Investigadores de la Universidad de Sunshine Coast concluyeron que las escapadas frecuentes favorecen el bienestar, incluso cuando son breves y cercanas.
Lunes 21 de Septiembre de 2026
Un equipo de investigadores de la Universidad de Sunshine Coast (UniSC) determinó que los viajes de ocio frecuentes pueden favorecer la felicidad, fortalecer la resiliencia psicológica y mejorar la satisfacción con la vida. Los beneficios también podrían alcanzarse mediante escapadas breves y cercanas al lugar de residencia.
El estudio, publicado en el Journal of Travel Research, señala además que el impacto positivo no es igual para todas las personas: quienes se sienten más vulnerables o tienen menores recursos para afrontar situaciones de estrés serían quienes obtienen mayores beneficios de estas experiencias.
Viajar para afrontar mejor las dificultades
Los investigadores utilizaron como marco teórico la denominada broaden-and-build theory (BBT), una corriente de la psicología positiva que sostiene que las emociones agradables amplían las capacidades cognitivas y conductuales y permiten desarrollar recursos personales duraderos, entre ellos la resiliencia.
“Viajar ofrece oportunidades para visitar nuevos destinos, aprender sobre diversas culturas y disfrutar de actividades que fomentan la felicidad, lo que ayuda a desarrollar la resiliencia psicológica y, a su vez, a mejorar la satisfacción con la vida”, explicó Mulcahy en declaraciones difundidas por la UniSC.
Según el trabajo, las personas con menores habilidades para afrontar las dificultades pueden aprovechar las emociones positivas generadas durante los viajes para sobrellevar situaciones adversas y extraer recursos de esas experiencias.
En cambio, quienes ya cuentan con niveles moderados o altos de capacidad de afrontamiento, o presentan bajos niveles de vulnerabilidad, registrarían beneficios menos significativos. El resultado sugiere que el efecto de los viajes sobre el bienestar está condicionado, al menos en parte, por la situación psicológica previa de cada individuo.
No hacen falta grandes viajes
Uno de los aspectos destacados por los investigadores es que los beneficios potenciales no requieren necesariamente viajes extensos ni costosos.
“Nuestros hallazgos demuestran que las escapadas cortas y frecuentes pueden aportar beneficios potenciales a largo plazo para la salud y el bienestar, que podrían transformar la calidad de vida de las personas”, sostuvo Mulcahy.
A partir de esta conclusión, el equipo plantea que los operadores turísticos podrían desarrollar propuestas especialmente accesibles para personas con mayores dificultades para afrontar el estrés. Entre las alternativas mencionadas figuran recorridos guiados, traslados desde aeropuertos y hoteles y actividades al aire libre adaptadas a principiantes, como senderismo, kayak o escalada en niveles básicos.
Una posible herramienta para el bienestar
Los resultados también abren una discusión sobre el papel del turismo en las políticas públicas y las estrategias vinculadas al bienestar. Los investigadores plantean que los gobiernos podrían considerar inversiones en infraestructura que faciliten desplazamientos frecuentes, accesibles y de corta duración.
En el ámbito de la salud mental, los autores señalan que los viajes regulares podrían contemplarse dentro de determinadas estrategias de bienestar, debido a su posible contribución para disminuir el estrés y favorecer una mayor satisfacción con la vida.
No obstante, los investigadores advierten que los resultados deben interpretarse con cautela. La muestra estuvo integrada exclusivamente por turistas australianos y sus experiencias estuvieron atravesadas por las condiciones particulares de ese país durante la pandemia de COVID-19, seguida por una fuerte demanda acumulada de viajes.
Por ese motivo, consideran necesario replicar la investigación en otros países y contextos culturales antes de generalizar sus conclusiones.
El estudio también deja abiertas nuevas preguntas, entre ellas si la duración de las experiencias y el motivo del viaje —como visitar familiares, descansar o realizar actividades de aventura— pueden modificar el impacto sobre el bienestar.