Domingo 08 de Junio de 2014
Rosana Villegas
villegas.rosanao@diariouno.net.ar
"Yo siempre le decía al Enzo, 'vos al fútbol tenés que disfrutarlo, si tenés que tirar un cañito, tiralo'. Porque había varios padres que presionaban a sus hijos para que jugaran así o asá. Yo le decía 'disfrutá. Querelo al fútbol que te va a dar muchas alegrías, y si la suerte te acompaña, el día de mañana vas a llegar a jugar con los grandes'. Y mirá, la suerte lo acompañó", dice Carlos Pérez y con los ojos llenos de orgullo señala el cuadro que ocupa el centro del living de su casa de Maipú. Ahí, sacando pecho y vistiendo la camiseta de la Selección nacional, se lo ve a su hijo Enzo Pérez, el único mendocino –maipucino, para ser más precisos– que jugará el Mundial que arranca el jueves, y por estos días se ha convertido en el coterráneo que ganó la escena mediática.
Pero no todo fue suerte. Quienes lo vieron crecer en el barrio San Eduardo aseguran que apenas empezó a caminar ya llevaba, pegada al pie, una pelota. A los 5 años ya “tiraba cañitos” en un club de Bermejo, de ahí pasó al Club Banco Mendoza y con 8 años llegó al equipo de sus amores: el Club Deportivo Maipú, en donde había jugado en sus años mozos su padre y principal motivador.
“De chiquito le hacían dos o tres goles y venía y me decía 'Papá, es que los otros son más grandes', por que él era el más chico del equipo, pero como era tan pícaro para jugar el técnico lo ponía. Y yo le decía 'vos no te preocupés, entrená y jugá”, cuenta Carlos y casi inconscientemente dibuja con la mano aquel jueguito lujoso que sabía hacer su hijo.
Tantos éxitos lo llevaron a debutar en la primera de Maipú con sólo 16 años, cuando precisamente promediaba la secundaria. En aquel tiempo saltó a Godoy Cruz y los entrenamientos de la B Nacional, la pretemporada y los partidos pusieron en jaque su rendimiento escolar, tanto que en algún momento decidió abandonar y retomar en un CENS.
“En un momento un entrenador, no me acuerdo quién, vino y me preguntó qué le pasaba. Le dije que entrenaba todo el día y a la noche estudiaba y por eso estaba liquidado. El hombre me dijo que algo tenía que dejar y nosotros lo charlamos con la familia y decidimos que jugara”, dice Carlos, y da la sensación de que si tuviera que volver a decidir hoy decidiría lo mismo.
Godoy Cruz fue su vidriera. Para su familia, en el Tomba no sólo creció como mediocampista sino que le sirvió para mostrar su juego y que alguien cercano a Alejandro Sabella, por aquellos años director técnico de Estudiantes de La Plata, le recomendara llevarlo al club pincharrata.
Cuando se concretó ese pase, Enzo y su padre cumplieron con la cábala que tienen desde que él empezó en el fútbol profesional: apenas firmó contrato, lo llamó a Carlos para que viajara a acompañarlo y lo ayudara a instalarse. Por eso apenas rubricó su traslado al Benfica de Portugal, Carlos supo que tenía que viajar a Europa.
“Al principio no hablaba ni 'a' de portugués y yo menos, así es que pedíamos que nos escribieran la dirección del club en una hoja grande y así se lo mostrábamos al taxista que nos llevaba. Pero avivados hay en todos lados, así es que el primer viaje nos salió 6 euros, el segundo nos cobró 8 euros y yo le decía al Enzo, este hijo de perra nos está vuelteando y lo insultaba, total el taxista tampoco entendía español”, recuerda Carlos, quien se volvió de aquel viaje asombrado de la parquedad del portugués: “Allá los jugadores no se juntan a comerse un asado y eso el Enzo lo sufrió, porque él era muy amiguero, de juntarse con los chicos del barrio y allá con el que se hizo más amigo, fue con Pablito Aymar”, repasó Pérez.
La ansiedad de la Selección
Es lunes a la tarde. Los padres y los tres hermanos de Enzo Pérez no se despegan del televisor esperando que Alejandro Sabella dé a conocer la lista de los 23 que irán a Brasil. La ansiedad los consume y hacen zapping para ver si alguien tiene la primicia. Son las 17.57 y a Miriam, la madre de Enzo, le llega un mensaje al celular.
“Ella lo abrió y leyó sólo 'estoy', y se largó a llorar y todos la abrazamos y lloramos con ella. El Enzo estaba. Ahí yo le dije a mi hija que fuéramos a comprar bombas de estruendo y fuimos a un negocio de acá cerca. Cuando entramos el dueño, que nos conoce, se agarró la cabeza y nos dijo: el Enzo está, y nos regaló las bombas. Así es que cuando finalmente dieron la lista y lo nombraron nosotros empezamos a tirar bombas y empezaron a caer los vecinos que venían y nos abrazaban para felicitarnos. Esto era una fiesta”, dice Carlos antes de partir a Buenos Aires para ver jugar a su hijo ante Eslovenia. Después del partido, en que el Enzo fue titular y el equipo nacional derrotó al europeo, su familia lo despedirá con un asado bien argentino.
En el último partido amistoso de la Selección el maipucino fue titular
“Los amistosos son valorables porque sirven para ganar ritmo de juego. Hay que sacar cosas positivas de todo”, analizó Enzo Pérez ante los medios, previo al partido en que vistió la camiseta número 8 como titular en el partido en que la Selección nacional se impuso 2 a 0 a Eslovenia.
El ex Godoy Cruz lanzó que “hacía bastante que no jugaba con la Selección. Más allá de los entrenamientos esto nos sirve para encontrar el ritmo con los otros compañeros”.
Para poder ver a su familia, a quienes no ve desde mediados del año pasado cuando vino a Mendoza por 15 días, antes de partir mañana a Brasil, el mediocampista invitó a sus padres y sus tres hermanos a que fueran a ver el partido en La Plata.
Para festejar el triunfo y desearle suerte en el Mundial, sus allegados lo despidieron con un asado el sábado en la noche. En la semana, atendió a Diario UNO y ante la consulta de si se conformaba con jugar unos minutos en Brasil 2014, el maipucino contestó: “Y… uno siempre quiere más y así lo siento, pero ahora quiero disfrutar este momento; después se verá más adelante”, fiel a los primeros consejos de su padre, que le decía que al fútbol hay que disfrutarlo.
“El Gato Oldrá es como mi padre futbolístico”
Analizando su crecimiento futbolístico, años atrás Enzo definió al coordinador del Tomba como su padre dentro de la cancha, porque precisamente fue el Gato, quien lo descubrió cuando el mediocampista se lucía en el Deportivo Maipú. De hecho él fue el gestor de su pase a Godoy Cruz, allá por el 2003, cuando Pérez tenía sólo 16 años. Con 19 debutó en la B Nacional.