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Miradas: De acá hasta la China

Nació como Concepción Matilde Zorrilla de San Martín Muñoz en una familia de artistas. China Zorrilla, entrañable y multifacética. Sus célebres frases

Martes 16 de Marzo de 2021

La talentosísima, entrañable y multifacética actriz China Zorrilla nació en Montevideo el 14 de marzo de 1922. Nacida como Concepción Matilde Zorrilla de San Martín Muñoz en el seno de una familia de artistas, su padre era un importante escultor, su abuelo paterno un tradicional poeta; en tanto, por parte de madre, era descendiente del también poeta argentino Estanislao del Campo y del mismísimo prócer uruguayo José Gervasio Artigas. Pasó su infancia en Francia, estudió en Inglaterra, vivió en los Estados Unidos, abrazando con pasión el teatro y la actuación.

Comenzó en Montevideo con el teatro independiente forjando una trayectoria tan rica como inigualable. Interpretó papeles en obras de Moliére, Chéjov, Brecht, Shakespeare, Pirandello, entre otros. Entre Montevideo y Buenos Aires, también fue directora de óperas, como La Boheme de Giácomo Puccini y El barbero de Sevilla de Rossini. Recién en la década del 70 del siglo pasado se instaló en la Argentina, coincidiendo su éxito en teatro, cine y TV nacional, con su exilio del Uruguay a causa de la proscripción a la que fue sometida por el gobierno de facto.

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Se la recuerda por las célebres frases, tanto de sus personajes como propias, que aún resuenan en los oídos de los argentinos. En Esperando la carroza, la comedia nacional de 1985 con ribetes de sainete y que se ha convertido en una película de culto, nos daba una definición clara de su vecina: “La charlatana de al lado me imita en todo: yo hago puchero, ella hace puchero. Yo hago ravioles, ella hace ravioles. ¡Qué país!”. El mismo personaje nos daba una impresión muy particular sobre la libertad de expresión: “Primero te lo dije porque tengo lengua, segundo te lo dije porque vivimos en un país independiente, soberano, libre, con libertad de expresión, sin censura, taráráblablablá y tercero porque se me antojó”. Y sobre la inmigración, la xenofobia y el racismo, encarnando lo que no debe ser: “Tanta lágrima inútil, tanto dolor malgastado, ¡pero por qué no se quedarán en sus países, esos comunistas muertos de hambre!”.

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La talentosísima, entrañable y multifacética actriz China Zorrilla

La talentosísima, entrañable y multifacética actriz China Zorrilla

Y: “¿Echar a la pobre vieja a la calle como si fuera un perro rabioso? ¡Pero dónde se ha visto cosa parecida! Pero, digo yo, ¿qué somos? ¿Negros, para ser tan salvajes? ¿O judíos, como para no tener ni siquiera creencias religiosas?”. Es que sus personajes solían ser un espejo en donde los argentinos podían mirarse, aunque no siempre les gustara lo que reflejara ese espejo. Sus roles dramáticos solían ir a lo más profundo, como por ejemplo en Elsa y Fred: “No eres hipocondríaco, te lo voy a decir en argentino, vos sois un cagón, sois un cagón. Nadie se va a morir por comer el postre más rico de Madrid”.

Y, hablando acerca del miedo: “No tienes miedo de morir, tienes miedo de vivir”. Tampoco se privó de brindarnos un delicioso momento humorístico en un restaurante: “Esta ha sido una velada maravillosa, que no tiene precio…y lo que no tiene precio no se paga, así que a la cuenta de tres nos levantamos y nos vamos”. En esa frontera entre cómico y dramático, China tenía su propia opinión: “Hacer reír es algo que uno lleva adentro. No con una mala palabra o una lola afuera. Hacer reír te sale solo; no hay una fórmula. Te siguen o no. Es mucho más difícil ser un actor cómico que uno dramático, porque el dramático dice un texto muy conmovedor y eso ayuda. Siempre me gustó más la comedia. Me sale sola”. Se notaba.

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Desgarradoramente sincera hasta en lo íntimo: “He tenido mucha suerte en mi vida menos en una cosa. Yo debería haberme casado y tener al menos un hijo. Creo que una mujer debe tener un hijo. En eso pienso cada vez que me acuesto. Creo que una mujer que no tuvo un hijo está como incompleta”.

Y hasta nos dijo cómo debería ser el cielo: “Quisiera que el cielo sea exactamente igual a la Tierra, pero sin las cosas malas. Sin guerras, ni Bush, ni pobreza ni enfermedades”. Al final, nos enseñó mucho más sobre la vida que sobre la muerte: “Yo me entiendo con la vida. Ella no me tiene mucha simpatía, pero yo a ella sí... A mí me gusta la vida. Seré medio masoquista, pero me gusta”. Donde sea que estés ¡Que hayas pasado un feliz cumpleaños, China!

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