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¿Seguimos jugando?

La importancia de jugar en los adultos. Mejora la salud personal, las relaciones y aumenta la capacidad de crear e innovar.

Martes 23 de Abril de 2019

Me gusta partir de los orígenes, porque así se inicia el camino para poder hilar las trasformaciones en el tiempo y cobrar un sentido más bien cultural. El juego (del latín "iocus", que quiere decir: broma, burla y luego se convierte en lo que hoy conocemos como juego), se refiere literalmente a cualquier actividad que libremente elegimos para dedicarnos, solos o en grupo, niños o adultos, sin otros fines más que la recreación o el esparcimiento, desarrollando y ejercitando contemporáneamente capacidades físicas, motoras, intelectuales y sociales.


Categorías del juego

Roger Caillois (escritor, sociólogo, antropólogo y crítico literario francés) distingue cuatro categorías de juego:

Agon: son los juegos en donde predomina el rol de la competición (deportes, juegos de mesa, por ejemplo).

Alea: donde predomina la búsqueda de la fortuna, la suerte (Por ej.: lotería, casino).

Mimicry: caracterizada por utilizar la imitación (Por eje.: el teatro de ópera, el carnaval).

Ilink: incluye todos aquellos juegos que generan la búsqueda del vértigo (por ej.: parque de diversiones).

Cada una de estas categorías está caracterizada por un continuum en donde se encuentra en un extremo la "paidia" (actividades relacionadas a la diversión con espontaneidad, cargada de fantasía) en donde se improvisa y se anarquiza, impulsados por el principio de la diversión y la manifestación espontánea del instinto del juego. En el otro extremo se encuentra el "ludus", caracterizado por la necesidad de definir convenciones arbitrarias y obstáculos impuestos voluntariamente para volver más difícil llegar al resultado, que en realidad en sí mismo es inútil. De esta forma el juego se transforma en una ocasión de entrenamiento que conlleva poder desarrollar nuevas habilidades. Cuando el juego comienza a diferenciarse en sus diferentes categorías, aparece el "ludus", que sería el placer que se deriva del poder superar una dificultad creada a propósito. Cada civilización desarrollándose en el tiempo da vida a formas particulares, contextuales de jugar, por ejemplo la época industrial ha generado lo que hoy llamamos "hobby".


Preconceptos

Durante años los padres han estado convencidos de cuanto es importante el juego para sus hijos y sobre este punto, estamos todos de acuerdo. Pero si el juego es un modo para aprender y desarrollar capacidades creativas... ¿por qué no puede ser un beneficio también para los adultos?

La función del juego no debería agotarse cuando llegamos a la adultez, se debería continuar, ya que también los adultos necesitan momentos de evasión, relajación, confrontarse y enriquecerse. Además, el juego permite el intercambio inmediato de conocimientos culturales, informaciones y estrategias que enlazan las viejas generaciones y las nuevas, incluyendo las diferentes culturas a las que se pertenece.


Los beneficios de jugar en la adultez

Cada vez más médicos y psicólogos concordamos sobre la importancia del juego en los adultos como medio para mejorar radicalmente la salud personal, las relaciones (familiares, amistad, laborales, etc.), la educación de los hijos y la capacidad en las empresas de generar innovación y la creatividad. Por estos motivos es que aquí les dejo algunos tips para que aprecien lo saludable de seguir divirtiéndonos:

Por su naturaleza misma, es intrínsecamente estimulante y gratificante.

Genera optimismo. Ayudando al sistema inmunitario, favoreciendo la empatía y promueve el sentido de pertenencia a una comunidad.

Mantiene las relaciones con los otros frescas, excitantes, vitales y resistentes.

Ayuda a profundizar las relaciones humanas en general y con el resto del contexto que nos rodea en general (la naturaleza, los animales). Y vivirlos de manera gratificante.

Abre una espacio a nuestra imaginación, fantasía y creatividad de forma espontánea.

Colabora a aprender o mejorar nuestro grado de confianza hacia otros, crear otro tipo de intimidades.

Nos enseña a estar en grupo, a colaborar, a ser solidarios. A conectarnos con otros.

Responde a nuestra necesidad primordial de pertenecer, de sentirnos unidos, de cercanía.

Mejora las dinámicas de grupo en el ámbito laboral.

Aumenta la satisfacción laboral, la moral y disminuye el estrés y el ausentismo.

Nos ayuda a relajarnos, distendernos, aflojar un poco del cotidiano y nos hace reír.

Ayuda a descubrir algo nuevo de nosotros mismos, liberarnos, adquirir nuevas competencias y autocontrol, expresarnos de otras formas.

Permite descargar nuestras emociones de forma protegida, sin riesgos.

Determina el desarrollo de una sociedad y su cultura. Nos define como tipo de civilización y por ende nuestro devenir a futuro.


Lo que sucede si nos privamos de jugar

Existen una especie de efectos de lo que produce la "privación del juego". En estudios sobre animales, la vida sin juegos resulta desoladora, desarrolla graves problemas para poder socializar con otros y la capacidad de reproducirse. Los estudios en los seres humanos indican una tendencia de los que "no juegan" como maníacos del trabajo y sobre todo entrar en estados depresivos.

Jugar permite a nuestro cerebro ejercitar su flexibilidad, mantener y renovar las conexiones neuronales, poder afrontar situaciones nuevas y adaptarse. Estimula el crecimiento de los nervios en el área del cerebelo en donde se elaboran las emociones y las funciones ejecutivas. La diversión hace entrenar la tensión hacia la fantasía y facilita las conexiones que son útiles para adquirir mayor grado de flexibilidad y creatividad mental.

Lamentablemente muchos adultos, incluso muchos jóvenes, tienen una estructura muy cerrada de pensamiento y creen ser viejos o ya grandes para poder jugar, mientras que es justamente el juego el que permite mantenernos más jóvenes y sanos. Porque la vida sin jugar eleva el riesgo a contraer enfermedades ligadas al estrés, problemas de salud mental, dependencias tóxicas y violencia interpersonal.


Romper los esquemas

Sentirnos más ligeros, dejarse andar por lo que sentimos en el momento, sentirse libre. Recargarse, cambiar perspectiva, estimular la creatividad. Sacar fuera parte de nosotros, recuperar espontaneidad, ligereza y sacudir energías. Cuando juego estoy hablando de una disposición mental, un estado de ánimo, una energía psíquica que mueve. Es un proceso, un estado del ser y que pertenece al área del bienestar sistémico. Compete nuestra parte de ser que no precisa un fin específico, que nos hace divertir y nos produce placer. Que no se agota si va creciendo en el tiempo y que tiene una de las mejores propiedades terapéuticas, de las más potentes. Y tal vez por esto mismo es que jugando somos verdaderamente serios y auténticos, sin necesidad de tener que justificarnos. Sin duda alguna los adultos tenemos que jugar mucho más. No es una pérdida de tiempo, es una inversión.

Y ustedes... ¿Qué están haciendo para divertirse? ¿Cuándo fue la última vez que te pusiste a jugar?

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