"Los chicos leen mucho porque están todo el día con el teléfono"
Lectura, escritura y cambios de época. La trágica muerte de Fiorella Furlán y un poema nacido desde las entrañas. Revelaciones de la mente.

Sábado 25 de Enero de 2020

La fundadora de la Asociación de Escritores de Entre Ríos (Adeer), profesora Lucía Pabón Morales, muestra un panorama auspicioso en cuanto a la integración de las nuevas tecnologías en el sistema educativo, sin dejar de señalar algunos “horrores”. “Los chicos son maravillosos, saben y leen mucho”, describe la docente, quien remarca que desde la entidad que preside se busca acrecentar la lectura y la escritura, y apoyar y acompañar a los escritores.

Desde niña, los libros

—¿Dónde naciste?

—En Paraná, en la casa de mis abuelos, zona de 3 de Febrero y avenida Ramírez, por Santa Teresita, y a los 2 años me fui a vivir a Ramírez, cerca del colegio Don Bosco, hasta los 15 años. Cuando terminé el secundario fui a estudiar a Buenos Aires, donde tuve mi propia radio en Adrogué, me casé, conocí muchos escritores, estuve unos 20 años y quedé viuda. Regresé, me casé, tuve mis hijos y volví a quedar viuda. Pero hay que salir adelante y seguir haciendo cosas por el otro.

—¿Cómo era la zona de la avenida en tu infancia?

—Con pocas calles asfaltadas y grandes canaletas a los costados, salvo el bulevar. Nos gustaban muchos las ranas y sapos, y los teníamos como mascotas; la gente sacaba sillas a la vereda y comía allí, y en las épocas de mucho calor se jugaba con agua… Siempre me atrajo el río.

—¿Qué actividad laboral desarrollaban tus padres?

—Mi mamá, ama de casa y hacía de todo, y mi papá tenía un cargo en lo que hoy es la empresa de energía. Siendo jefe en Feliciano nos extrañaba, fuimos a visitarlo, nos quedamos y sucedió la tragedia (ver nota Lo de Fiorella…). Mis hermanos nunca volvieron allí y yo lo hice cuando fui grande, al mismo lugar, para cerrar la historia.

—¿Sentías una vocación cuando niña?

—Me gustaban mucho los libros y los kioscos, leía desde chiquita y le decía a mi mamá que quería tener uno. Siempre escribí y con mis hermanos hacíamos competencias de leer lo escrito. Leo de todo.

—¿Alguno influyente?

—Los libros de lectura eran lindos y uno que se llamaba Dulce de leche tenía lindas historias. En la primaria leíamos poesías y me gustaba hablar en público. Platero y yo me pareció fantástico; pensaba sobre cómo sería la vida de los escritores. Una vez en la escuela invitaron a uno, yo tenía una imagen idealizada, y no era lo que junto con mi hermana pensábamos, pero escribía bellísimo. Es importante que los chicos sean visitados por escritores y gente destacada. Escribir te transporta, al igual que cuando se lee. Trataba de escribir cosas con finales lindos.

—¿Materias predilectas de la secundaria?

—Me fascina la Historia, terminé siendo docente e hice periodismo.

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Río e inspiración

—¿Siempre mantuviste el ejercicio de la escritura?

—Siempre, y lo incentivo, articulando con otros profesores. Me gusta la poesía y los cuentos cortos, y poder escribir una novela, pero lo veo tan difícil. Escribo mucho sobre el río. Como decía el gran Juan L., “el río nos atraviesa” y también la Naturaleza. Me gusta también pintar, aunque no me animo a exponer. En Entre Ríos hay mucha gente que escribe, de todas las edades.

—¿Continuás vinculada a la radio?

—Sí, es mi corazón y creo que nunca dejaré de hacer radio. Comencé en Corazón, del padre Matiacci, con un programa de tres horas, pasé por varias y ahora estoy en FM Cambalache. El programa tiene un espacio dedicado a los adultos mayores que se llama honrar la vida, en el cual cuentan sus vivencias y cómo siguen haciendo cosas por los otros, más allá de estar jubilados.

—¿Qué día?

—Los sábados, de 9 a 10, en 89.7.

—¿Cómo nació Apuntes para un río?

—Lo hice con la Editorial Ana, de Pablo Felicia, un escritor amigo. Son cuentos, con uno de los cuales se hizo una película, y poemas. Me ubico en Paraná y hablo de esta ciudad que amo, y de sus gentes. Y el segundo, Enaguas de río, también de la misma editorial, reúne poesías y cuentos, y es una antología con otras escritoras. Cada una reflejando desde el feminismo lo que sienten y viven las mujeres.

La salvación de la alfabetización

—¿Por qué elegiste la docencia?

—Al principio dudé; me gustaba Medicina pero no soporto la sangre. Quería trasmitir lo que sabía, comencé como maestra alfabetizadora y fue fantástico. Recuerdo a mis alumnos que tenían 60 o 70 años, yo era chica y me decían “señorita”. Hoy cambió mucho, pero los chicos de segundo año son maravillosos, saben y leen mucho.

—¿Por qué destacás esa experiencia de alfabetización con adultos?

—Por las ganas con que te espera la gente grande, como si fueras una salvación. Cuando me tuve que ir, el agradecimiento me hizo muy feliz y fue maravilloso No debe haber chicos ni gente grande que no sepa escribir, porque sino, no son parte del mundo. Hay que integrarlos y todos podemos enseñar, tenemos la obligación y la gente el derecho.

Celulares, integración y horrores

—¿No hay una percepción distinta en cuanto a lo que señalás de que “los chicos saben y leen mucho”?

—Leen mucho porque están todo el día con el celular, están atentos y se informan e investigan de todo, escriben a su manera porque el del teléfono y las redes sociales es un lenguaje diferente. Hay cosas que se pueden integrar, y permitir, y otras me parecen horrores (risas), como cuando ponen muchas “k”.

—¿El sistema educativo acompaña el cambio tecnológico?

—Tenemos que trabajar para que cambie y sea mejor. Pero nada es individual sino colectivo. Hay medidas y programas que se tomaron para mejorar la calidad educativa y no resultaron, o quedaron totalmente obsoletos. Cuando nos reunimos los días institucionales, que mucha gente critica, planificamos de qué manera podemos ayudar a los chicos que les falta para alcanzar un objetivo. Y lo articulamos entre todos los profesores. Particularmente, no veo que el chico que repite sea un fracaso, sino que tal vez tiene otro tiempo que el establecido por el sistema. No todos somos iguales ni nos pasan las mismas cosas. El docente tiene que saberlo y manejarlo. Hay que ir cambiando la cabeza de ciertos profes que quieren el “alumno ideal”, que nunca existió (risas). Para mí el alumno ideal es el inquieto y el que pregunta. Las pruebas internacionales que se hacen son con preguntas no adaptadas a nuestros chicos y realidad. Debiera haber un grupo de docentes y académicos que las haga adaptadas a cada realidad provincial.

Una asociación que acompaña

—¿Cuándo se creó la Asociación de Escritores de Entre Ríos?

—Hace dos años, para acrecentar la lectura y la escritura, y apoyar y acompañar a los escritores, con quienes vamos a distintos lugares. La integra gente de todas las edades, desde jovencitos hasta quienes escribieron su primer libro después de los 80 años, lo cual es maravilloso. Nos reunimos, leemos, escribimos, nos corregimos y ayudamos a que se pueda publicar. No cobramos cuota, esperamos que se sume más gente y tenemos nuestro Bar de los poetas, que funciona en Miguel David 1964. Nos reunimos los sábados y tenemos previstos varios cursos para este año, además del V Congreso Latinoamericano de Escritores, que siempre se hace en la Universidad Tecnológica, en abril.

—¿Cuál es el panorama general en la región?

—El de escritor es un oficio solitario, pero sin embargo necesita que el otro lo escuche y le diga si está bien o mal. En el caso de nuestro medio, la actividad necesita abrirse un poco más. En otros lugares, como Seguí o Cerrito, funcionan muy bien. Sin embargo acá falta más movimiento y apertura al público.

—¿En qué sentido?

—Logramos este lugar porque queremos que vengan todos, tomen y se diviertan, es libre, pero hay otros lugares con un formato más serio, donde hay que ir vestido de determinada forma… Soy de otra idea, tomar una plaza, tomar un micrófono, leer y que todos lo puedan hacer. Algo más informal para romper esa imagen de hielo del escritor. Conocí a María Kodama porque fue mi profesora y ella contaba que Borges se divertía, como otros tantos escritores. En Colonia Avellaneda hay mucho movimiento de gente joven vinculada a la escritura y hay un escritor que ha ganado premios internacionales. Acá hemos traído a escritores de México y Chile.

—¿Qué talleres tiene previstos para este año?

—Varios: un curso de redacción periodística, y talleres de memoria, declamación, literario, de guión de cine, de escritura terapéutica, de escritura productiva, para el desarrollo de la imaginación y para escribir historietas.

—¿Tienen alguna página en Internet?

—Sí, en Facebook, Escritores de Entre Ríos, donde pueden postear, o leer textos, poemas, micro relatos, recetas y hacer comentarios.

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“Lo de Fiorella me hizo recordar a lo que yo viví”

La profesora Pabón Morales fue conmovida particularmente por la tragedia reciente de Fiorella Furlán, quien falleció ahogada en el arroyo Antoñico, de Paraná, el sábado 14 de diciembre, ya que le recordó la muerte de su padre y su pequeña hermana, también en circunstancias trágicas.

—¿Lo de tu papá y hermanita fue un accidente?

—Como niños fuimos imprudentes; no hicimos caso y nos metimos en el arroyo Feliciano; mi papá, que era buen nadador, se desesperó y sacó a mis hermanos. Yo, de 6 años, fui la última, y mi hermana de 10 años cayó en un remanso… fue dramático. Esperamos a que saliera con ella pero… esa espera es impresionante. Luego los encontraron juntos. Fue todo muy feo y triste. Mi mamá quedó a cargo de todo, siete hermanos, y es una gran luchadora.

—¿Cómo percibiste la tragedia en ese momento?

—Cuando sos chico te angustia pero siempre pensás que volverán, porque está la idea de la muerte como viaje, así que los esperaba.

—¿Escribir te ayudó a elaborar el duelo?

—Por supuesto. Te libera de muchas penas; el escritor es juez, víctima, toma revancha… es como Dios, por eso es maravilloso.

—¿Cómo te impactó emocionalmente lo de Fiorella Furlán?

—Me conmovió y me hizo recordar mucho lo que me había pasado, especialmente por la comunicación final que tuvo su padre en ese final tan horrible. Sentía que tenía que escribirlo así, y lo escribí con mucho respeto, desde el alma. No me animaba a publicarlo porque no sabía cómo lo tomaría la familia, quería que fuera un alivio para su pena… me conmovió mucho, desde las entrañas y el corazón ese papá. Cuando vi que la gente compartía el poema por las redes, me alivió. Ojalá y Dios quiera que con el tiempo, el gran amigo y médico del dolor, se puedan reponer. También lo sentí mucho porque era algo que se hubiera podido evitar. En el caso de nosotros, que también fue una tragedia, se hubiera podido evitar pero fue por no hacer caso.

—¿Tuviste devoluciones por la publicación del poema?

—No podía creer que hubiera tanta gente leyéndolo y dejé de fijarme cuando lo habían hecho más de 13.000 personas. Me daba miedo leer los comentarios, entonces leía sólo algunos, pero me di cuenta que posteaban algunos de los versos y me agradecían, y quienes de alguna manera me conocían, me daban el pésame por aquella tragedia ya lejana.

—¿Cuándo cerraste tu duelo?

—Fue difícil y complicado porque mi mamá siempre ponía uno o dos platos de más en la mesa, y a veces, también, compraba ropa, lo cual hizo durante 10 años. La veía sufrir y me daba mucha pena. Yo solía ir al cementerio con mi otra hermana. Creo que lo superé cuando pude meterme nuevamente al agua, porque tenía cierto miedo de ahogarme, y cuando pude volver a Feliciano, al lugar donde se ahogaron. Me hizo bien; de a poco fui cerrando la historia y sanando.

—¿Lo de ir al lugar fue un desafío?

—Sí, sí… incluso meterme al agua en el mismo lugar. Hice una pequeña ceremonia y creo que ahí cerré todo. El tiempo, y el cariño y acompañamiento de los demás es el mejor remedio.

—¿Cuánto tiempo transcurrió hasta que volviste al arroyo?

—Fue cuando tenía 40 años.

—¿Cuál fue la sensación al meterte al agua?

—Fue lindo, porque me llevaba, flotando, agua tibia… me dejé llevar, en un momento no hice pie y pensé en mis hermanos y el dolor que yo había sentido en los pulmones cuando me estaba hundiendo. El agua me atrae, me hace sentir bien y hay que tenerle respeto, no miedo. Como docente me gustaría que fuera obligatorio el aprender a nadar, tanto en la primaria como en la secundaria, y reforzarlo deportivamente en la universidad. Tenemos que conocer nuestras cuencas hídricas; la gente, en general, no conoce los arroyos, su profundidad, cuáles están entubados…

Me lleva el agua...

Y me buscan

entre las piedras

y los rescoldos

del caudaloso arroyo

y en cada junco

que toca mis cabellos

de cada cuenca

de mi Paraná

Y tu mirada

que es la mía

Y en el adiós de mi voz

que guardarás en tus oídos

En la etéreas nubes grises

En cada noche

destellante de relámpagos

En el amanecer de la incertidumbre

Y el atardecer melancólico

de las lluvias de verano

Me encontrarás

en cada ser

que me llevó en su alma

y me acompaño en este viaje

No llores papá

Me lleva el agua

para estar siempre

inmortalizada en tus recuerdos

y en los de todos

que pronunciaron

mi nombre.