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Cristales, espejos y otras ilusiones notorias

Todos somos como London, siempre ansiamos un ring

De la relación de su vida con la subsistencia, con los estímulos de la pobreza y los emergentes.

Miércoles 01 de Mayo de 2019

Pensar la literatura nos aproxima a lo inhóspito, hablando quizás como un lector. Acercarnos al vericueto mental del autor, a la comprensión que desenvuelve la idea del escritor en la búsqueda de una historia, al acecho febril de los renglones hambrientos que pretenden más y más palabras. Lentamente ingresemos (promovidos por el hacedor) hacia espacios impredecibles, sitios donde jamás hubiésemos creído estar o situaciones que nunca habríamos de resolver por sí solos. Así avanzamos en las historias y en los relatos involucrándonos, tomando parte, aprehendiendo los personajes e inclusive arriesgando un desenfrenado pronóstico de finalización del relato.

Sobre Jack London hemos hablado en otras oportunidades y también con relación a la temática del boxeo, sus libros de aventuras y de exploradores del Norte de Estados Unidos, los cuentos de marinos y andariegos solitarios. De la relación de su vida con la subsistencia, con los estímulos fundamentales de la pobreza y los emergentes de las calles y los puertos. Comenzó vendiendo diarios hasta ser redactor y periodista. Quiso la suerte que terminara siendo el escritor que todos sabemos.

Su cobertura de la llamada "pelea del siglo" en la cual Jack Johnson defendiera el título del mundo de los pesos pesados frente a Jeffries, en un emotivo reporte compuesto por prefacios, preludios y algunos epílogos además del combate en sí mismo. Desde la lectura directa del facsímil de aquellos años fue posible desentrañar el vigoroso afán con el cual los sucesos de esa noche verían las letras de molde.

Indagando el mundo en un cuadrilátero

Pero no se trata de la única expresión de London en virtud a este deporte. Desde ya que su oficio de periodista haya sido una coyuntura motivada en verdad en cierto carácter alimentario pero que su naturaleza era la de escritor, y por ende narrar historias. Y que como decíamos al principio la percepción de un detalle es el comienzo de un cuento, de una novela o de un poema. Y nadie puede escapar a ese influjo aunque sea pagano, hereje, vulgar gentilhombre o London. Nadie.

Así en la tierra como en las letras, tres historias de boxeo aparecen compiladas por allí bajo la declarada autoría de Jack London. Los cuentos llevan por título Un Bistec, El mejicano y El Combate en los cuales se pueden sintetizar sus apreciaciones relacionadas con el boxeo, siempre desde diferentes puntos de vista.

Cuando tomamos partido por aquel golpeado sujeto llamado Tom King todo su mundo nos parece real, cierto, palpable, visible y sobre todo contemporáneo. Él apenas comía al día y su esposa de cuando en vez, la explotación del sistema capitalista había hecho de ese hombre apenas ya un burdo personaje vencido y viejo, un despojo cuya preocupación mayor era apenas la subsistencia. Una persona a la cual poner en riesgo su vida era un mal menor frente a perder su integridad, y el mayor desafío de esa historia no radicaba en salir vivo del cuadrilátero, sino en poder comer al menos ese día, un pedazo de carne.

Lo que dijimos, porque apenas parece un relato de principios del siglo XX. Los años pasan, los hombres sucumben, las miserias parecen incrementarse pero siempre en los mismos ombligos.


Extrayendo a London

¿Cómo extractar sucesos de la Revolución mexicana que tuvieran que ver con el combate pugilístico? Quizás solo porque la imaginación es vasta o porque de verdad las cosas sucedieron...vaya uno a saber. Pero en El mejicano los protagonistas dudaban de ese hombre llamado Rivera. Porque para algunos era un pendenciero, un frecuentador de bajos fondos, un ausente, un presunto criminal. Pero sin embargo para otros era el poder, el hombre primitivo, el lobo salvaje, la serpiente de cascabel, el ponzoñoso ciempiés. La llama y el espíritu, el grito insaciable de venganza, un ángel destructor.

Si nos preguntamos entonces, quién era este boxeador que retrata London la respuesta aparece en sus mismas líneas. Cuando dice "Rivera, es la Revolución encarnada".

Se refería nada menos, personalizando tanto la Revolución como los apelativos, a la revolución mexicana de 1910 y a la cual London fuera contemporáneo.

En El combate la crueldad parece liminar, secundaria. Hasta la sangre se diluye postrándose a la belleza de la joven Genevieve. Al menos así lo transmite London "Genevieve era muy bella. Salida de una larga estirpe de americanos puros, era una de esas maravillosas flores del mundo obrero que a veces florecen por azar, de manera inexplicable, desafiando la herencia y el medio. Era una belleza por su tez, pues la sangre irrigaba tan deliciosamente su piel blanca que la hacía merecer la descripción de melocotones con nata. Era una belleza por la regularidad de sus rasgos; y, aunque se limitara a eso, era una belleza por la propia delicadeza de las líneas que la moldeaban." ¿Acaso alguien puede evitar sentirse atraído? No pudo hacerlo Joe, no pudo evitar eso ni la propuesta de casamiento con Genevieve. Tampoco pudo evitar consentir una pelea por 100 promisorios dólares. No desarrollaremos la historia, solo el punto de contraste donde la heroína "se quedaba petrificada ante la lógica implacable de ese combate que no comprendía, ante su influencia sobre el alma de los hombres, su ironía, su perfidia, sus riesgos, sus azares y la feroz rebeldía de la sangre que hacían de la mujer un pobre ser lamentable, no el ideal supremo para el hombre, sino un juguete y un pasatiempo."


Los días grises de los combates inconclusos


Los cuentos de boxeo de Jack London tienen la tristeza ineludible de sus protagonistas aunque inmersos en un contexto insoslayable, casi tan lúgubre como el destino que uno nunca desea. Lo que no podremos obviar es que los entornos de las escenas londonianas están imbuidas de un marcado tinte ideológico, y en eso tiene que ver su concepción socialista.

De hecho, Jack fue candidateado como alcalde un par de veces aunque con resultados negativos. Y quizás sus mejores performances en este rubro se reflejen en la publicación de varios ensayos como La guerra de las Clases o Revolución y otros ensayos.

Mucho queda de los relatos de nuestro escritor. Múltiples ediciones, ilustraciones artísticas de real nivel (Ver Breccia en la edición catalana de Knock Out) y centenares de reproducciones en todos los formatos.
De todas maneras y cuando hablaba de boxeo seguramente no habrá podido vislumbrar, allá en los albores del siglo XX, que esos mundos taciturnos y estructuralmente pobres que relataba parecen subsistir tanto como la desigualdad que su socialismo ideológico quería eliminar.

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