Invisibilizado durante años, la historia lo circunscribió a una figura guerrillera sin reconocerle su papel fundamental en la emancipación de la patria
10:51 hs - Miércoles 17 de Junio de 2026
Sin la acción fundamental de Martín Miguel de Güemes y su división de Infernales, el Congreso de Tucumán no habría podido llevarse a cabo, ni José de San Martín hubiese podido cruzar los Andes para libertar a Chile y Perú. Su figura, durante años amontonada a la de otros caudillos provincianos, fue rescatada hace apenas una década (con un feriado nacional) como un genio militar imprescindible de la Patria en formación.
Nacido en el seno de una familia aristocrática de Salta el 8 de febrero de 1785, Güemes desafió las barreras sociales de su tiempo para abrazar a los desposeídos. Dueño de una vasta cultura autodidacta y una inteligencia estratégica superior, eligió el fragor del monte y la lealtad del gauchaje por sobre la comodidad de su linaje, convirtiéndose en el Padre de los Pobres y el líder de sus Infernales.
Su carrera militar comenzó a la temprana edad de 14 años como cadete del tercer batallón del Regimiento Fijo de Infantería de Buenos Aires, cona asiento en Salta. Sin embargo, fue en 1806, durante las Invasiones Inglesas, donde protagonizó una de las hazañas más singulares de la historia bélica mundial: abordó la nave británica Justine a caballo.
La historia cuenta que, al ver que el buque insignia enemigo había quedado varado por la bajamar en el Río de la Plata, Güemes con apenas 20 años, lideró a 50 jinetes en una carga audaz que culminó con el apoderamiento del buque y sus 26 cañones, y logró la rendición de más de 100 marinos ingleses.
Al estallar la Revolución de Mayo, Güemes puso su vida y su fortuna al servicio de la libertad de su tierra. Su participación fue decisiva en la batalla de Suipacha, la primera victoria de las armas patriotas. A partir de allí, su destino se selló como el guardián de la frontera norte.
En 1815, tras el brillante combate de Puesto del Marqués —donde sus gauchos diezmaron al enemigo provocándole 200 bajas con apenas dos heridos propios—, las milicias gauchas le demostraron a la vanguardia realista, comandada por Pedro Antonio Olañeta, de qué pasta estaban hechos los gauchos salteños y jujeños. Luego de contienda, Güemes fue elegido gobernador de Salta por aclamación popular, un hecho democrático inusual en una época de mandatos digitados desde el puerto de Buenos Aires.
La Guerra de Guerrillas
Se llamó así a la táctica defensivo-ofensiva de combate de Los Infernales. Fue una estrategia basada en el hostigamiento constante al enemigo con ataques de pequeños pelotones, en lugar de enfrentar a los españoles en batallas de campo abierto. Los 6.600 gauchos estaban divididos en partidas de no más de 50 a 60 hombres. Estos pelotones atacaban al enemigo de forma sorpresiva, apareciendo de la nada y desapareciendo rápidamente en el monte.
La táctica incluía el corte sistemático de la línea de suministros que debilitaba al numeroso ejército español, conocida como Guerra de Recursos.
La Guerra de Guerrillas no era solo una acción militar, sino un esfuerzo colectivo de toda la población de Salta y de Jujuy. Leopoldo Lugones llamó a este sacrificio "La tierra en armas".
Como parte de la estrategia se desarrollaba una aceitada red de inteligencia y espionaje sostenida por "Las Bomberas" (mujeres espías), niños y ancianos que servían como correos y pasaban información crítica sobre los movimientos realistas.
El conocimiento del terreno fue fundamental en la Guerra Gaucha. La efectividad de Los Infernales residía en el dominio absoluto de los montes y quebradas, lo que les permitía moverse con una agilidad que los ejércitos regulares no podían igualar.
Trípode de la independencia
La importancia de Güemes para la patria en formación fue absoluta. Él fue la pieza clave que permitió el éxito de los planes de los otros dos grandes libertadores. Formó, junto a San Martín y Manuel Belgrano, un trípode defensivo inquebrantable. Fue Güemes quien, al mando de la frontera, custodió la retaguardia para que el Congreso de Tucumán pudiera sesionar en 1816 y quien, mediante su Guerra de Guerrillas, permitió que San Martín pudiera cruzar los Andes estableciendo una muralla infranqueable para que los españoles no pentraran más allá de Humahuaca. San Martín confiaba plenamente en él, sabiendo que mientras estuviera en el Norte, la puerta de la Patria estaría cerrada para los realistas.
Heroínas en las sombras
En esta epopeya, el papel de las mujeres fue vital. Su hermana, María Magdalena "Macacha" Güemes, no solo fue su asesora política, sino también la organizadora de un sofisticado sistema de inteligencia y contrainteligencia. Junto a ella, María Magdalena Goyechea y la Corte (madre del caudillo) y Las Bomberas conformaban una red de espionaje integrada por mujeres tanto "de alta como de baja cuna". Amazonas valientes y arriesgadas patriotas protagonizaron la Revolución de las Mujeres para reponer a Güemes en el gobierno cuando la oposición oligarca intentó deponerlo durante la llamada Revolución del Comercio.
El Fuero Gaucho
Güemes instauró el Fuero Gaucho, una creación jurídica revolucionaria cuyo objetivo primordial era proteger a sus milicianos y asegurar la defensa de la frontera norte. La creación de Tribunales Especiales para Gauchos, similares a los fueros militares o eclesiásticos de la época, propiciaba que sus hombres no fueran juzgados por la justicia ordinaria controlada por las élites locales. Así protegió a su gente contra el acoso de los terratenientes que les iniciaban causas por "abandono de tareas" cuando los peones dejaban sus trabajos en las haciendas para ir a pelear por la Patria. Así se impedía las represalias, garantizando que nadie molestara a los milicianos mientras servían a la Revolución.
El Fuero Gaucho no fue solo una medida militar para garantizar la disponibilidad de tropas, sino un acto de justicia social que permitió que los sectores más desposeídos se sintieran parte activa y protegida de la Nación en formación. Güemes también repartió tierras como forma de pago a quienes combatieron en la guerra. Este hecho lo constituye como el primer reformador social del país, al reconocer el derecho de los humildes a la propiedad como recompensa por su sacrificio. Con estas simples pero importantes acciones, el caudillo se ganó la devoción absoluta de su pueblo.
La relación con San Martín y Belgrano
La correspondencia entre Martín Miguel de Güemes, José de San Martín y Manuel Belgrano refleja una profunda sintonía estratégica y un respeto intelectual mutuo. Sus cartas evidencian la misión compartida y la admiración que se tenían los tres grandes pilares de la libertad sudamericana. Puede apreciarse en la correspondencia el acuerdo estratégico sobre la marcha de la guerra contra el español. San Martín siempre manifestó por escrito su plena confianza en la capacidad de lucha de Güemes y sus gauchos. Por su parte, Belgrano mantenía en alta consideración a Güemes, a quien consideraba un estratega importante de la ofensiva y contraofensiva patriota.
La traición
El final de este guerrero fue tan trágico como heroico. Traicionado por la oligarquía local, Güemes fue emboscado y herido de muerte el 7 de junio de 1821. Durante diez días de agonía en el campamento de El Chamical, rechazó con desprecio los sobornos españoles que le ofrecían riquezas y traslados a cambio de abandonar la lucha. Su respuesta, dictada desde el umbral de la muerte, resuena hasta hoy: " Al pueblo que quiere ser libre, no hay poder humano que lo sujete".
Un hombre amado por el pueblo tiene sus enemigos. En la perfidia contribuyeron las autoridades porteñas que nunca lo apoyaron ni le enviaron recursos, pues consideraban peligroso su caudillismo. Es más, le mandaron un ejército comandado por Rondeau para fastidiarlo.
Además de los intereses políticos y las diferencias ideológicas, también primaron el odio y el rechazo al amor que le tenía su pueblo. La carga impositiva que el gobernador salteño impuso a los terratenientes para sostener la guerra, ante la falta de recursos desde Buenos Aires (lo mismo que le hicieron los porteños a San Martín) fue uno de los factores del descontento.
En 1821, fue este sector el que quiso deponerlo. No pudieron derrocarlo y crearon un partido opositor denominado "Patria Nueva" (futuros unitarios), cuyos integrantes veían con desprecio el poder que Güemes le otorgaba al pueblo y a sus gauchos.
La traición se materializó cuando los miembros de la Patria Nueva enviaron emisarios al ejército español para invitarlos a invadir Salta y terminar con la vida del líder. Fue el traidor "Barbarucho" Valdez quien finalmente guió a las tropas realistas para ocupar la ciudad y emboscar a Güemes en la casa de su hermana Macacha, hiriéndolo de muerte al enfrentar al enemigo.
Luego de agonizar 10 días, Güemes murió el 17 de junio de 1821. Tras su partida, el pueblo de Salta se dividió entre Patria Vieja (partidarios del líder) y Patria Nueva (sus detractores), dos facciones que dominaron el escenario político salteño.
Joaquín Castellanos, en sus Obras Completas, postula que "si el pensamiento de Güemes hubiese prevalecido, la República se hubiese salvado de la anarquía, primero, y de la dictadura, más tarde". Lo que resulta indiscutible es que, muerto Güemes, el clima se tensó hasta lo indecible y no hubo paz en Salta, donde se sucedieron los gobernadores sin ninguna estabilidad. Incluso dentro de sus mismos partidarios de la Patria Vieja la discordia se instaló y fagocitó los más altos valores sostenidos por el jefe; hubo exilios y hasta asesinatos.
La desaparición física de Güemes dejó un proyecto político inconcluso y, a la vez, terminó con el liderazgo sólido basado en la devoción popular, sin la cual hubiese sido imposible llevar a cabo La Guerra Gaucha y lograr que Salta fuera la primera de las Provincias Unidas en tener un gobernador mediante aclamación popular.
Cómo se lo recuerda
La posteridad ha intentado capturar la inmensidad de su figura a través de la pluma. Joaquín Castellanos lo definió con maestría: "Fue el más argentino de los salteños y el más salteño de los argentinos". Por su parte, Leopoldo Lugones, en su obra La Guerra Gaucha, elevó su lucha a una categoría épica, describiendo su acción como la de un "pueblo en armas" que inauguraba la libertad desde lo más profundo del monte.
Descendientes como Martín Miguel Güemes Arrubarrena destacan que su gloria no solo fue militar, sino moral, "al morir crucificado en su destino por la libertad de sus paisanos".
Hoy, para la provincia de Salta, Martín Miguel de Güemes representa el pilar fundamental de su identidad histórica y el guardián de su soberanía, una figura cuya importancia trasciende lo militar para convertirse en un símbolo de justicia social y autonomía política frente al centralismo porteño. Para los humildes fue y es la encarnación del espíritu de la tierra. Su figura es vista como la de un hombre que se compenetró con el paisaje de los montes y las quebradas, que murió por sus ideales y la libertad de sus paisanos. El folclore de Salta le canta a él, a sus gauchos, a Macacha y a la gesta del pueblo de Salta y Jujuy. Es el líder que, aunque fue silenciado durante años por la historia oficial, permaneció siempre vivo en la memoria de su pueblo como el centinela eterno de la Patria, que dio su vida por su independencia.