Alejandro Richard planteó interrogantes sobre nuestros orígenes

El arqueólogo Alejandro Richard presentó hallazgos y documentos que revelan las raíces indígenas, africanas y europeas de Paraná antes de 1730.

07:17 hs - Lunes 12 de Octubre de 2026

El arqueólogo Alejandro Richard explicó, durante una amena charla desarrollada en el Colegio Nacional, el origen mestizo de la capital entrerriana, con presencia charrúa, guaraní, afro, chaná timbú, europea y de pueblos chaqueños. Admitió que algunos materiales y documentos muestran una “ocupación importante” del territorio, con alta interacción de diversas etnias incluso antes del traslado de la ciudad de Santa Fe al sitio actual.

Hizo referencia al proceso de paz alcanzado en la región con las autoridades coloniales hace casi 400 años (en la década de 1630), según expresiones del cacique Yasú, y apuntó documentos que muestran la existencia de familias costeras embarcadas en La Bajada, antes de la fundación de la parroquia en 1730, es decir, previo a ese momento considerado fundacional y del que pronto se cumplirán tres siglos.

¿Nació Paraná alrededor de un templo, o en la orilla; o se expandió desde los dos polos?

Alejandro Richard es arqueólogo graduado en la Universidad Nacional de Tucumán, doctor en arqueología por la Universidad Nacional de Buenos Aires y becario post doctoral del Conicet.

Invitado por profesores de Estética de la licenciatura en Filosofía de la Uader, el investigador abordó el tema titulado “Matices de nuestro pasado colonial. Algunas miradas desde la Arqueología Histórica: materialidades y documentos”.

Durante su exposición, Richard se detuvo en sus estudios actuales en torno de las interacciones de distintas etnias, tratando de interpretar el hallazgo de numerosas pipas en el litoral, es decir: a partir de la práctica del fumar. No sólo tabaco sino también chamico, cebil y otros vegetales.

Más concentrado en la zona del gran Paraná, se detuvo en los objetos encontrados en un asentamiento jesuita al sur del arroyo Las Conchas, con presencia de diversas etnias, y en documentos que permiten explicar la vida allí hacia 1664.

También compartió imágenes de materiales líticos y cerámicas recuperadas en Paraná, de diversas procedencias, incluidas las típicas cabecitas de loro de la cultura Goya Malabrigo, y resumió el motivo central de su ponencia: “titulé la charla ‘matices’ para no traer la palabra troncal que va a ser ‘mestizaje’. Como algo que entra en juego y es disruptivo con estos constructos que plantean a las sociedades no occidentales como no sólo estáticas sino incapaces de cambio”.

Richard reconoció que, en ciertos ámbitos, una persona indígena deja de serlo si usa ropa moderna. “Eso está muy en la idiosincrasia actual incluso, a raíz de este pensamiento colonizado, de alguien que opina ‘esos no son mapuches, si tienen camisa y jean’. Occidente puede cambiar, ‘no occidente’, no”, insistió. A partir de allí desarrolló una serie de interrogantes sobre los modos de conocer e interpretar el pasado y lo hizo con espíritu crítico. ¿cuánto hay de europeo, charrúa, guaraní, chaná o afro en una cerámica, una costumbre, una comida? Si se comprueba que en una olla hay restos de poroto, zapallo, maíz y también de trigo, ¿significa que estamos ante presencia europea, por el trigo, o sencillamente que un grupo indígena incorporó nomás el trigo y siguió con su guisado habitual?

Para desplegar sus reflexiones epistémicas se valió de estudios en la región en los que él participa personalmente: “Traigo tres casos que he ido trabajando. Justamente ahora me estoy abocando al estudio de materialidades de Santa Fe La Vieja, y otros sobre la cuenca media del arroyo Las Conchas en el Parque General San Martín, acá cerca de Paraná, y sobre la propia Paraná como espacio colonial”.

Un plato para pensar

Veamos fragmentos textuales de algunas precisiones brindadas por Alejandro Richard ante estudiosos de la región.

“Un sitio contemporáneo a Santa Fe La Vieja (es decir, anterior al traslado de esa ciudad) es el del Parque General San Martín, acá cerca de Paraná, en el arroyo Las Conchas. Allí tenemos sitios cerca de Villa Urquiza, y la Quinta de Pérez Colman, un sitio ya post hispánico donde hay cuentas de collares, enterratorios, cerámica Goya-Malabrigo (chaná timbú). También nos encontramos con este sitio del Parque San Martín, en un albardón, antes de llegar al camping, en el sector donde estaba el antiguo camping… en esa zona comenzó a aparecer material; en la década del ‘90, Teresa Rocha y alumnos del profesorado de historia excavaron, recuperaron muchos materiales que no se analizaron, quedaron en el museo Serrano. Para mi tesis de grado retomamos esos trabajos e hicimos nuevas excavaciones para identificar este sitio”.

Entonces mostró imágenes de las excavaciones y de algunos objetos hallados. “A la izquierda vemos unas ceremonias y un pedido de permiso que hicimos con la comunidad guaraní de La Picada antes de comenzar las excavaciones, y fotos de uno de los sondeos. En este sitio aparecen materiales líticos tallados, pulidos, se identifica un gran aprovechamiento de recursos; y estaría relacionado a una estancia colonial.

Aparecen además fragmentos de tinajas, una cuenta de vidrio, y las famosas bases planas que mencionaba para Santa Fe La Vieja”.

Las bases planas en las cerámicas son un indicio de la incidencia europea.

“Realizamos raspaje sobre esas bases planas para identificar los fitolitos, que son esas pequeñas formas que se observan en el microscopio y nos permitieron identificar por un lado el consumo de elementos ya presentes en la cocina prehispánica: porotos, maíz; pero identificamos también la presencia del trigo”, señaló.

Estos datos de la ciencia le sirvieron a Richard para “problematizar un poco quiénes son estos mestizos que están habitando el territorio y produciendo y consumiendo esta cerámica. Lo entendemos no como una hispanización de los grupos indígenas sino como una reconfiguración a partir de la irrupción colonial, donde la incorporación a un guisado de elementos con trigo responde más a una continuidad de una receta, de una cocina, que a una ruptura”, apuntó.

“Esto nos dice la arqueología, pero ¿qué nos dicen los documentos? La arqueología histórica utiliza documentos históricos para poder contextualizar las materialidades.

Entre 1664 y 1679 sabemos que allí tuvieron una estancia al sur del arroyo Las Conchas los jesuitas; en un documento un poco perdido que está en el archivo del Museo Etnográfico de Santa Fe se menciona que por la muerte de esclavos y gente de servicio el ganado se fugó para el río Gualeguay, y eso nos da la pauta: menciona dónde estaba el casco de estancia, dice dos leguas al sur de la desembocadura del arroyo Las Conchas, por lo cual es la primera mención que tenemos al trabajo de personas esclavizadas en esta zona”.

“Por otro lado, otro documento de 1678, un bando del gobernador, que prohíbe el comercio de vinos con los charrúas; dice que se embriagan, que el vino genera alzamientos. Este vino era comerciado; al pasar por La Bajada del Paraná, para ir a Corrientes, las carretas intercambiaban distintos elementos con los indígenas que habitaban el territorio, lo cual nos habla de la dinámica de esa frontera y de los matices de negociación, las percepciones de la territorialidad indígena también”.

Entonces el arqueólogo mostró precisiones sobre el bando colonial referido a las penas que se imponen a las personas que comercien el alcohol con los charrúas y las referencias a mestizos, indios, negros, mulatos y charrúas; además nombra a dos personas de la región: Diego González en La Bajada y Juan de Matos en Las Conchas.

Este Matos “es un maestro de sastre que conchaba en su taller a charrúas y su casa funciona como albergue de cuanto forajido vaya hacia Corrientes o venga desde Asunción o Corrientes. Entonces nos preguntamos cuáles son las barreras étnicas culturales, sociales, políticas, que operan en esa frontera porosa y dinámica y qué materialidades resultan de las prácticas cotidianas dadas en ese espacio”.

¿La iglesia, o el río?

En otra parte de su exposición, Richard se enfocó en La Bajada, con especial atención en una sociedad “emergente de los procesos dados en esta frontera, en las negociaciones, en las disputas, en los conflictos que se dan en la frontera entre distintos sujetos indígenas, distintos grupos, y el poder colonial no sólo del Cabildo de Santa Fe sino también desde Montevideo, Corrientes, las autoridades de los pueblos jesuíticos.

Entonces pongo entre signos de pregunta ese año 1730 (la fundación de la parroquia en la primera Paraná). Las efemérides se construyen a partir de determinados relatos, determinadas institucione; el valor dado a la elevación a parroquia de la capilla que existía en La Bajada marca de algún modo los inicios del poblado. Y propone el surgimiento, y el crecimiento, a partir del entorno de esa capilla de un fuerte que habría estado entorno de esa capilla”, dijo el estudioso, pero no se quedó allí.

Puso en dudas la existencia de un fuerte con empalizada en entorno a la capilla y apuntó otra mirada posible. “Esto se da de la mano de una interpretación que comenzamos en diálogo con otros investigadores sobre el rol de quienes habitan el río: la importancia del río en el origen y crecimiento del poblado, y entonces vemos una disputa entre un discurso que va a proponer una ciudad mediterránea, en torno de una capilla, en el centro, en la plaza Primero de Mayo, y otras historias en torno del río, y por qué no, en torno a la presencia de sujetos indígenas y afromestizos”. De ahí que plantee “un proceso multidireccional mestizo de esa historia colonial tan poco conocida de la Bajada del Paraná”.

El relato resulta por demás interesante. Veamos: “entre los documentos tenemos los eclesiásticos, actas de defunción, matrimonio, bautismos, que va a ir firmando el cura párroco. Se conservan a partir de 1755. Identificar a pardos, indígenas, charrúas, guaraníes, muchos guaraníes que comienzan en el proceso de despoblamiento de las Misiones, de los pueblos jesuíticos, comienzan a arribar a La Bajada del Paraná, en las primeras décadas, forman comunidades, se casan entre ellos, entre un guaraní del pueblo de La Cruz con un guaraní del pueblo de Yapeyú… Llega el siglo XIX y comenzamos a ver cierta apertura de esa comunidad guaraní al matrimonio con afrodescendientes y con indígenas de otros grupos étnicos. Lo que observamos es una importante presencia, por más que no tenemos censos para ese período, de sujetos afrodiaspóricos, indígenas, habitando en torno a la capilla y en torno al río”.

Serían dos, entonces, los puntos clave del poblamiento.

“Tenemos censos para 1820 y 1824. El de 1820 va a considerar cuatro cuarteles de la geografía urbana y nos permite ver que el cuarto cuartel, que se asocia al río, al noroeste de la ciudad, va a juntar a casi la mitad de la población. 362 viviendas de las 765 se encuentran en ese cuartel. Lo cual avala esta idea del poblamiento no tan centrado en el actual centro geográfico, sino en dirección al río; y encontramos también una importante población esclavizada que es casi el 5,6 de la población total, con porcentajes más altos en el centro de la ciudad, donde habitan los propietarios de esclavos”.

Esclavizados en el centro

Pero vaya una curiosidad: “El cuartel 2 tiene casi el 10 % de su población esclavizada. Una de cada diez personas era esclava en el centro de Paraná. Y el cuartel 3 el 7,27%. En el cuarto cuartel, el barrio del Tambor, e encuentra el menor porcentaje de personas esclavizadas, probablemente por la extensión de este cuartel y las posibilidades de desmarcarse, de quienes fueron censados por los alcaldes de barrio”.

“Cuatro años más tardes se va a realizar otro censo, por el cura Álvarez, que había llegado hacia un año y medio de Buenos de Aires, por lo cual nos permitimos suponer que tenía cierto desconocimiento del conjunto de la sociedad, persona a persona. Él va a incorporar una estructura típica de los censos, los padrones eclesiásticos, para clasificar.

Las clasifica por indios, blancos, negros y pardos. Más allá de que esto está tamizado por el ojo de quien censa y determinadas negociaciones; no es lo mismo un pardo vestido de una manera que un pardo bien vestido, negociando su estatus. O un nieto de guaraní que tiene determinado fenotipo, y lo van a anotar como indio y encontramos que un hermano, o un tío, es anotado como blanco. Sabemos a partir de las actas eclesiásticas, reconstruyendo historias de vida, que esos sujetos están en los intersticios; se trata de etiquetas socioétnicas, negociables, no son un sello. En este sentido tomamos con pinzas los números, pero en esta oportunidad un 11,5 % de la población fue censado como indígena, india, casi un 5 % como negra, y un 17,2 como pardos”.

Richard no se quedó con estos datos. “Esto nos dicen los documentos; sabemos a partir de la arqueología que el contexto de la ciudad de Paraná tiene una ocupación mucho más profunda que estos documentos”. Entonces mostró objetos preservados en el museo Antonio Serrano, hallados en distintos puntos de la ciudad. “Acá cerámicas chaná timbú que aparecen con candelabros coloniales en el Paracao… Estas materialidades entonces nos van pintando momentos coloniales… cuentas, bases planas que mencionaba del arroyo Las Conchas, las cuentas venecianas de la quinta de Pérez Colman, esta pipa que aparece en una tapera e ingresa al museo en el año ‘46; y durante las excavaciones que pudimos hacer en la capilla San Miguel Arcángel aparecen estas cerámicas monocromas rojas, tenidas por la bibliografía tradicional como hispano indígenas, y que nos lleva a pensar qué es lo hispano indígena en el contexto del barrio del tambor; qué es lo indígena y qué es lo afro”.

Aquí no se agota la exposición de Alejandro Richard, pero queda expuesta su propuesta central. “Traía más que nada preguntas, disparadores para conversar. Primero, poner en tensión los constructos históricos blanqueadores, ponen una historia lineal que va a tender a simplificar los sujetos y los grupos humanos, homogeneizando los procesos culturales. Y la importancia del trabajo interdisciplinal como herramienta para poder investigar el pasado en forma crítica, generando nuevas preguntas y nuevas respuestas”, resumió.