Si bien hay diferentes diagnósticos, la Sociedad Argentina de Cirugía de la Obesidad (SACO) estableció algunos parámetros a considerar para este síndrome
Lunes 28 de Abril de 2025
La obesidad, aún en sus formas más severas en relación con el índice de masa corporal (IMC), algunas veces no se asocia con alteraciones cardiometabólicas del ser humano como la hipertensión arterial, aumentos de los triglicéridos o colesterol y prediabetes o diabetes.
Si bien hay planteados diferentes criterios diagnósticos, la Sociedad Argentina de Cirugía de la Obesidad (SACO) estableció algunos parámetros a considerar para diagnosticar este síndrome:
- Obesidad abdominal (perímetro de la cintura mayor a 94 cm en los hombres y mayor a 88 cm en las mujeres)
- Alteración en la regulación de la glucosa (valor de glucemia en ayunas mayor o igual a 100 mg/dl, intolerancia a la glucosa o diabetes tipo 2)
- Hipertensión arterial (cifras mayores a 130/85 mm Hg
- Triglicéridos altos: mayor a 150 mg/ dl
- HDL (colesterol bueno) menor a 50 mg/dl en mujeres o menor a 40 mg/dl en hombres
“Se trata de las personas que no tienen este tipo de complicaciones aún con muchos kilos de más, aunque sí pueden tener alteraciones funcionales o psicológicas que siempre afectan su calidad de vida. Es lo que se llama la ‘obesidad metabólicamente saludable’ que, en la mayoría de los casos, un día deja de serlo", señaló Ana María Cappelletti, médica especializada en endocrinología y obesidad, miembro de la SACO.
En un escrito enviado a UNO, consideró que la obesidad "acorta la expectativa de vida", y subrayó que hay inflamación de la grasa corporal (tejido adiposo), en especial la que está localizada dentro del abdomen, y cuando las células de grasa intraabdominales aumentan mucho de tamaño, generan sustancias inflamatorias que afectan todos los órganos.
"Esta inflamación es el punto de partida del llamado ‘síndrome metabólico’, que es un grupo de trastornos que se presentan al mismo tiempo y aumentan el riesgo de enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular y diabetes tipo 2", detalló.
Más allá del peso
Consultada sobre si es posible sospechar la presencia de síndrome metabólico a partir de ciertos signos específicos, la especialista consideró que "así como existen personas con obesidad metabólicamente saludable, también hay individuos con peso normal que presentan alteraciones metabólicas".
Por eso, la evaluación del riesgo "va mucho más allá del peso corporal", remarcó. Además, aseguró que la relación entre el peso y la talla (conocido como el índice de masa corporal -IMC-), tiene escaso valor a nivel individual. Por ejemplo, un deportista sano puede tener un IMC elevado "debido a un aumento de su masa muscular"
"Actualmente, los criterios clínicos desestiman al IMC como único parámetro de valoración personal. En cambio, se considera más relevante el aumento de la masa grasa, especialmente aquella localizada en la zona intraabdominal, por su estrecha relación con el síndrome metabólico. Mediciones como la circunferencia de cintura y el índice cintura/talla se incorporan hoy como herramientas clave para evaluar a los pacientes y estimar su riesgo cardiometabólico, concluyó.
“Además, -continúa- existen métodos más precisos como la bioimpedancia multifrecuencia y la densitometría corporal total, que permiten una valoración más completa de la composición corporal. En las formas más severas de obesidad, sin embargo, se da por asumido que estas mediciones están alteradas, por lo que su utilidad radica más en el seguimiento de la evolución clínica que en el diagnóstico inicial”.
La especialista en endocrinología y obesidad detalla los pilares del tratamiento: “Una alimentación saludable que pueda sostenerse en el tiempo, la práctica regular de actividad física, contención y acompañamiento a largo plazo, medicación segura y confiable, y/o cirugía bariátrica cuando esté indicada”.
Alternativas de tratamiento
En cuanto a las alternativas de tratamiento que existen para el síndrome metabólico, Cappelletti enfatiza que el abordaje debe centrarse en el tratamiento de la obesidad. Y, en ese sentido, subraya que éste no debe realizarse de manera independiente.
“La obesidad debe tratarse siempre a partir de cambios sostenibles en el estilo de vida. La indicación de fármacos y/o cirugía bariátrica debe evaluarse en forma individual”, señala. Y agrega: “Los años vividos con obesidad aumentan significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, renales y metabólicas, que figuran entre las principales causas de muerte a nivel mundial”.
Para realizar la indicación de tratamiento individualizado -puntualiza- se tienen en cuenta los antecedentes familiares, la historia personal del peso corporal (sobrepeso desde la infancia o la adultez, ciclos de adelgazamiento y recuperación del peso perdido), el ambiente familiar y laboral de la persona y sus aspectos psicológicos.
“Debemos desterrar la idea de que los fármacos antiobesidad están indicados en las personas sin falta de voluntad para cuidarse, porque la obesidad es una enfermedad compleja que no depende de la voluntad de las personas. También debemos desterrar la idea de que la cirugía bariátrica es para quienes eligen el camino más fácil. De hecho, una cirugía no es ni el principio ni el fin del tratamiento”, remarca.
Un equipo interdisciplinario conformado por médico clínico, nutricionista o endocrinólogo, licenciado en nutrición, licenciado en psicología y cirujano (todos especializados en obesidad y bariátrica), es el que determinará, junto con el paciente en un rol protagónico, el tratamiento más adecuado para su obesidad.
Resultados "esperables"
Al referirse a los resultados que son esperables tras la cirugía bariátrica y metabólica, Cappelletti comentó que “se espera un descenso del 50% del exceso de peso inicial” y agrega que “sin duda, hasta la actualidad, el descenso de peso con el tratamiento que incluye a la cirugía no es alcanzado con el uso de otras herramientas terapéuticas como los fármacos antiobesidad”.
En relación con las enfermedades asociadas, la experta apunta que es esperable una mejoría que puede llegar a la falta de necesidad de medicación para tratar la diabetes, la hipertensión o las dislipemias (remisión). “Esta mejoría o remisión depende, entre otros factores, del tiempo de evolución del síndrome metabólico. En el caso de la diabetes tipo 2, las posibilidades de remisión aumentan cuanto menor es el tiempo de evolución de la enfermedad y disminuyen considerablemente cuando la evolución ¨supera los 10 años”, precisa.
Por último, Cappelletti destaca la importancia de mantener los músculos activos mediante el ejercicio físico de fuerza y sostener hábitos saludables de alimentación y de sueño como claves para evitar o postergar la reaparición del síndrome metabólico tras la cirugía. “Por eso decimos que la cirugía no es el final del tratamiento, siendo de suma importancia el seguimiento por el equipo interdisciplinario, que intervendrá oportunamente con indicaciones específicas adecuadas a la persona y sus circunstancias. La indicación de fármacos antiobesidad cuando sea necesario, puede mejorar los resultados o colaborar para sostenerlos en el tiempo”, finaliza.