Plazas, clubes y casonas revelan dos siglos de cambios, personajes y costumbres que moldearon la identidad urbana y social de la ciudad de Paraná.
11:30 hs - Domingo 06 de Septiembre de 2026
La vida cívica y social de la ciudad se desarrolló alrededor de la plaza principal. Así lo testimonian los edificios que allí se erigen, los que aún se conservan y también los que fueron derrumbados pero sus imágenes perduran en fotografías y pinturas. Allí se asentaron las principales instituciones sociales, educativas, políticas y religiosas.
Una ciudad que vive un idilio interminable con un río, una ciudad de calles angostas y sinuosas, y un paisaje que cambia los cien tonos de verde por un uniforme ocre de atardecer, una ciudad de esquinas coloniales y constantes recuerdos de los tiempos de Justo José de Urquiza. Una gran aldea atestada de barrancas que balconean sobre las aguas del río; una ciudad llena de historias, una ciudad de arquitectura rica y notable que se fue construyendo de a poco, paso a paso, como el pasar del tiempo.
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Como en toda ciudad la arquitectura es fiel testimonio del progreso urbano, en ella se observan movimientos artísticos, estilos, modas y épocas y Paraná no escapa a esa metáfora, donde arquitectos y obras van contando el progreso, el avance, el transcurrir del tiempo, con edificios tan distintos uno del otro, donde la influencia inmigratoria interviene aportando nombres propios y donde los modelos arquitectónicos se hacen dueños del espacio urbano, desde edificios oficiales, religiosos o la arquitectura privada.
A comienzos del siglo, Paraná parecía estar llamada a ser una gran capital de provincia que se resistía a perder el status que le había otorgado, medio siglo antes, su protagonismo durante la Confederación Argentina. Hacia finales del siglo XIX y principios del XX, estaban instalados los ideales republicanos con que crecieron las ciudades europeas. Argentina tenía ese modelo de desarrollo y Paraná era uno de los lugares donde más había prendido.
Historia de la ciudad
En la emblemática esquina de San Martín y Urquiza, en 1901 se construye el Hotel Cransac, hacia 1930 pasa a llamarse Plaza Hotel y comienza a escribir una historia centenaria, se hospedaron personalidades de todo tipo, como Marcelo T. de Alvear o el mismísimo Carlos Gardel. La esquina de San Martín y Urquiza, punto neurálgico del centro paranaense, tiene una historia rica y valiosa memoria, esquina icónica a los que les gusta tomarse el tradicional cafecito, una verdadera esquina clásica, parte de la historia de la ciudad.
El general Eduardo Racedo tomó nota del empuje demostrado por el inmigrante Bouzada, y lo hizo depositario de los ideales de progreso que habían alentado a los forjadores de la Nación. Esto lo impulsó a dejar expresa constancia de su voluntad de que Don Antonio sea el siguiente propietario de un inmueble de su propiedad, ubicado en calle Buenos Aires. Así, en 1913, a poco de la muerte del anciano ex gobernador, se presentó ante don Bouzada el doctor Eduardo Racedo hijo, para cumplir con la voluntad paterna de venderle la propiedad al precio y forma de pago al mejor entender del comprador. Insólita manera para nuestros días, pero que habla a las claras del espíritu que animaba a aquellos míticos fundadores.
Bouzada vendió la casona de calle Buenos Aires; y así dio el gran salto empresarial que lo llevó a comprar en 1930 el Hotel Cransac, en la céntrica esquina de San Martín y Urquiza y era para ese entonces un punto de confluencia obligado. Se trata de una esquina con la atmósfera de céntrica confitería. Muchos de los lectores habrán ido a sentarse a sus mesas tomar un cortado o un café, corolario espumoso y estimulante en cualquier momento del día; a encender un cigarrillo o a conversar.
A este público del Plaza Hotel lo reemplaza otro; el de los gustadores de lo exquisito, que saben el minuto en que se producen ciertas excepciones y salen a su encuentro. Así era el Plaza Bar con sus músicos regalando melodías desde el entrepiso del salón. Cransac, Plaza Bar, Flamingo, Gran Flamingo, fueron sus nombres con los que reinó desde la esquina tradicional de Paraná y lo sigue haciendo. La foto del Plaza Hotel en el año 1970.
Colectividad Española
La Colectividad Española fue uno de los grupos inmigratorios más numerosos que llegaron al país. Enracimados en la necesidad de proveerse ayuda mutua y amparo, los que fueron llegando aportaron al progreso de los territorios que ocuparon y contribuyeron a modelar una identidad plural que, por suerte, aún nos define. Esta institución nació para mantener vivos los lazos culturales y genealógicos de su comunidad inmigrante con la patria de origen, incorporando luego servicios sociales de variada índole, como una mutual, atención médica, deportes y recreación y educación. Según los registros, el 1º de mayo de 1859 se constituyó la Asociación Española de Socorros Mutuos, luego Sociedad Española de Socorros Mutuos y Beneficencia. Su primer presidente fue el presbítero José María Velasco. Al transcurrir los años se decide la construcción de la sede definitiva, se inició un registro de accionistas entre los que figuraban destacados vecinos nativos de España o descendientes de españoles.
La sede se inauguró el 14 de febrero de 1895, proyectada por el arquitecto vasco Santos Dominguez y Benguria. Luego de varias décadas, el edificio fue declarado en estado de derrumbe excepto la fachada que conservaba un buen estado. Así, se puso en valor en 1975 restaurándose totalmente y detrás de ella se construyó un nuevo edificio con concepciones espaciales modernas. El diseño de la fachada es un excelente ejemplo de la arquitectura ecléctica en estilo morisco. Están a la vista los elementos neomudéjares, propios de la arquitectura española influida por siglos de dominación mora.
En 1832, la Legislatura eligió gobernador al general Pascual Echagüe, conforme las disposiciones establecidas en la Constitución de la Provincia. El despacho del mandatario fue instalado en lo que fuera la casa de doña Catalina Troncoso de Colobrán, en la esquina de las actuales calles 25 de Mayo y 9 de Julio. La propiedad fue adquirida por don José Colobrán, estanciero catalán. La señora Troncoso de Colobrán es quien heredó la propiedad del general Pascual Echagüe, y en esa esquina edificó, posteriormente, su casa-habitación.
La hija mayor del general Pascual Echagüe, llamada Isabel, contrajo matrimonio con una persona de apellido Zavalla. Leónidas Echagüe, dos veces gobernador de Entre Ríos, heredó la propiedad y en línea sucesoria, los miembros de la familia Zavalla. Esta casa tiene una rica historia y cuenta que, en el período de la Confederación Argentina, fue habitada por los doctores Salvador María del Carril, Juan María y Benjamín Gorostiaga, ministros del Presidente Justo José de Urquiza. Luego allí residió el vicepresidente doctor Salvador María del Carril con su familia, y en una de las salas hacia la calle tenía sus oficinas el encargado de Negocios de Inglaterra, mister Gore. La denominada Casa Zavalla–Carbó.
Lamentablemente esa casa sin tener en cuenta o sin importar que estuviera declarada como bien patrimonial fue demolida durante el fin de semana del 4 y 5 de febrero de 1995.
clubes sociales
Los clubes sociales fueron verdaderos reservorios de una sociabilidad refinada, símbolos arquitectónicos de una época, testigos del progreso y auténticos espacios de sociabilidad.
Durante las tres primeras décadas del siglo XX las clases altas disfrutaron de los beneficios del modelo agroexportador y un selecto grupo de familias habían amasado sus fortunas tanto con la producción agropecuaria como con la actividad comercial permitiendo destinar parte de dichos recursos a la adquisición de tierras, la realización de viajes al extranjero y la construcción de viviendas suntuosas en la ciudad y casonas rurales para el descanso.
Una de esas instituciones fue el Club Social de Paraná. Testigo y protagonista del paso del tiempo en nuestra ciudad, ubicado en la peatonal San Martín al 958, frente a la plaza 1º de Mayo, está construido sobre un solar que perteneció a Doña Gregoria Pérez de Denis.
En 1814 Eusebio Hereñú, comandante general de Entre Ríos, dispuso del terreno para ubicar su cuartel de tropas. A finales del Siglo XIX perteneció a Don Toribio Ortiz y hacia principios del Siglo XX era propiedad por sucesión de Doña María Parera Denis de Ortiz.
Según los registros, a la propiedad la compra la primera Comisión Directiva del Club y desde ese momento nucleará a la alta sociedad paranaense. El Club Social se fundó en 1904 y para la realización de la sede, se adquirieron dos propiedades ubicadas frente a la Plaza 1° de Mayo. A cargo del proyecto estuvo el Arq. Bernardo Rígoli y en algunos detalles de la fachada participó el estudio de arquitectos Fasiolo y Storti de la ciudad de Buenos Aires.
La arquitectura fue y será un instrumento indispensable para la construcción de identidad de las ciudades, verdaderos testigos de una ciudad que fue construyéndose de a poco, ciudad que mira al futuro, y que hoy, este año Paraná, cumple 200 años, y así la homenajeamos desde UNO.
Fernando Ponce / Especial para UNO