Viernes 21 de Mayo de 2021
Netflix ya cuenta en su catálogo con Yo soy todas las niñas, filme de origen sudafricano que proyecta la dura realidad del tráfico infantil. Como su mismo metraje lo advierte en los primeros minutos con la frase “basado en hechos reales”, el thriller dirigido por Donovan Marsh refleja en pantalla una de las tantas tragedias que mujeres y niñas viven en distintos rincones del mundo: el tráfico de personas.
Y lo expone a través de una historia de ficción que tiene como eje un hecho que habría ocurrido en la ciudad de Johannesburgo de 1994, cuando en pleno apartheid sudafricano Gert de Jager (J.P. du Plessis) secuestró a seis niñas que nunca pudieron ser halladas. Pero a él sí lo capturaron y sometieron a una interrogación que se grabó en un video que desapareció. Sin embargo, en el presente alguien tiene acceso a esa grabación, donde De Jager admite haber raptado a esas pequeñas y muchas otras, llegando a más de 40.
Lo que también reconoce es que no actuaba solo. Junto a su pareja trabajaba para un ministro del Partido Nacional de la época que le vendía a las niñas y adolescentes a un millonario de Medio Oriente, y las que eran “desechadas” las enviaba a un prostíbulo. Desde ahí el relato se enfoca en un grupo de policías que realiza una redada en la periferia de Johannesburgo, en busca de una banda dedicada al tráfico sexual. Pero las cosas no salen como esperaban, lo que deja muy desilusionada a Jodie Snyman (Erica Wessels).
Yo soy todas las niñas es un thriller pero también es un drama y un policial clásico, con una sutil cuota de romance. En un tipo de narración que apuesta por la simpleza, sin grandes efectos especiales o escenas de acción. Hay películas cuyas historias reflejadas en su trama son mucho más importantes que la película en sí y aunque esta no esté pulida a la perfección, lo que cuenta transciende más allá de lo visto en pantalla dejándote con un amargo sabor de boca. Esto es un poco lo que le sucede a la película.
Es un thriller que si bien es entretenido de ver, comete un gran error de principiante: el vago desarrollo de los personajes, que Donovan deja en un segundo plano, y que crea situaciones confusas para el espectador que no llega a entender muy las motivaciones de cada uno de ellos e incluso provoca que rápidamente se pueda saber quién es el asesino habiendo visto tan solo el principio de la película.
Al no desarrollar los personajes, su historia, el por qué están ahí es muy complicado empatizar con la detective Snyman, ¿por qué llora cada vez que llega a una escena de un crimen? Entendemos que es algo complicado de ver pero, ¿está relacionado con algún suceso personal? ¿Qué tipo de relación mantienen las dos policías? ¿Son amantes, amigas o solo buenas compañeras? Muchas incógnitas que dejan descolocado al personaje principal y hace que el espectador pierda interés en la trama.
Y no solo con ella, también sucede con el asesino de pederastas que apenas tiene 20 frases en toda la película, del que vemos sus motivaciones para matar pero no por qué ha decidido arriesgar toda su vida para ello o cómo consigue la información sobre sus víctimas.
En resumen, Yo soy todas las niñas es un efectivo thriller de Netflix sobre unas mujeres que luchan contra una sociedad que las secuestra, las maltrata y después las vende para que se conviertan en esclavas sexuales, un tema que, desgraciadamente sigue estando muy de actualidad y que funciona porque es muy difícil no atraer al espectador con la caza de un delincuente. No obstante algunas fallas, es una película que no se olvida apenas uno se levanta del sofá.