Sociedad
Domingo 14 de Enero de 2018

La cartelización de la espiritualidad

El cártel es la castellanización del Kartell, una población de la Alemania del siglo XIX. Y es esa "kartellización" –cartelización- en la Espiritualidad lo que lleva a escribir este artículo.

Título fuerte, seguramente un tanto exagerado. Pero no necesariamente mentiroso. Recordemos que la expresión "cartelización" deviene del lenguaje periodístico (y también político) asociado a las mafias internacionales que manejan el submundo de las drogas. Así, se habla del "Cartel de Tijuana", del "Cartel de Medellín" un largo y pavoroso etcétera. Pero la expresión, si hemos de ser puristas, tiene otro origen, igualmente inmoral pero menos sangriento. Claro; en el mundillo periodístico (y también político) abundan lo cerebros que emplean términos que creen oportunos para parecer actualizados e informados pero en ocasiones eso oculta una supina ignorancia. Alguien dijo que el periodista es un océano de conocimientos de veinte centímetros de profundidad. Por lo general, tiene razón.


El "cártel" (que no "cartel", con acento agudo y prosódico) es la castellanización del "Kartell", una población de la Alemania del siglo XIX donde los más poderosos explotadores de minería de la región –mucho hierro y carbón- se aliaron para dominar el mercado e imponer los precios, destruyendo a los pequeños empresarios y mineros independientes. Precisamente, es lo que buscan los "cárteles" de las drogas, pero no en el sentido de alianza delictiva sino de monopolización del mercado.


Y es esa "kartellización" –cartelización- en la Espiritualidad lo que me lleva a escribir este artículo.


Saben mis lectores que hace unos meses me radiqué durante una temporada en la India para hacer una formación en Ayurveda. Durante la misma, tanto mis compañeros de cursada como yo nos alojamos en un "ashram". Ustedes saben lo que es: un retiro espiritual generalmente con un gurú propio donde quien así lo deseen pueden ir y estar unos días unas semanas o irse a vivir eternamente. Para tener un régimen de vida mucho más cercano a la espiritualidad.


Esto va a ser un comentario que en realidad no se apoya tanto en el lado subjetivo sino en sensaciones. Pero les voy a compartir mis sensaciones de viajero, si es que a alguien le interesa. La experiencia fue realmente desagradable. Estuve alojado (y con esto me voy a ganar enemigos, además de en el ámbito ayurvédico también dentro de este ambiente "espiritualista") en un ashram perteneciente a la institución (iglesia o como deseen llamarle) de una llamada "Mahatma" ("Alma Grande"), una gurú, una señora conocida como Mata Amritanandamayi, más conocida mundialmente como "Amma" que significa "Madre".


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Amma una mujer que nació en el poblado de Amritapuri, que de hecho no se llamaba así originalmente, pero pasa a llamarse Amritapuri por ella en tiempos más o menos recientes. En ese pueblito, que es un pueblito de pescadores muy sencillo, muy pobre, muy perdido en el mapa anteriormente llamado Parayakadavu que después deviene en "Amritapuri" (y sigue siendo una pequeña aldea), en una familia de apellido Indamael, allá por 1953. Quien se transforma con el paso del tiempo en "Amma", tiene hoy decena de miles de seguidores: inclusive ha viajado por todo el mundo llevando su mensaje, y ahora vamos a hablar de su mensaje y su "Dharshan".


Dharshan es lo que entrega como enseñanza, como transmisión, como mensaje, como ofrenda a sus seguidores. Hay mucha biografía sobre Amma, (pueden googlearla) y, por supuesto, casi toda la bibliografía que yo he consultado en español y en ingles está escrita por sus devotos, por lo cual es enormemente tendenciosa. Ahora bien, básicamente, ¿cuál es el mensaje de Ahma? Ella ha escrito (o se dice que ha escrito) algunos libros que ha recogido trozos de sus charlas, pero básicamente lo suyo es andar abrazando gente. Lo digo sin ningún ánimo de parecer sarcástico. Es decir, su Dharshan, su ofrenda de amor es abrazar gente y según alguno que se tomó el trabajo de contar la gente, ya abrazo más de treinta y cuatro millones de personas en toda su vida. Y de hecho ahí, en el Ashram de Ahma, te instalas y en algún momento si quieres puedes ver que es formar parte del Darshran y sacar tu número; Sí, tomas el numerito, como si estuvieras haciendo un trámite, para que te llamen por tu número y en algún momento Amma te de su abrazo. Te abraza, te mira a los ojos, te dice en tu idioma "querido-querido-querido" o "querida-querida-querida" y te vas, y que pase el que sigue.


El hecho de alojarnos ahí en realidad no fue una elección, era parte de la estructura, y aquí está el punto donde roza lo ayurvédico con la cartelización, porque en realidad en la universidad hay una absoluta devoción a Amma, la que se encuentra muy cerca del Ashram. Pero hay un innecesario reclamo propagandístico alrededor de Amma en función de nada. En medio de una clase sobre farmacología ayurvedica, se habla de Amma. En todas las aulas, en todas las habitaciones, en todos los pasillos fotos de Amma. En el único lugar en que no había era en los baños, y es verdad. Pero no había lugar en la universidad donde no tuviéramos un culto a la personalidad exacerbado, a mí me resulta tragicómico. ¡Cuántas veces conversando con gente del Ashram, en la universidad hablábamos del ego, y de matar el ego!. Y está señora permite , consensúa (si no es que estimula) un culto a la personalidad a su alrededor. Y un buen negocio. Porque la universidad no es gratuita, y el hospital adyacente tampoco lo es. Y la producción de medicamentos, porque tiene una planta, un laboratorio que produce una línea de medicamentos ayurvédicos realmente muy buenos, realmente muy seriamente hechos. Tuve oportunidad de asistir al laboratorio y a la planta fabril, y la manera en que preparan en cantidades industriales la medicación es exactamente respetando los mismos procedimientos que en el laboratorio me estaba enseñando a mí como hacer la cantidad mínima para una persona. En ese sentido muy prolijo, muy puristas. Pero ese innecesario enlazamiento entre la figura de Amma, el aspecto empresarial del laboratorio, el Ashram, el hospital-escuela y universidad...


Y la sensación que me traje es que el terreno de lo ayurvédico está copado. Por eso hablo del cártel, copado por este grupo. Mientras que hay otras disciplinas, otros espacios de culto copados por otros grupos.


La vida adentro del Ashram me resulto un tanto desagradable. Me desagradó porque yo esperaba un lugar de recogimiento, de paz. Les digo la verdad: me voy a cualquier pseudo Ashram en el medio de España o Argentina y va a haber mucha más paz y mucha más tranquilidad que lo que había en esos que frecuenté en la India, que eran verdaderamente ciudades. Ciudades en el sentido pleno, con centros comercial, con edificios torres, con edificios de quince o dieciséis pisos. Miles de personas, todos vestidos de blanco yendo de un lado para otro y sometido al régimen entre monacal y disciplinario de la vida en ese lugar. Que está bien, que se entiende. Porque si de pronto fuera absolutamente libertario sería un "viva la pepa", y ahí pasa cualquier cosa. Pero que de pronto es como demasiado asfixiante, con cuerpo de seguridad de policías propio. Estuve en dos Ashram en la India viviendo, este que les digo y uno muchísimo más conocido, el de Sai Baba, en Putaparti, a poco más de cien kilómetros de Bangalore. Donde el impacto es exactamente igual.


¿Son negocios multinacionales de las fe? No. ¿Saben lo que son? Ciudades-estado. En el más helénico, en la más helénica mirada que ustedes quieran hacer. En la más aquea mirada, que deseen hacer; son como las ciudades griegas, son ciudades estado. Con sus propias leyes. Sus exigentes reglamentos internos. Con su propia policía armada. A mí me llamo mucho la atención los altos muros que rodean y que precisamente cuando estábamos nosotros ahí se estuviera haciendo un extraño y complejo alambrado de púas por encima de los muros. La broma era, ¿es para que no entren o es para que no salgamos? Por supuesto alguien dirá "Bueno pero tiene que ver con su idiosincrasia, su filosofía y a nadie obligan".. Pero el lado de la cartelización no lo veo por esto. La gente que va al Ashram es adulta, sabe lo que hace, y si elige estar ahí está perfectamente bien. Y si son felices ahí, están en su derecho. Como he dicho más de una vez, creo que la fórmula de la "felicidad" es "buscar lo que te hace bien sin herir a nadie" y entonces todo lo demás está bien. Lo que digo es que a mí me hace ruido, que la medicina ayurvédica, la farmacopea ayurvédica esté indisolublemente de la mano del culto a Amma. ¿Se entiende? Amma aparece en videos promocionales como la "inspiradora" del laboratorio o de lo ayurvéedico en general. He leído un par de biografías de ella y más allá de un sin número de incomprobables milagros que habrían ocurrido, no hay terreno firme en lo filosófico, ideológico o pragmático en que apoyar esa devoción desmedida. ¿Por qué? Yo entiendo que en un pequeño pueblo perdido en el sur de la India, en el medio de Palestina o en la Patagonia argentina, pueda ocurrirle a una persona milagros y que solo sean testigos unos pocos y que luego defiendan a rajatabla la realidad de esos milagros. Lo que a mí me hace ruido es que los milagros protagonizados por Amma, aparentemente en su infancia y juventud, son indistinguibles de los milagros cristianos. En vez de la multiplicación de los panes y de los peces, aquí es de los peces y el arroz. En vez de convertir el agua en vino, convierte el agua en leche. Los milagros son los mismos. ¿Es porque el milagro es arquetípico? Quizás, no voy a ser tan soberbio para sostener que no. Tal vez porque es una adaptación cultural que se sabe que impacta en lo profundo del inconsciente colectivo de cada uno. Ahora sin embargo, debo decir, que todas esas horas que estuve disponible y que me senté a escucharla a Amma y a observarla (porque ella está ahí, sentada, y hay que estar ocho horas por día viendo desfilar gente y abrazándola, por más que te apantallen y te den agua, hay que admitírselo). Es lo que hace, permanentemente, excepto un día a la semana en que tiene Bhagavan, que son cantos y cada tanto algún viaje al exterior donde sigue haciendo lo mismo en los distintos Ashram que hay en Francia o Estados Unidos dedicados a ella. Pero observándola, observando sus gestos. No puedo decir que soy un gran lector gestual, porque sería autorreferente. Pero es un tema que siempre me interesó y lo he estudiado muchísimo. U observándola cuando me abrazó, (ustedes dirán "Gustavo... ¡pero te abrazó Amma!" y uno de quienes que quizás se enternezca mirando la foto de Amma agregará "¿Que sentiste?". Lo lamento: nada. Miren; siento más cuando me da un abrazo alguno de mis consultantes, mis alumnos, no digo más de mis amigos, -tengo un par de señoras rollizas entradas en años que te transmiten un calor humano inmenso-, que la nada impersonal de ese abrazo. Y no porque Amma no le pusiera actitud. Es que te está abrazando cuando le alcanzan un celular y se pone a hablar unos minutos mientras te abraza, pero después sí, deja el celular y se enfoca en uno y te mira a los ojos.)



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¿Se entiende? Tiene ese contacto con uno. Y yo concluyo que es absolutamente honesta, es decir, que ella está absolutamente convencida de lo que está haciendo, del lugar y papel de lo que ocupa ser. Y que hace con dedicación y con amor esa entrega. Entonces, Gustavo, ¿porqué lo de la cartelización? Por el entorno, el inevitable entorno. Porque excede este artículo, pero estoy reuniendo documentación para otros en el futuro donde poner en evidencia que es el entorno el que maneja la estructura. Lo pongo con estas palabras: lo universitario, lo comercial, en lo farmacológico, en lo farmacéutico, los tours; (porque se organizan tours turísticos por la India desde ahí.) me llevan a la conclusión que es parte de la cartelización de la espiritualidad, crear un personaje, alimentar un personaje, muchas veces con la ignorancia y el desconocimiento del mismo personaje. Y esto sería plena ingeniería social, amalgamarlo con el producto que se quiere vender. Y vender no solo en cuestiones de dinero, porque también la imposición política, el control de una multitud, porque el grado de fanatismo en esos espacios es considerable. Les cuento una anécdota de una persona: y aclaro que hablaba español, por eso soy literal en esto. Un día el Dharshan de Amma consistió en repartir comida a la gente. Prasadam Entonces están todos sus ayudantes entregando platitos con arroz, (comí arroz todo el mes que estuve en el Ashran; a mi regreso pedí en casa seis meses mínimo de no verlo; el mes que estuve ahí soñaba con arroz. No eran ovejitas que saltaban un alambrado, era yo saltando parvas de arroz todas las noches). Y entonces, decía estaban repartiendo el prasadan, el arroz, y de pronto Amma le da a esta mujer, la mujer emocionada porque se lo da Amma, no se lo da un colaborador. Al rato esta mujer estaba dando vueltas entre el grupo donde nos encontrábamos esperando y estaba Amma repartiendo y le da otra vez. Ella dice "No, no, ya me dio, gracias" y Ahma , en inglés "Come, come" insiste. La señora de marras toma el arroz y come, y después se pone a llorar porque, dice "¡Es una madre! Yo le decía que ya había comido y ella insistía en alimentarme". Nunca se le ocurrió pensar que Amma sencillamente no la registraba, que le dio el plato de comida, simplemente porque estaba entre quienes aguardaban sin considerar si le había dado antes o no. Pero la lectura subjetiva de está señora es "A mí me dio dos veces porque me está cuidando" entre las aproximadamente dos mil personas que estaban viviendo en el Ashram y asistiendo a las reuniones ahí.


Entonces esto es lo que hay, una enorme carga de fanatismo, de visceralidad. Después en el trato cotidiano éramos tan humanos como cualquiera. Se te enojaban si alguien, malinterpretaba un gesto o alguien saltaba en una fila. La espiritualidad parece que estaba para los momentos de Dharshan... Y yo sentí la misma energía desagradable que en el Vaticano. Ya sé que hay gente que visita el Vaticano y dice "Ay, sentí que transmutaba, que me elevaba a los cielos, que energía hermosa, divina, fantástica". Está bien, es simplemente la compatibilidad de una energía, la resonancia de una energía con otra. Uno no es "malo" porque la energía del Vaticano le caiga mal, pero tampoco son malos aquellos a los que si les hace bien, supongo. Hablo de sensaciones. El que avisa no es traidor: A mí la energía del Vaticano me resonó espantosamente mal. Por razones que explicare cuando regrese sobre las energías en el Vaticano. Y el mismo tipo de sensación tuve en estos Ashram. En ambos. El de Sai Baba (no lo conocí en vida, pero dicen que la energía de él está; es posible, pero, ¿es lo mismo?) y en el de Amma.


¡Qué bueno sería que pudiéramos transmitir Ayurveda, que pudiéramos difundir Ayurveda, enseñar Ayurveda, sin esta carga asociada de naturaleza espiritualista que trata, que apunta en esa dirección, de hacer que muchas personas no puedan distinguir entre el culto a un ser humano y el efecto terapéutico de una medicina!.


Aunque quizás después de todo, ese sea el efecto que se está buscando.


Por mi parte: aislado, solitario, seguramente intrascendente, seguiré sembrando asistencia ayurvédica sin devociones hipócritas.

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