Jueves 04 de Mayo de 2023
“Nací en Rosario del Tala en 1941. 81 años. Viví allí hasta los 20 años, que mi padre vende una pequeña chacra y me veo obligado a irme. Yo no me quería ir”, dice Aldo Baridón. Aldo Benjamín Franklin, aclara, por el gusto de su familia por la cultura angloestadounidense, que él aborrece desde que tuvo uso de razón política.
El talense, una expresión actual de los entrerrianos llamados paraguayistas por haber simpatizado con el Paraguay en la Guerra de la Triple Alianza, explica en este diálogo una intención de amalgamar fuerzas contra el imperialismo, desde su resistencia peronista.
—¿Qué hacía tu padre en Tala?
—Tenía una pequeña chacra de herencia. El abuelo de él, Juan Pedro Baridón, fue el que organizó el éxodo de los piamonteses, los valdenses, del norte de Italia, de Turín, que se vinieron en 1870, por ahí. Primero a Alejandra en Santa Fe, y la presencia del indio era muy hostil, entonces levantaron todo y se radicaron en Rosario del Tala. Mi bisabuelo fundó la Iglesia Metodista que todavía está en Tala. El hijo es mi abuelo, Julio Baridón. Mi padre Juan Alfredo era un chacarero, fanático de los ingleses. Un hermano de él era funcionario del gobierno peronista en el 40 y pico, tenían un serio problema en un pueblito, en Sauce de Luna, y necesitaban llevar a un hombre de afuera, que hiciera un poco de conciliador, como administrador del hospital, y lo llevaron a mi padre. Estuvo allí como administrador del hospital.
—En Buenos Aire ¿qué hiciste a los 20 años?
—Trabajé en infinidad de cosas. En un taller de reparación de barcos, en la limpieza de un laboratorio francés de productos medicinales, pero trabajé, y eso me marcó, con un pariente mío, Carballo, descendiente del coronel Carballo de Urquiza, que tenía un taller de platería. Trabajé con él haciendo platería. Era un centro de reuniones culturales. Una casa vieja. Iban artistas, borrachos, políticos, iban todos. En los años 63, 64. Era un lujo vivir en Buenos Aires, salía yo con mis hermanas totalmente desprevenido, iba al centro…
—Eras uno de los expulsados del departamento Tala, uno de los más expulsores.
—Sí, esa era la realidad del país.
—¿Tu madre, qué apellido?
—Vila.
—Como el Vila que dice Yupanqui.
—Cipriano Vila era hermano de mi abuelo Vila. Eran de origen español. Casados con indias. Mi abuela era Arias, una indígena de la zona de Gualeguay.
El Paraguay
—Así que en esa platería había un intercambio.
—Sí, sí. Una tarde salí de ahí. Cobré y me fui a comprar libros, que era lo que hacía siempre. Llegué a una librería y me compré un libro todo roto, que remendé, de Cunninghame Grahan. Me interesó el título: ‘Retrato de un dictador’. Y estaba la imagen de Solano López. Eso me conmocionó profundamente hasta hoy.
—Ese libro te orientó. ¿Qué te impactó?
—Totalmente. La masacre, la mortandad de niños, mujeres. Pero impacta porque seguramente este Cunningham Gahan fue financiado por el imperio inglés para denostar a Francisco Solano López. Hace tal descripción de López y del pueblo paraguayo que termina siendo un elogio gigantesco. Lo que relata de ese pueblo heroico al extremo, que soporta cinco años de agresión, y no se rinde, que muchos de los prisioneros paraguayos tomados por argentinos o brasileros se escapan y vuelven al frente de batalla al lado del mariscal López. Eso me impactó.
—Y con el tiempo te fuiste haciendo radical, peronista…
—Mi familia es radical, pero con el impacto emocional de esa lectura busqué integrarme a un grupo militante y ya conocía ahí a los comunistas y no me gustó, entonces salí a buscar y me contacté con la Resistencia peronista y me entregué de pata y mano.
Alberte y Kusch
—En qué agrupación.
—No había divisiones, era Resistencia peronista. Ahí me contacté en primer lugar con Ramón Vera y después con muchísima gente, incluso un tiempo después pasé a ser un poco de asistencia del delegado personal de Perón que era el mayor Bernardo Alberte, incluso me encomendó algunas tareas riesgosas.
—Con Perón en el exilio.
—En el exilio.
—Vos tratabas de integrar esa mirada latinoamericanista con el peronismo. ¿Ya tenías claro que Entre Ríos se había resistido a la guerra al Paraguay?
—No, no lo tenía claro. Tal vez algo había escuchado pero a partir de Cunninghanm Grahan me dediqué a estudiar profundamente ese tema, en la medida de mis recursos, para comprar libros, para viajar.
—¿Tuviste contacto con Rodolfo Kusch?
—Estuve integrado al grupo de trabajo de Kusch. Durante bastante tiempo, dos años tal vez. El viajaba, daba clases en Bolivia, y volvía, nos reuníamos. Mucha gente.
—Con una visión distinta sobre nuestros pueblos ancestrales y sus saberes.
—Fue un precursor total sobre la visión eurocéntrica opuesta a la visión y al vivir en América. Desarrolló el concepto de ser y de estar. La actitud del ser que trajo el europeo colonizador es una actitud de arrasamiento, de apoderamiento de todo, como lo describe el indio Seattle, ‘acá termina el vivir y comienza el sobrevivir’, muy elocuente. Eso era la presencia del europeo conquistador en América. Arrasaba, mataba.
—Pasa el tiempo, tuvimos experiencias diversas en política, y a vos te agarra esta época con 80 años. ¿Cuál es tu preocupación en el año 2023 en materia social y política?
—Sigo siendo como fui siempre desde los 60 y pico un militante peronista. Y quiero que el peronismo gane las elecciones. Pero fundamentalmente quiero dar un mensaje distinto a la juventud de las nuevas generaciones. En el concepto de continuidad generacional en la cultura. Porque eso es lo que vino a destruir el inglés conquistador, y Sarmiento es la máxima expresión de esa actitud de destrucción de la esencia nacional americana, cuando le escribe a Mitre: ‘general, no ahorre sangre de gaucho, sirve para engordar la tierra’. Ahí está todo expresado. Vinieron a matar, a arrasar un pueblo con una identidad mestiza, forjada en el ciclo histórico anterior. Una identidad mestiza de la cual podemos rescatar fundamentalmente a (Martínez de) Irala en Paraguay, que es el primero que promueve los nacimientos de españoles con indígenas. Después rescatamos a Hernandarias que en 1607 sale al frente de una enorme tropa de vacas para sembrarlas en Entre Ríos y en Uruguay. La riqueza vacuna de esta región se la debemos a Hernandarias…
Movimientos, no partidos
—Me hablabas de una propuesta referida a los partidos políticos mayoritarios de hoy.
—Los partidos políticos nunca arraigaron profundamente en América. Es un invento europeo. El partido político en Europa fue creado para partir, para impedir que los pueblos tengan poder, generando dirigencias partidarias que eran socias en las cúpulas y responsables de impedir que los pueblos se unan. Esa es la esencia de la teoría política de Montesquieu y de todos estos teóricos…
—¿Y la UCR y el peronismo?
—Nacieron como partidos porque era lo legalmente posible para disputar poder, pero más que partidos eran movimientos populares, donde se integraban todos. El primero que hizo esa experiencia fue (Leandro) Alem. Esencialmente era para disputar poder al agresor extranjero. Cuando asomó la flota de guerra inglesa, apareció del interior del pueblo la resistencia contra la agresión armada, y la simbolizó (Martín) Güemes que, siendo militar muy joven, al frente de un piquete a caballo atropelló un barco inglés y lo obligó a sacar bandera blanca; es un hecho de un simbolismo gigantesco. ¿Cómo nuestras clases dirigentes no han contado esto? Ochenta años después del gesto de Güemes, Alem creó el primer instrumento legal, político, de resistencia contra la agresión extranjera, y 140 años después de Güemes ese movimiento, esa resistencia, tomó el nombre de peronismo. Por lo cual la vigencia real en este nicho ecológico que es Nuestra América es el movimiento político que integran todos los sectores del pueblo que defienden la vida de su pueblo. Lo de partidos políticos es una elaboración teórica europea.
—Entonces en el nicho argentino están el radicalismo y el peronismo, como algo genuino.
—Algo genuino, nacido acá, en este suelo. Porque más allá de los personajes circunstanciales, por encima de eso, está el suelo que nos nutre, que permitió que emergieran esos personajes.
Perón Balbín
—Me hablabas antes de una propuesta, ¿cuál es?
—Que las juventudes sepan esto. Mostrar los símbolos que nos hermanan con los radicales, somos primos hermanos y el símbolo principal es el abrazo Perón Balbín, con un mensaje emocional, profundo. Es también la presencia de Cafiero en el balcón con Alfonsín cuando los Carapintadas. Eso tenemos que mostrarle a nuestra juventud, porque conozco, he estado cerca de las internas radicales, y son de una gran emoción, un gran compromiso.
—¿Decís que en eso se parecen al peronismo?
—Sí, por supuesto, tengo una profunda fe en las bases radicales. Les falta este mensaje emocional para encender esa llama. La emoción es la energía para las transformaciones.
—En el peronismo ¿se rescata algo del pensamiento de Kusch en el sentido de valorar de otra manera la naturaleza, o no se diferencian los partidos, concentrados en Buenos Aires, extractivistas?
—Con respecto a valorar la preservación de la naturaleza está el documento de Perón del año 72, “Mensaje a los pueblos y gobiernos del mundo”, que fue el primero en el mundo en poner ese tema al alcance de los pueblos rasos, porque hasta ese momento era tema de estudiosos. Perón lo hizo conocer al mundo. Es un documento largo que el peronismo cómplice ocultó durante décadas, pero en un momento dice Perón: ‘la posibilidad de que permanezca la vida humana sobre el planeta Tierra depende de que sea capaz de reconciliarse con la naturaleza’. Esa frase dice todo. Y con respecto a lo otro, el tema político, la vigencia permanente de las tres banderas, una patria justa, libre y soberana, que tampoco inventa Perón, ya había una experiencia en Sudamérica, que es lo que hizo Gaspar Rodríguez de Francia en Paraguay. En esas circunstancias, en ese contexto tan difícil, Gaspar de Francia fue capaz de crear una patria justa, libre y soberana, que era la admiración de los intelectuales europeos. Cómo es posible que en la selva paraguaya surja un personaje como Gaspar Rodríguez de Francia. Y por algún motivo Perón tenía una cuestión emocional profunda con la historia paraguaya. Yo lo notaba cuando Perón hablaba del Paraguay, se notaba en la emoción de la voz. Y el último viaje de Perón presidente fue a Paraguay. El 6 de junio había dos grados de temperatura y lloviznaba. Los médicos no pudieron impedir que fuera. En Paraguay está en un acto en la cubierta de un barco bajo la llovizna y termina cantando el Himno nacional paraguayo, íntegro. Viene a la semana, se despide de su pueblo y se muere. Qué mayor mensaje que ese, puso el cuerpo ahí, fue a morir. Y en ese mensaje, esto es importante: en ese mensaje muy dramático, porque era una guerra civil de puro balazo, pura muerte, Perón en un momento dice: ‘agradezco profundamente a las bancadas radicales en ambas cámaras que generosamente han sabido comprender y apoyar esta gestión democrática que intentamos’. Permanentemente Perón hace referencias al radicalismo. ¿Cómo es posible la ceguera de mucha de nuestra dirigencia, si lo están viendo?
Defensa de Alberto
—Esta preocupación tuya por ver dónde milita o qué hace la juventud viene por alguna inquietud sobre los últimos años?
—En Sudamérica hay una potencialidad gigantesca, y el mundo entero está reconociendo. Mi presidente Alberto ha contribuido en el exterior y acá a que esto se conozca. Hace poco volví a escuchar la charla del presidente Fernández, que estuvo con Ángela Merkel; él le contaba lo que era la Argentina, y Merkel le dijo ‘eh, presidente, lo que usted me describe es único de la Argentina, no sucede en el resto de Latinoamérica’, y él le respondió: ‘simplemente porque en el resto no hubo peronismo’. La universidad gratuita, lo que conocemos de la obra social del peronismo, y tenemos que extender este mensaje, convertirlo en un mensaje holístico, propicio para la vida de un planeta que se está muriendo. El ciclo histórico de la conquista eurocéntrica tiene un momento culminante en su desarrollo agresivo con la humanidad que es la bomba de Hiroshima y Nagasaki en el 45. Porque después de la bomba atómica ¿qué ofrece el colonialismo? Solamente muerte. Y nuevamente el presidente Fernández menciona esto en el discurso en la Patagonia y la base Marambio, habla de Hiroshima y Nagasaki, hay que recordarlo porque la energía emocional de los pueblos para las transformaciones está en la memoria de la guerra, de la muerte, nunca en la memoria de los balances contables de los bancos. Lo que emociona, moviliza, es la memoria de la guerra, y la Argentina a partir de 1955 con el bombardeo de Plaza de Mayo ha estado permanentemente en guerra, una guerra civil encubierta.
Matar al peronismo
—Es cierto también que el peronismo llevó al neoliberalismo a la cúspide con Menem, durante una década, dos gestiones con el apoyo de todos los gobernadores. ¿Preferís obviar eso?
—La circunstancia histórica de extrema debilidad. Y él la aprovechó en beneficio propio porque era un obsesivo del poder y tenía un gran carisma. Yo milité en la primera agrupación de Menem.
—Antes que él se manifestara…
—Mostraba otra cosa.
—Cuando hablamos de posibilidades de alianza entre el peronismo y el radicalismo no sé si tenemos en cuenta la deriva que han tenido estos partidos. Menem, De la Rúa…
—Es que son los pueblos los que imponen la marcha estratégica. En el 83 yo lo voté a Luder pero ¿cómo se salva este país?, por el triunfo de Alfonsín. Yo les digo a mis hijos, a todo el mundo: ¿ustedes se imaginan lo que hubiera sido la república Argentina con Luder presidente, que era un monigote de las dictaduras militares? Hubiera seguido la masacre, porque el objetivo estratégico de estos sectores de poder es aniquilar el peronismo, no derrotarlo sino matarlo absoluta y profundamente. Ese es el sentido del decreto 4161 de Aramburu, que prohíbe nombrar los símbolos peronistas, y eso sigue vigente. Lo vemos en los discursos de La Nación Más. No quieren conciliar ni ganar, quieren matarlo. Esa matriz de pensamiento colonial no tiene vigencia en el mundo, ellos presienten que su tiempo histórico ha terminado y solamente pueden durar matando y masacrando; los sectores liberales, ultra conservadores, dependientes de la banca internacional, no tienen expectativas de vida, quieren durar un tiempo más mientras sean capaces de destruir los pueblos. Y tengo una profunda fe: estuve reunido con Pedro Galimberti (UCR), le propuse un debate sobre una nueva interpretación de línea histórica de resistencia con estos fundamentos y me lo aceptó, está pendiente.
—Habría que ver en la convulsionada Argentina quién expresa esa resistencia.
—Creo que no es posible verbalizarlo. Pero es lo que surge de la emoción de los pueblos… Esta cultura posmoderna de la banalidad que te refregan por la cara que nada vale nada, ni la vida ni la muerte, está intoxicando a nuestros pueblos, yo propongo la poesía, la emoción, rescatar a través de algún medio artístico el sentido de lo sagrado, mostrar dónde está el sentido de lo sagrado: en el vientre de la mujer que hace posible reproducir la vida de los pueblos y darle continuidad a la cultura de esos pueblos a través de la memoria de la sangre. Es la memoria de la sangre la que desata el potencial energético emocional de los pueblos. La racionalidad, la pretendida racionalidad universal inventada por el colonialismo europeo, es la racionalidad de un grupo, un modelo, un proyecto inglés de división internacional del trabajo. Una racionalidad para imponer eso como único y universal; inventaron una moral de chicle, muy elástica, que justifique los genocidios necesarios para imponer ese modelo inglés. Inventaron una política para impedir que los pueblos se unan. Crearon partidos para partir, esa es la esencia del partido: partir, impedir que los pueblos se unan. Por eso la Argentina ha sido capaz de crear dos grandes movimientos que tienen al partido como herramienta electoral, primero el radicalismo, después el peronismo. Alfonsín anunció un tercer movimiento, donde se integren todos. Y estos sectores dominantes siguen reivindicando pensamientos liberales de 400 años. John Locke, Adam Smith, David Ricardo, todos colonialistas. No hay un pensamiento nuevo que avale esta propuesta colonialista, son todos de 400 años. Lo nuevo es lo que crean los pueblos, que no son dogmas, son estructuras de pensamiento vivo, que se van modificando de acuerdo a la realidad de cada momento, esa plasticidad es lo que hace inmortal al peronismo.