la Banda de Salí de Tucumán, Ferro de General Pico (La Pampa) y Guaraní Antonio Franco de Misiones se sumaron a un grupo de equipos del área metropolitana porteña para el nuevo certamen.

Atrás quedaron los viejos Nacionales, que permitía a los equipos de la provincia enfrentar a dos o tres equipos porteños, luego de extenuantes regionales. En 2014, con polémicas, se instaurará un nuevo esquema divisional del fútbol argentino, tan radicalmente diferente al anterior, como pasó en 1986. Otra similitud entre el ayer y el hoy.

Gaby Sabatini ya era una de nuestras mejores embajadoras deportivas por el mundo.

Mientras en Latinoamérica se tendían lazos solidarios hacia el Perú por un nuevo intento de golpe de Estado militar, en el país la sociedad se movilizaba y debatía la Ley de Divorcio Vincular. En la capital provincial se preparaba una marcha en contra de esa normativa, cuatro días después de la final. La Plaza 1º de Mayo era el lugar elegido para expresarse; en los alrededores de ese espacio público ya se observaban también carteles de los precandidatos a gobernador para las elecciones de 1987.

No había hipermercados, y los paranaenses consumían en comercios de propiedad local: Supermercados Abud, Los Hermanitos, Spar o en Autoservicios 4 de Enero.

En el Cine Teatro Mayo se exhibía Camarero Nocturno… En Mar del Plata, producción de Gerardo Sofovich, con la actuación de Tristán y Susana Traverso. El Cine Atlas –actual sede de la Iglesia Universal en calle 9 de Julio– ofrecía “el 1º film softcore (erótico) que se estrena en salas condicionadas del país”. Las propuestas cinematográficas se completaban con carteleras en los cines Rex y en el Ópera –en Pellegrini, casi Perú–.

La realidad urbana muestra, obviamente, contundentes contrastes, en el paso de casi tres décadas de esa primera y victoriosa final mundial con Alemania.

En el barrio Aatra se ejecutaban las obras de pavimentación de calles, mientras que aún no se habían adjudicado los complejos habitacionales de Paraná V, Paraná XIII o Paraná XVI, que comenzaron a habitarse pocos meses después.

La radio era el medio de comunicación con mayor penetración cultural, a través de la sola presencia de LT 14; había un solo diario (El Diario de Paraná) y la minúscula oferta mediática se completaba con el reciente ingreso de Canal 9, que había sido inaugurado un año atrás, a partir de una licitación pública del gobierno provincial.

La peatonal aún no tenía su fisonomía; además de Estudiantes, Rowing y el Club de Pescadores, en la Costanera estaba también el Yacht Club, que desapareció algunos años después, cuando se realizó la nueva Costanera.

A mediados de 1986 se remodelaba la Feria de Salta y Nogoyá con el financiamiento del Banco Municipal, y por entonces también se trazaba el velódromo.

Y el sector productivo mostraba un perfil particular: funcionaban a pleno la fábrica de cemento portland San Martín –que ocupaba el actual Parque Humberto Varisco, integrado al espacio público en 1999–, Coceramic, Paranatex (en avenida Almafuerte), la Compañía General de Fósforos en calles Corrientes, Malvinas y San Juan, y la compañía aceitera de Bajada Grande.

Y el Patito Sirirí seguramente todavía era de color negro –como es un pato sirirí–, tenía la caña de pescar, el pescado, y compartía el espacio y la atracción de los niños junto con el plato volador, la medialuna y el cohete.

 

Hacia la masividad

Por aquellos años 80 –incluso hasta no hace mucho–, aún se podía escuchar a detractores que hablaban de “22 tipos corriendo detrás de una pelota”, o los intelectuales hablando del fútbol como “opio de las masas”. Se superó también su exclusividad masculina y hoy es una pasión del fútbol envuelve a chicos y grandes, de todos los géneros.

Ya nadie osa discutir el carácter histórico de la jornada.

Por fortuna, generaciones acostumbradas a improvisar simpatías por Uruguay, Italia, Holanda o Alemania, vivirán y compartirán por primera vez, un gran sueño colectivo. Ese que disfrutamos y festejamos nosotros, con casi cuatro décadas de vida, varias veces seguidas, hace ya demasiado tiempo atrás, para un país tan futbolero. Chicos y jóvenes de hasta 24 años experimentarán esa sensación única de sentimiento común.

Y cada familia escribirá hoy un recuerdo para la posteridad, porque nadie podrá olvidar qué estaba haciendo, cuáles fueron los rituales, las cábalas, los sentimientos, el 13 de julio de 2014, cómo estaba el clima, qué comieron, qué pasó en la ciudad. La memoria inmortalizará las lágrimas de emoción, los gritos, los abrazos. Será una jornada que traerá el recuerdo de aquellos familiares que no están, pero que compartían la pasión por el fútbol.

Se trata, de más ni menos, de un reencuentro con nuestra historia, y de estar escribiendo un capítulo inolvidable, más allá del resultado final, tanto familiar como personal. Porque difícilmente haya otros momentos en que los sentimientos y emociones sean tan expuestos a flor de piel, sin límites ni filtros.