UNO de Corazones: Lola & Karel
Respeto y compromiso, la clave para superar las dificultades. Ella, una médica paranaense; él, un trovador cubano. Se conocieron en el país caribeño y decidieron formar una familia

Sábado 11 de Abril de 2020

“Estos son tiempos difíciles, porque tengo que pensar dos veces antes de darle un beso y un abrazo a mis hijos. Estamos cuidándonos y tratando de pasar lo mejor posible todo esto”, nos cuenta Lola, quien es médica especializada en medicina familiar integral, hace guardias en hospitales públicos, consultorio en centros de salud y medicina laboral en el ámbito privado.

Pero esta vez, no nos comunicamos con ella para hablar sobre pandemias ni enfermedades, sino sobre una historia de dificultades superadas, de esfuerzos compartidos, de respeto y proyectos compartidos, de intimidad y pasiones. En definitiva, de amor.

Lola y Karel, su marido, se conocieron hace alrededor de diez años, a miles de kilómetros de Colonia Avellaneda –donde actualmente residen–.

Su historia comenzó en Cuba, de donde él es oriundo y a donde ella viajó en 2006, con 20 años recién cumplidos, para estudiar Medicina. En aquel entonces, Lola estudiaba en la Universidad de Buenos Aires, cuando –como caída del cielo, aunque no es creyente– le llegó la oportunidad de completar sus estudios en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), en Cuba.

“Todo se dio cuando yo estudiaba en la UBA y tenía una beca económica que me daba el Ministerio de Educación de la Nación. De allí me enviaron un mail consultándome si estaba interesada en la beca para la ELAM. Lo más gracioso es que ni siquiera leí ese mail, sino que lo leyó una de mis amigas. Yo me estaba bañando o no recuerdo qué estaba haciendo, ella me lo leyó y entendió mal. Me dice ‘che, ¿querés recibir información sobre Medicina en Cuba?’ y yo le dije que responda que sí. A la semana, me llaman por teléfono desde la Embajada de Cuba en Buenos Aires y me dicen que estaba seleccionada para hacer la entrevista para la beca de la ELAM. Yo no entendía nada, pero me explicaron y les dije que sí me interesaba, así que me dieron un turno para la entrevista en la embajada y me acompañó mi mamá. Me seleccionaron y el Ministerio de Educación se hizo cargo de todo, del transporte, la estadía, las comidas, la ropa, los trámites consulares, hasta me daban un estipendio, que es un poco de dinero para gastos cotidianos”, contó

Así, junto a otros 60 estudiantes de diferentes provincias, partió rumbo a Cuba a estudiar Medicina. La vida universitaria fue –en sus propios términos– “increíble”: pasó los primeros dos años en La Habana. Los cuatro restantes, tal como lo prevé el plan de estudios de la ELAM, se concretan en las provincias. A Lola, junto con otros argentinos, la enviaron a la ciudad de Santa Clara.

“La vida social en Cuba es lo más fácil de tener. Ellos son muy sociables, muy solidarios, tienen una forma de ver la vida que hicieron que me enamore automáticamente de la isla, que pasó a ser mi segundo país. Amo su gente, sus paisajes, su comida. Es un país muy complicado, pero qué país no lo es. Fue una experiencia preciosa, desde que llegué hasta que me gradué. Yo vivía en un edificio de cuatro pisos y en el mío éramos 60. Cada piso estaba dividido en cubículos que tenían entre cuatro y doce camas. Había argentinas, panameñas, venezolanas, uruguayas, brasileñas, paraguayas, chilenas. Fue lo mejor que viví en mi vida, conocer culturas y realidades diferentes. A esa experiencia la llevo en el corazón y volvería estudiar así mil carreras más”, aseguró.

Amor a segunda vista

Allí, en Santa Clara, la hermosa ciudad colonial que fuera tomada militarmente por Ernesto Che Guevara en 1958 y donde está erigido su mausoleo, Lola conoció a quien sería su esposo, Karel cantautor solista, en la línea de la nueva trova cubana. “Él pertenece a La Trovuntivitis, un grupo colectivo que hace algo único y es muy conocido allá en Cuba. Ellos todos los jueves se presentan en el Centro Cultural El Mejunje, un lugar muy famoso por su historia tan rica y revolucionaria. Allá marchábamos todos los jueves con mis amigos y amigas y lo conocí a Karel, aunque no le di bola, porque en ese entonces yo estaba en pareja, pero él hacía tiempo que me venía echando el ojo. Recién en 2011 yo me separé; y una amiga mía estaba de novia con el bajista del grupo de Karel, así que ahí nos reencontramos. Era un grupo muy lindo y nos juntábamos a comer y a jugar al dominó que es el juego que no puede faltar en ninguna casa cubana”.

Al principio se forjó una buena amistad; pero Lola lo hizo remar: “Me parecía creído e insoportable, de hecho no me lo bancaba”, hasta que en algún momento, sin que ella pudiera precisar cómo ni por qué, su opinión sobre el músico cambió. Recuerda la fecha: “El 7 de febrero de 2012 empezamos a andar, por así decirlo. Fue un amor muy fuerte, nunca me había pasado tener una relación tan poderosa en todos los sentidos. Y aparentemente fue mutuo, porque a los tres meses de salir decidimos tener un hijo. Nadie nos cree, todos piensan que yo quedé embarazada, pero no: lo buscamos”.

La clave

Al momento de quedar embarazada, Lola estaba terminando el quinto año de su carrera y se tomó una licencia de un año. Ambos decidieron venir a instalarse a Paraná hasta que naciera el bebé. Karel había viajado muchas veces a la Argentina antes de conocer a Lola y, de hecho, había vivido durante casi un año en nuestro país, así que no le sería tan complicado conseguir la residencia.

“Primero vine yo y me instalé con mis padres, Karel demoró un tiempito más porque tenía que hacer unos trámites consulares. Cuando él llegó nos fuimos a vivir a Colonia Avellaneda, a la quinta de mis padres. Y el 26 de diciembre de 2012 nació Franco”, contó Lola.

En 2013 decidieron casarse, más que nada para facilitar la estadía de Karel en la Argentina: “Fue una fiesta muy linda. Nosotros no teníamos plata, así que nuestros amigos y familias aportaron su granito de arena para que podamos hacer la fiesta, que la hicimos al aire libre, fue a la canasta y a la noche hicimos choripanes. Fue algo muy nuestro”.

Al tiempo los tres volvieron a Cuba para que Lola pudiera terminar la carrera, la cual pudo concluir en 2014: “Ahí volvimos a la Argentina, yo quería venir a legalizar mi título, algo que estaba estipulado en la beca. Aquí empezamos a trabajar y volvimos a instalarnos en la quinta de mis padres y al poco tiempo nos enteramos que íbamos a tener a Ciro, nuestro segundo hijo, que nació el 29 de septiembre de 2015”

Pero, en términos económicos, las cosas se les estaban haciendo cada vez más complicadas en Paraná. Si bien ya tenía su residencia argentina, a Karel le costaba conseguir trabajo. Mientras tanto, ella –con su panza cada día más grande– trabajaba en una ambulancia, hasta que su jefe le dijo que no vaya más.

“Ahí tuvimos otra de nuestras ideas locas: irnos a vivir al sur para que yo trabajara en un hospital rural. Averiguando con colegas mías, me contactaron con gente en Chubut y así fue como fuimos al medio del desierto, a trabajar en un hospital en Paso de Indios, donde estuve casi dos años. Era la única médica del hospital, fue complicado, difícil, duro pero también una experiencia muy fructífera, donde conocí gente muy linda y pude dar mis primeros pasos como profesional, aprendiendo a los ponchazos. Pero fue muy difícil, yo trabajaba todo el día y él estaba en casa cuidando a los nenes, además estábamos muy alejados de todo, el clima era diferente y, aunque no lo creas, eso influía mucho en nuestro estado de ánimo. Más para mi marido que es cubano, y hablamos de inviernos con 15 grados bajo cero”, resumió.

Mientras tanto, Lola no perdía de vista que quería especializarse en pediatría. Así que volvió a contactarse con Cuba y consiguió la autorización para viajar nuevamente al país caribeño: “Fue en 2017, los dos teníamos muchos deseos de volver y estábamos muy contentos. En la universidad, el requisito para especializarme en Pediatría era primero especializarse en Medicina Familiar Integral y eso es lo que terminé haciendo. Karel volvió a trabajar mucho con la música, e incluso logró grabar su primer disco. Así que nuestras carreras dieron pasos muy importantes. Él al tiempo se fue de gira a Francia y también grabó un disco allá con su grupo”.

Pero en 2019 volvieron a la Argentina ya con la idea de quedarse: “Estamos empezando a echar raíces. Nuestra relación siempre fui muy impulsiva y nos guiamos por corazonadas. Puedo asegurar que nunca nos fue mal, a pesar de que mucha gente no apoyaba nuestras decisiones y decían que estábamos locos, como cuando decidimos tener un hijo a los tres meses de salir, como cuando decidimos irnos al sur, o cuando decidimos volver a Cuba. Todas nuestras decisiones salían de nuestras corazonadas y siempre estuvimos juntos, respetándonos: él a mí como médica y yo a él como músico, dos profesiones muy diferentes y sin embargo supimos encontrar un equilibrio, que es muy complicado y más con dos hijos”.

Ahora compraron un terreno en Colonia Avellaneda y a construir su casa, de todas maneras siguen buscando su camino, y si no es Entre Ríos, será en otro lado.

“Nosotros no tenemos miedo de viajar y construir cosas nuevas, siempre nos movimos. Nuestros niños se adaptan fácil a todo, son independientes y se nota que van a ser artistas. Por supuesto que extrañamos mucho Cuba, especialmente a mis suegros y cuñados, son gente increíble. Son como mis padres y mis hermanos. Pero nosotros estamos juntos y dispuestos a pelearla. Ya pasamos miles de obstáculos y demostramos nuestro compromiso mutuo, más allá de los papeles. Sobrellevamos los cambios y tenemos constancia, nos comunicamos y nos acompañamos. Creo que esa es la clave para seguir juntos”.