Marina Salomone y un viaje hacia el significado de la exótica danza del vientre

Charla con Marina Salomone. Baile y pañales. 15 años y odaliscas. Fluir sin saber. Egipto, el lugar de la mujer y del hombre. Rituales faraónicos y fertilidad.

07:48 hs - Domingo 31 de Mayo de 2026

La bailarina Marina Salomone explicó los orígenes, influencias y transformaciones de una danza que en su momento Hollywood se encargó de mostrar y popularizar a su manera, en algunos casos con películas memorables como Salomón y la reina de Saba. La docente de la Unión Árabe de Paraná se refirió al folclore árabe y destacó los beneficios para la salud de aquella expresión artística y ritual.

Bebé danzante

—¿Dónde naciste?

—En Paraná, barrio Presidente Perón, calle Toribio Ortiz.

—¿Cómo era la zona en tu infancia?

—Familiar y tranquila; ahora es bastante similar y no hay grandes cambios, salvo lo relacionado con el (centro cultural) Juan L., la activación de los trenes, una mayor urbanización hacia el sur y accesibilidad, por la obra de (avenida) Racedo.

—¿Lugares de referencia?

—El (club) Talleres, por la Fiesta del Mate, los ferrocarriles, aunque conocí los trenes sin andar, y la zona del Juan L.

—¿Otra relación con el club?

—Todos los cumpleaños los festejaba ahí y jugábamos.

—¿Qué visión tenías del centro?

—Que quedaba lejos, como ir a un mundo de caos coordinado y mucha gente, pero me gustaba ese movimiento, lo cual tal vez tiene que ver con la danza.

—¿Hasta dónde te escapabas?

—Hasta Racedo y Toribio, porque hacia el otro lado era la parte peligrosa.

—¿A qué jugabas?

—A la pelota, a subir a los árboles, pintar las calles y al ring raje (risas), con los chicos; tenía desarrollada mi parte masculina.

—¿Leías?

—Poco, Billiken y Genios, además de las cuestiones escolares.

—¿Sentías una vocación?

—No recuerdo, un montón de cosas; me gustaba, también, sentar a mi familia y enseñar cosas, así que uniendo las dos cosas era maestra de danza.

—¿Qué materias te gustaban?

—No disfruté la secundaria, aunque me gustaba Ciencias Políticas.

—¿Desarrollaste alguna afición regularmente?

—Desde chiquita me mandaron a clases de danzas árabes, aunque fue sólo un tiempito, también probé con el hockey y (acrobacia con) tela, pero no lo sostenía.

—¿Qué actividad laboral desarrollaban tus padres?

—Tenían una panadería bastante grande en calle Churruarín, pero vendieron porque los superó, y entraban en juego la salud y otras cuestiones.

—¿Cómo comenzó la relación con la danza?

—Mi madre es bailarina y tuvo una escuela de danzas en calle Soler, aunque poco tiempo porque la panadería era muy demandante, y presentó obras. Bailé y gateaba allí desde que tuve pañales, mientras daba clases. Me crié imaginando coreografías, contando historias a través del movimiento y creando personajes, lo cual proyectaba en los juegos. Era muy intensa con los vecinos (risas) e interactuaba con ellos, o les vendía artesanías. Mi mamá hacía la danza de una gitana agonizante, la quemaban en la hoguera y se convertía en un árbol, y recuerda que en un momento me vio queriendo encarnar ese personaje, siendo bebé.

—¿Hacía danzas árabes?

—No, españolas, folclóricas argentinas y contemporáneas.

Turco y turco no tan turco

—¿Quiénes llegaron a Argentina?

—Mi bisabuelo materno vino desde Turquía a Paraná.

—¿Cuál es el apellido de tu mamá?

—Ibarra, pero el de mi abuela es Kohen, turco-judío, y fue la influencia más fuerte que sentí. Tengo su partida de nacimiento escrita en árabe. De parte de mi padre es originario de Sicilia, pero tiene rasgos árabes muy evidentes y le dicen El turco.

—¿Conociste a tu bisabuelo?

—No; sé que tocaba el derbake.

—¿Había otros registros culturales presentes en la cotidianeidad de tu hogar?

—Mantuvimos comidas árabes, de generación en generación, y yo trato de hacer algo. Conservo unas teteras, tazas y lámparas, que tienen inscripciones en árabe. Con mi abuelo tenía una relación muy buena pero él es descendiente de vascos.

—¿Aprendiste la lengua?

—Estudié con una profesora marroquí y en la escuela había clases abiertas al público, y ahora estoy con ganas de retomar en la Unión Árabe. Lo que pasa es que cada país árabe tiene sus coloquios muy diferentes y se siente que volvés a empezar, más allá de que hay un árabe formal, un equivalente al latín, pero no se usa. Los países árabes conforman una parte de África, Asia y Europa.

—¿Qué te permitió entender?

—Me dio vuelta el cerebro porque se escribe de derecha a izquierda, y tenés que leer así; te invita a practicar con el otro hemisferio cerebral. Además pude ver y me llamó la atención el origen árabe de muchísimas palabras españolas. Me invitó a cantar y ejecutar las cuerdas vocales y con la garganta de otra forma, porque hay letras que no existen en su alfabeto y otras que sí, y que son sonidos que no se corresponden ni de cerca con el español. Son sonidos que nuestra mente interpreta como ruido.

—¿Lo hablás fluidamente?

—No; lo que más escucho son canciones para bailar la danza del vientre, que viene de la línea de Egipto y África.

Regalo de 15 años

—¿Continuaste con la danza a través de la relación con tu mamá?

—Fue por escuchar canciones, que hace 20 años estaban de moda, y también me llamaban los sonidos del idioma, aunque nunca lo entendí ni hablé fluidamente. Lo más conocido era lo que venía de Egipto y así comencé a aprender algunas palabritas. También de canciones folclóricas de la zona libanesa y de Siria, aunque no las entiendo, y menos en turco, de donde también llegaba música.

—¿Cuándo comenzaste a formarte como bailarina?

—Le comentaba a mi madre, quien me decía que la inquietud podía venir por mi bisabuelo; llegó mi cumpleaños de 15 y me regaló un show de odaliscas, Virginia Becaría María Cáceres, quienes luego fueron mis colegas, y quedé shockeada porque me deslumbró lo que vi. Dije que quería hacer eso y dedicarme profesionalmente, como fuera, porque era un alimento al espíritu. Me acerqué a la escuelita de Gabriela Cabrol, comencé a estudiar y me llamó la atención la naturalidad con que me fluían los movimientos, como si ya los supiera y tuviera integrados, lo cual me sigue sorprendiendo.

—¿Quién fue la primera maestra influyente?

—Muchas. Fui a danza clásica, un desafío enorme porque es muy estructurada, aprendí la disciplina y a entender los procesos, lo cual me gustó.

Llegar a Egipto

—¿Qué imaginabas como sueño?

—Mi objetivo era recibirme en la escuela de Amir Taleb, en Buenos Aires, quien fue el pionero de las danzas árabes en Argentina, y poder viajar por el mundo, bailando, y llegar a Egipto, la cuna de la danza. Muchas cosas se lograron y otros deseos y objetivos cambiaron en el camino.

—¿Qué hiciste al terminar la secundaria?

—Antes de terminar, abrí la escuela de danza, porque desde los 15 años fue muy intenso y me recibí en tres años, paralelamente a otras formaciones técnicas que hice en clásica y contemporánea.

—¿Viviste en Buenos Aires?

—Me gustaba, al punto que quería vivir, ya que iba y venía todas las semanas, gracias al aguante de mis padres. Ya recibida, viví unos meses pero no duré, porque no es lo mismo; me convocaron para el ballet, daba clases en Concordia y en otros lugares. En 2012 conocí Egipto y estuve en Dubai, con mi maestro de danza Jonathan Palermo y un grupo de bailarinas.

—¿Por qué se referencian las danzas árabes con Egipto?

—Es la cuna de la danza del vientre, por eso los maestros están ahí y se hacen festivales. Es como decir el Festival de Cosquín respecto al folclore.

—¿La danza del vientre es lo más identitario de su folclore?

—No, es una invención hollywoodense. Los egipcios tienen su folclore, según la región, que no tiene que ver con esa danza, aunque a través de ella crecieron mucho culturalmente.

Popular, polémica y ecléctica

—¿Es popular?

—Muy popular y también polémica, por la religión.

—¿Originariamente la danzaban las esclavas?

—Sí, esclavas faraónicas, pero tiene otras influencias, porque son países que vivían en guerras y colonizaciones, con la influencia del imperio otomano, islámico, romano, católico, griego…

—¿Lo visto en películas es una caricatura o se ajusta a lo real?

—Tiene un poco de los rituales faraónicos, porque para la fertilidad se hacían ciertos movimientos, lo cual en la actualidad está comprobado que son efectivos. Eso, con un poco de show y occidentalizado, para hacerlo atractivo. Lo de las esclavas era por necesidad económica y otras ejercían la prostitución, por eso son movimientos seductores. Tiene influencias de Argelia, Turquía, Egipto, de los gitanos y de otros territorios. Nació de una manera, se desarrolló de otra y el final es otro.

Egipto y sus contrastes

—¿Cuándo entendiste esa esencia?

—Nunca se deja de aprender porque es una danza milenaria, aunque saqué deducciones y me sirvió mucho ir allá, verla y entenderla, porque a Occidente la información llega como con un teléfono roto.

—¿Cuáles fueron los principales contrastes?

—La naturalidad con la que danzan: es como caminar y fluir, representando el movimiento de la ciudad en su baile. Es muy parecido a la India en cuanto al caos, sin semáforos y con una velocidad vertiginosa, que por momentos se detiene. Luego está lo técnico, que estudié muy mezclado con la danza clásica y no era su esencia. Encontré que estaba en mí.

—¿Tuviste maestros allá?

—Tomé clases con varios, con quienes nos comunicábamos con señas, y algunas palabritas en árabe y en inglés. Hay muchas bailarinas compañeras mías que viven allá.

—¿Qué corregiste o mejoraste tras esa vivencia?

—Lo de aflojar, relajar y que los movimientos sean anatómicos y orgánicos.

—¿Cómo se enseña?

—Descubrí una manera nueva de hacerlo que es maravillosa y más saludable, en cuanto a que son movimientos redondos y cálidos, porque la música invita a eso, y no a lo rígido y clásico, hablando de la danza del vientre. Luego está el folclore, que es otra historia, en el cual lo más representativo es el de Siria y Líbano, donde no tuve la oportunidad de ir, y cuyas temáticas tienen que ver con las labores del campo, danzas nómades y beduinas…

—¿Qué te impresionó por fuera de lo artístico?

—El ritmo de la ciudad, cómo se vinculan, las diferencias entre el hombre y la mujer, por la religión, así que hay taxis y trenes diferenciados por género; los hombres, si son amigos, caminan tomados de la mano. La mujer tiene que estar tapada. Los hombres, cuando ves que sos extranjera, son muy intensos y te miran como un bicho raro.

—¿No te interesó quedarte?

—Lo pensé porque tuve propuestas para bailar allá, pero es muy distinto y siempre tuve un apego muy grande por mi familia.

—¿Hicieron alguna puesta?

—Algunos de quienes se animaron, bailaron, pero no todos estábamos listos.

—¿Qué hiciste al volver?

—¡Uh! tratar de representarlo, mostrar esa esencia y mantener las raíces vivas para los descendientes y para quien lo sienta. No nos es ajena, ya que la danza árabe desciende, también, de rituales africanos de quienes fueron esclavos, vinieron acá y tenemos sus ritmos, a través de la descendencia del malambo y el candombe.

El auge con Shakira

—¿Qué universo implica actualmente el concepto de danzas árabes?

—Es muy amplio: folclore, danza del vientre, belly dance, show y algo artístico que se mezcló con rituales faraónicos y africanos, y danzas gitanas. Según cada país, se sigue desarrollando.

—¿Belly dance es similar a danza del vientre?

—Es lo mismo.

—¿Hay un resurgir en los últimos años?

—Está reviviendo luego de la pandemia, pero el auge y el punto más alto fue por Shakira.

—¿Hace movimientos que son propios de esa danza?

—Sí, es descendiente y hace pasos de la danza del vientre, aunque no del folclore árabe.

—¿Cuál es la clave anatómica para dominar la cadera de esa forma?

—No hay una sola, pero lo importante es cuidar y escuchar al cuerpo, usando las articulaciones y la postura universal de la danza, para no lesionarse, e imaginando figuras. Las articulaciones se lubrican con el mismo movimiento. En sus orígenes esta danza no era tan estética sino más ritual y en Occidente se le agregaron elementos más vistosos y de destreza.

—¿Cuál fue la primera puesta cuando te sentiste una buena bailarina?

—Primero fue cuando técnicamente pude realizarlo y luego emocionalmente, que es un proceso mucho más largo, sin poner en juego la salud, lo cual demanda mucha práctica y dedicación para no dañarse.

“Prefiero encarar el baile con un objetivo de salud”

Salomone explica el rol del hombre y de la mujer en las danzas árabes, destaca su beneficio para romper bloqueos emocionales y señala que no existe ninguna limitación de edad para iniciarse en el aprendizaje.

—¿Con qué motivaciones se incorporan quienes quieren aprender, además de por ser pertenecientes a la colectividad?

—En cuanto al belly dance, encuentro mujeres con bloqueos emocionales, sobre todo en las caderas y relacionados con la feminidad y la fertilidad. El objetivo de la danza es la salud, que es desde donde la encaro, aunque hay otro estilo más de vedette, que no lo vi en Egipto. Del folclore, dabke, se interesan los descendientes y es lo que doy en la Unión Árabe. Su origen fue de cuando se apisonaban los techos de las casas de barro, que se hacían en comunidad, mientras cantaban.

—¿Es abierto a cualquiera?

—Sí, y hay clases gratuitas. Me sorprende la cantidad de hombres que están empezando y que no son de la comunidad. Es un baile muy masculino, de fuerza, parecido a los bailes rusos.

—¿Cómo es el encuentro entre el hombre y la mujer?

—Hay un encuentro en lo folclórico, donde se destaca el hombre, porque la danza del vientre es solitaria y femenina, aunque hay hombres que la hacen. Por ejemplo, mis profesores fueron hombres. Hay un baile llamado raksa en el cual la mujer hace muchos pasos de belly dance pero no con la misma sensualidad, sino como cuando se bailaba en el living de la casa y se transmitía de generación en generación. Y el hombre lo baila más zapateado. Hay países donde los bailes son sólo de hombres, y en otros, mixtos.

—¿Hay una edad recomendada?

—No, porque el cuerpo de una niña es flexible. No obstante es una danza que conlleva mucha disociación y cuando son muy chicas todavía no son conscientes de su cuerpo. Está la cuestión sensual y moral que queda a criterio de los profesores, por eso a las niñas prefiero enseñar lo folclórico o transmitirla de una forma más lúdica, hasta que puedan entender el significado.

—¿Qué días hay clases en la Unión Árabe?

—Los martes y jueves, de 19 a 20, en España 353, para todas las edades y mixto, y en mi sala doy danza del vientre.