Leer desde pequeños favorece el lenguaje, fortalece el aprendizaje y estimula la imaginación

Especialistas destacan que leer desde pequeños favorece el desarrollo del lenguaje, fortalece el aprendizaje y mejora la memoria, la atención y la comunicación.

18:43 hs - Sábado 31 de Octubre de 2026

Leer es una de las actividades más recomendadas desde la infancia por sus múltiples beneficios para el desarrollo intelectual, emocional y social. Además de combatir el aburrimiento, estimular la imaginación y enriquecer el vocabulario, la lectura favorece la comunicación, fortalece los vínculos familiares y contribuye a desarrollar habilidades fundamentales para el aprendizaje.

Especialistas del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) destacan que compartir libros desde los primeros años de vida constituye una herramienta fundamental para estimular el lenguaje, la memoria, la atención y la comprensión. También advierten sobre la importancia de reconocer tempranamente posibles dificultades en el desarrollo de la comunicación.

Según un informe difundido por la Agencia Noticias Argentinas, la lectura compartida durante la primera infancia puede tener efectos positivos que se prolongan durante toda la vida, especialmente cuando se incorpora como una actividad habitual dentro del entorno familiar.

La importancia de compartir libros desde pequeños

La licenciada en Fonoaudiología Patricia Villalba (M.N. 9.319), coordinadora del sector Lenguaje y Comunicación del Hospital de Clínicas de la UBA, explicó que en las consultas profesionales observan dificultades en las primeras habilidades comunicativas de algunos niños.

“En las consultas observamos en los más chicos una intención comunicativa pobre al momento de mirar, señalar, pedir”, señaló la especialista.

Villalba indicó que estas situaciones pueden estar relacionadas, en determinados casos, con la exposición temprana y prolongada a dispositivos electrónicos, que desplazan momentos destinados al juego, la conversación y la interacción familiar.

“En algunos casos, esto puede deberse a la exposición temprana y prolongada a las pantallas, tiempo que no invierten en jugar o en interactuar en familia. También vemos que los padres tienen intención de hacerlo, pero no saben cómo”, explicó.

Frente a este escenario, la profesional destacó la necesidad de ofrecer herramientas sencillas para incorporar actividades compartidas que permitan estimular la comunicación desde edades tempranas.

En ese sentido, recientemente participó de un taller destinado a brindar recomendaciones prácticas a las familias para integrar la lectura a las rutinas cotidianas, con el objetivo de favorecer el desarrollo del vocabulario, la memoria, la imaginación y las capacidades de interacción.

Beneficios que acompañan toda la trayectoria escolar

La lectura compartida no solamente permite que los niños conozcan nuevas palabras y desarrollen su imaginación. También contribuye a fortalecer capacidades cognitivas que posteriormente resultan fundamentales para comprender textos, interpretar consignas y adquirir conocimientos.

“Este hábito va a sentar las bases para que en un futuro les resulte natural enfrentarse con distintos textos en la escuela, teniendo mayores oportunidades de lograr retener esta información y aprenderla, por haber desarrollado tempranamente mayor capacidad de memoria, atención, comprensión y vocabulario”, sostuvo Villalba.

La especialista agregó que estas habilidades pueden favorecer la autoestima y la seguridad personal, al permitir que los chicos participen de las actividades escolares con mayores herramientas para afrontar las exigencias educativas.

Las dificultades suelen hacerse más evidentes cuando los estudiantes avanzan hacia grados superiores y deben trabajar con materiales de mayor extensión y complejidad.

Según explicó, entre los 8 y los 13 años algunos alumnos presentan problemas para comprender y retener información, lo que puede repercutir en su rendimiento académico y generar sentimientos de frustración.

Estas dificultades no necesariamente responden a una única causa, por lo que resulta importante evaluar cada situación y ofrecer acompañamiento cuando sea necesario.

Cómo incorporar la lectura a la vida cotidiana

Para promover este hábito, Villalba recomienda elegir momentos en los que los niños estén descansados, tranquilos y dispuestos a participar. Evitar situaciones de hambre o sueño facilita que la experiencia resulte agradable.

No es indispensable que los pequeños sepan leer. Observar ilustraciones, identificar personajes, señalar objetos, nombrar elementos y conversar sobre las imágenes son actividades que estimulan el lenguaje y favorecen la interacción.

Los adultos pueden formular preguntas sencillas, relacionar las historias con experiencias cotidianas y permitir que los niños participen activamente.

La clave consiste en transformar el encuentro con los libros en un espacio de disfrute y comunicación, sin imponer exigencias que puedan generar rechazo o frustración.

Señales de alerta desde los 18 meses

Además de estimular el lenguaje mediante el juego y la lectura, los profesionales recomiendan prestar atención a determinados comportamientos que pueden indicar la necesidad de una evaluación especializada.

A partir de los 18 meses, algunas señales son la ausencia o escasez de contacto visual, la falta de respuesta al nombre y el reducido interés por interactuar con adultos u otros niños.

También merece atención que el pequeño no señale objetos para pedir algo, no comparta la atención con otras personas o presente dificultades para imitar gestos, acciones y palabras.

Otras manifestaciones incluyen el escaso interés por juguetes apropiados para su edad, la ausencia de iniciativas comunicativas y los problemas para comprender instrucciones sencillas, como “dame” o “tomá”.

Asimismo, puede resultar significativo que utilice muy pocas palabras habituales, entre ellas “mamá”, “papá”, “agua” o “pan”.

La presencia de estas características no implica necesariamente un diagnóstico, pero constituye un motivo para consultar con profesionales que puedan evaluar el desarrollo de manera integral.

Qué observar a partir de los 30 meses

Alrededor de los dos años y medio, las capacidades comunicativas suelen incorporar combinaciones de palabras y una mayor comprensión de las instrucciones verbales.

Por eso, los especialistas aconsejan consultar cuando existe una comprensión muy limitada de órdenes simples, como “traé la pelota”, especialmente si el niño necesita que el adulto acompañe permanentemente las indicaciones con gestos.

También pueden advertirse dificultades cuando no combina palabras para construir frases, mantiene exclusivamente expresiones aisladas o su pronunciación resulta difícil de comprender para la mayoría de los adultos.

Otra señal que requiere evaluación es la repetición frecuente de palabras o frases escuchadas, conocida como ecolalia, cuando aparece sin una finalidad comunicativa clara.

Estas manifestaciones deben analizarse teniendo en cuenta la edad, el contexto y las características particulares de cada niño.

Dificultades que pueden aparecer desde los cuatro años

A partir de los cuatro años, el desarrollo del lenguaje adquiere mayor complejidad y permite sostener conversaciones, comprender consignas y relatar experiencias personales.

Entre las señales que justifican una consulta se encuentran las dificultades persistentes para comprender instrucciones, incluso cuando se repiten varias veces, o la necesidad de imitar a otros compañeros para realizar actividades escolares.

También pueden observarse problemas para responder preguntas introducidas por expresiones como “qué”, “quién”, “dónde”, “cuándo” o “por qué”.

La dificultad para encontrar palabras, construir oraciones complejas o explicar situaciones cotidianas constituye otro aspecto que merece seguimiento.

En algunos casos aparecen sustituciones de sonidos, omisiones de sílabas o problemas de pronunciación que afectan la claridad del habla.

Los profesionales también consideran importante observar si el niño puede contar de manera organizada lo ocurrido durante una jornada escolar, cambiar de tema durante una conversación o participar de intercambios con otras personas.

Cuando estas dificultades son frecuentes o interfieren con la comunicación cotidiana, se recomienda realizar una consulta fonoaudiológica.

La detección temprana permite identificar necesidades específicas y brindar orientación a las familias. En este proceso, la lectura compartida, el juego y la conversación cotidiana constituyen recursos valiosos para acompañar el desarrollo infantil y fortalecer los vínculos afectivos.